Tarea 4: Investigación de grupo

junio 29, 2010 at 12:55 pm (Uncategorized)

Los grupos deberán reunirse antes del 1 de julio y deberán llevar elegido un tema de investigación, hay un listado al final del programa de la clase. Habrán leído y discutido el documento Guía para la propuesta de investigación.

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Informes de grupo

junio 26, 2010 at 6:13 pm (Uncategorized)

Lunes 28 no tendremos clases en el salón.  Los grupos investigarán  para el Martes 29

Investigación de grupo.

Los informes deberán tener ciertos requerimientos formales:

Carátula;  Indice, introducción (justificación e importancia del tema),  observaciones, bibliografia y webliografia consultada. Usar letra arial, 12 puntos y el informe no deberá exceder de 8 páginas. Saludos

Grupos 1 a 4: Fuentes y disciplinas auxiliares de la Historia

Grupos  5 a 8: Distintas interpretaciones de la Historia

Grupos 9 a 12: Criterios que rigen la periodización

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“Cinchonero[1]

junio 26, 2010 at 3:17 pm (Uncategorized)

“Cinchonero[1]

Con verdadero interés quedo esperando su Reseña sobre la insurrección de Olancho en 1865[2], con los datos que le llegaron y los que obtuvo del Archivo Nacional.  De seguro será muy interesante y de gran utilidad  para la historia de nuestro país. Confío en que ha de remitírmela en cuanto aparezca, pues como Ud. sabe, tengo ya concluido –junto con mis extensos volúmenes de Historia de Honduras-  mi libro sobre aquellas sangrientas revueltas en que se cometieron tan atroces crímenes. Ojalá que en su Reseña[3] no se incurra en el grave error de considerar  sin bandera y sin ideal  un movimiento que surgió provocado por el más horrendo despotismo.  el (sic)  que, al continuarse el estudio de aquellas luchas, basado no en apócrifos informes oficiales, sino en documentaciones exentas de toda parcialidad, no se siga tratando a Cinchonero como un bestial Cortacabezas.  Injusticia sin nombre en que, por ignorancia, conveniencia o  extraviado criterio, han caído todos los que hasta hoy se ocuparon de aquel intrépido caudillo[4] popular , que perdió la vida en su generoso esfuerzo libertario:  que tuvo el gesto de un héroe auténtico en su duelo a machete con Nazario Garay; y cuya primera disposición, al apoderarse de Juticalpa, fue la de dar sepultura, con los honores del caso, a las cabezas de los jefes insurrectos Zabala y Antúnez[5], que, dentro de dos jaulas de hierro estuvieron expuestas durante tres años en la picota levantada en el cerro de El Vigía, de orden del sátrapa imperante en la región, que imponía su voluntad, sellándola con sangre.

La fama siniestra de Cinchonero se sustenta sobre un odioso prejuicio, carece en absoluto de verdad. Su leyenda sombría no tiene fundamento histórico. ¿Por qué acto cruel o vil se le condena? En algún informe para Medinón se le calificó de asesino y de bandido y todos los que le citan  después, sin previo estudio de los hechos, continúan llamándole bandido. Pero ya es tiempo de poner término a esta incalificable injusticia.

(Fragmento de una carta que Froylán Turcios dirigió de Roma, el 26 de noviembre de 1933, al doctor Félix Salgado).

Serapio Romero era un joven de Calona –Barrio de Juticalpa- muy apreciado por su honradez y temido por su audaz valor. Llamábanle Cinchonero[6],   apodo de su familia, que fabricaba cinchones para los aparejos.

Fue sirviente del general Pedro Fernández, procónsul de Olancho en aquellos trágicos tiempos. Diose cuenta exacta de la terrible actuación de dicho jefe, a quien el alcohol, exasperando la crueldad de su carácter, precipitaba continuamente en la violencia  y el crimen.  Por centenares contábanse ya las víctimas de los últimos años en la cabecera y pueblos de la región. En los campos, hombres y  aun mujeres y niños colgaban de los árboles, destrozados por las aves carniceras. El fusil, el bejuco y el machete funcionaban por todas partes con increíble ferocidad. el (sic) Medinón aplaudía, en la vieja casona presidencial de Comayagua, el sistema de terror implantado por sus esbirros para ahogar en sangre –casi toda inocente- la tenaz rebelión que le tenía en perenne inquietud.

Cinchonero sintió hervir el dolor y la cólera en su pecho ante aquellos horrores, y quiso ponerles término, sacrificándose, si era preciso, por la causa popular. Preparó una conjuración con sus amigos, y aprovechando la ausencia de Fernández –(de quien ya no era criado)- que con su gente hallábase en Catacamas, asaltó en la madrugada del 9 de julio de 1868, a la cabeza de un grupo de valientes, el cuartel de Juticalpa.

Cuando el mayor de plaza, coronel Venancio Garay –valeroso militar, aunque manchado con la sangre del ilustre patricio Joaquín Rivera[7]– acudió al sitio del combate, sus soldados se habían rendido. Frenético,  apostrofó con iracundas voces a Cinchonero:

-¡Cobarde! ¡Miserable! ¡Traidor!  Si yo hubiera estado aquí jamás ¡habrías! tomado el cuartel.

