Las jugadas de la mentira

octubre 26, 2009 at 10:17 pm (Uncategorized)


Anarella Vélez

 

Tales son las grandezas aparentes

de la vana ilusión de los tiranos,

fantásticas escorias eminentes.

¿Veslos arder en púrpura, y sus manos

en diamantes y piedras diferentes?

Pues asco dentro son, tierra y gusanos.

Quevedo[1]

Hay quienes no distinguen entre la mentira y la verdad. Esa es la viscosa trama del discurso de Roberto Micheletti y su equipo. Del aparato en el poder, tan falso como interino, que desconoce -en pleno siglo XXI- a la Política  como una  actividad que se refiere y respeta  la vida colectiva de los grupos de hombres y mujeres organizados por la civilización.  En su obstinada tozudez  han pretendido encubrir que la  orientación  y  la administración  de los  derechos y demás actividades humanas,  tales como las artes, las ciencias, la enseñanza, la defensa nacional y la aplicación de la justicia, deben ser ejercidas con  sabio apego a principios y valores indeclinables.

Este grupo, usurpador del gobierno,  se ha distanciado a tal grado de nuestro pueblo -y particularmente de la mujer-  que olvida  que éste  ya no es el mismo de antes.  Nuestra gente ha evolucionado y reclama que el político/a  no mienta más sobre las aspiraciones y necesidades públicas de la ciudadanía.  En estos tiempos demandamos  fórmulas ideológicas, jurídicas, planes socio-económicos y tecnológicos así como urbanísticos que alivien nuestros males mediante una  administración pública eficiente y eficaz. Esperamos que la gestión  de leyes, normas y partidas presupuestarias  determinen la realización y consecución de los cambios necesarios en el ordenamiento social, de tal manera que se beneficie a las mayorías sin detrimento del derecho justo de las minorías.

Esos que  desataron la peor crisis social que ha vivido Honduras en las tres últimas décadas –como bien se dijo: “peor que el Mich”- con el golpe de Estado del 28-J serán señalados para siempre como los artífices de una forma de ejercer la  política que de aquí en adelante también será cuestionada y rechazada por las generaciones venideras. Porque sabemos –a pesar de la campaña mediática- que mintieron cuando decían que la consulta ciudadana para integrar una cuarta urna en los comicios del 29 de noviembre -en la que las y los hondureños deberíamos pronunciarnos si deseábamos o no  una Constituyente- tenía como finalidad el continuismo.

Para evitar la consulta -porque sabían/sabemos  que la mayoría de los hondureños acudiría al llamado del Presidente Zelaya-  lo capturaron con brutalidad policial y lo arrojaron al exilio, no sin antes sacarse de sus chisteras un documento de renuncia, con todo y firma torpemente falsificada.

A partir de entonces han sostenido el embuste de que aquí hubo una “sucesión presidencial” y  por  más que  lo han repetido a gritos –recurso de los que no tienen nada que decir- nadie les ha le creído. Ni tierra adentro  ni – mucho menos- a nivel internacional. Por eso el régimen dictatorial se ha visto aislado. Al grado que, nuestro pueblo, con ironía, se pregunta ¿para qué un Ministro de Relaciones Exteriores si no tenemos relaciones con ningún país ni con ningún organismo internacional?

La trampa ha continuado con el proceso de diálogo, al día tras día  los golpistas han dado largas al desenlace del mismo. A pesar de su  ya inveterada habilidad  para encubrir la verdad,  nuestro pueblo ha dejado bien sentado  que ha tomado   conciencia de sus expectativas:  ya es hora –y cada vez se acaban el tiempo y la paciencia-  que, de una vez por todas,  los  políticos/as   trabajen por alcanzar  la solución de nuestros  problemas sociales, y no al contrario como está ocurriendo ahora mismo.

Nuestro pueblo ya tiene la  suficiente madurez y formación para entrever y poner en evidencia  las  chapucerías de los políticos de viejo cuño. Micheletti y compañía, que tanta tristeza y vergüenza nos han provocado, deben entender  que  el pueblo ya ha aprendido a hacer un sencillo e insobornable ejercicio intelectual: poner las cosas en su lugar y llamarlas por su propio nombre.

Han hecho del histrionismo un estilo, una práctica, una costumbre o una moda en sus arengas y en su  ejercicio político. Pero ahora lo avistamos  o lo intuimos de lejos,  y hasta nos causan risa o llanto. Ya ni siquiera los consideramos demagogos –la demagogia exige inteligencia, urde el engaño-. En estos  tiempos a la mentira la llamamos por su nombre y  cuando es burda la llamamos falsedad, artificio, patraña, falsificación, dolo. En fin, los cálculos permanentes de lo que les reportará un paso y otro a los políticos tradicionales nos tienen cansados/as. Señores/as  es hora de que abran sus ojos. Hoy día –y sobre todo después del Golpe del 28-J- se cumple mejor el antiguo adagio que reza: “cada lágrima enseña a los mortales una verdad”.

17 de octubre de 2009


[1] http://books.google.hn/books?id=4y82bZ3N6VcC&pg=PA141&lpg=PA141&dq=poema+de+Quevedo+sobre+la+mentira&source=bl&ots=ycz0hKRVsX&sig=gtOPLnjvWsuAsPCYoqlYFkIdirQ&hl=es&ei=OfLZSvNKzs7xBobcgbcF&sa=X&oi=book_result&ct=result&resnum=8&ved=0CCEQ6AEwBw#v=onepage&q=&f=false

 

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