– Me dan risa tus insultos- contestó en el mismo tono Cinchonero. ¿Por qué abandonas el puesto que te señala tu deber? En las épocas de guerra un jefe de alta debe dormir con su tropa y no como tú en los brazos de una querida. Con una palabra puedo hacer que despedacen; pero deseo convencerte, de hombre a hombre, que nunca fui cobarde. Ya lo verás: voy a matarte cara a cara.I (sic), dirigiéndose a sus camaradas que enardecidos le rodeaban, gritó:

-¡Entreguen a Garay un machete como el mío!  I (sic) si perezco le devolverán el cuartel.

Abriéndose todos en círculo y en el centro se atacaron con terrible furor. A la luz de los haces de ocote desarrollose aquella dramática escena, digna de los antiguos espartanos. Como feroces tigres rugían coléricos   las yerbas del piso volaban en todas direcciones y sólo se oía el choque las armas. De pronto la camisa de Cinchonero tiñose de sangre y la lucha cesó. Tenía partido el brazo izquierdo. Ofrecieron algunos sus ropas, vendándole al instante.

-¡Defiéndete! ¡Vas a morir!- rugió el herido, precipitándose sobre su contrario.

Garay reculó, acosado como una fiera, lanzando tremendos juramentos. Defendiose con admirable bravura;  pero la acometida fue tan fulminante que en breves segundos rodó su cabeza por el suelo. Como el terreno era desigual, el tronco retrocedió dos pasos todavía, entre el silencio de los espectadores inmóviles de asombro.

Froylán Turcios

Nota .-   Obtuve los datos que, en parte, me han servido para escribir la Historia de las insurrecciones de Olancho –de donde extracto este episodio- de los generales Manuel Bonilla, José Angel Rosales, Salomón Ordóñez y Fidel Bulnes;  del Arzobispo José María Martínez y Cabañas; de los señores Domingo Bertrán y Tomás Rojas Membreño. I (sic) de relatos que oí, en mi adolescencia y juventud, al Maestro Pancho, a muchos de mis familiares y a gran número de viejos conterráneos (sic)  que actuaron en aquellos acontecimientos.- F. T.  ”


[1]Transcripción y Notas de Anarella Vélez: La copia del manuscrito de Froylán Turcios titulado  “Cinchonero” ha llegado a mis manos gracias a la gentileza del periodista Ramiro Sierra.

Froylán, Turcios (Juticalpa, 1875 – San José de Costa Rica, 1943) Periodista, político, poeta, narrador, editor y antólogo  hondureño que junto a J. R. Molina y  Rafael Heliodoro Valle fue el intelectual de Honduras más importante de la primera mitad  del siglo XX. Fue ministro de Gobernación, diputado al Congreso Nacional y delegado de Honduras ante la Liga de las Naciones en Ginebra. Dirigió el diario El Tiempo de Tegucigalpa y fundó las revistas El Pensamiento (1894), Revista nueva (1902), Arte y Letras ( 1903) y Esfinge (1905) entre otras. En Guatemala editó los periódicos El Tiempo (1904) y El Domingo (1908) y en Honduras El Heraldo (1909), El Nuevo Tiempo (1911) y Boletín de la Defensa Nacional(1924). Comprometido con las luchas americanistas, fue secretario privado del revolucionario  nicaragüense  Augusto César Sandino. Amigo personal  de Rubén  Darío y  Juan  Ramón  Molina y numerosas figuras del pensamiento universal. Realizó una férrea labor de defensa nacional denunciando la política del Gran Garrote implementada por Estados Unidos en la región centroamericana y caribeña. Narrador y prosista extraordinario,  Froylán Turcios inició en Honduras en el siglo XX el género del cuento.

[2] Nota de Anarella Vélez : Martínez García, Yesenia: Una mirada a la Horcancina, Cinchonero y los movimientos de protesta latinoamericana en el siglo XIX. UPNFM, Honduras. Ha aportado una mirada  desde la historia científica sobre este fenómeno social del siglo XIX.

[3] Los subrayados son del autor.

[4] Nota de Anarella Vélez: es necesario señalar que el uso del término caudillo en este contexto es de carácter coloquial, el  significado que se le daba es el de líder.

[5] Nota de Anarella Vélez: Referencia a las cabezas de Bernabé Antúnez y Francisco Zabala, cuyas calaveras habían sido introducidas en jaulas de hierro por orden del Presidente José María Medina. Estas colgaban de un árbol en el cerro El Vigía, al norte de Juticalpa. Ambos líderes habían caído en 1865 cuando dirigían un movimiento de campesinos y pequeños ganaderos del lugar, descontentos por la voracidad de los latifundistas y grandes hacendados. Medinón –como le apodaban por su corpulencia física- era apoyado por la iglesia y no dudó en aplacar la rebelión con un saldo de más de 600 campesinos  ahorcados y más de 200 fusilados. Los cuerpos de los caídos fueron colgados de árboles provocando el horror de la población que migró hacia otras ciudades del país. Medina fue aplaudido por las familias de terratenientes del lugar, la Iglesia lo acogió con el repique de campanas.

[6] Nota de Anarella Vélez: Canizales Vijil, Rolando: El fenómeno de los movimientos guerrilleros en Honduras. El caso del Movimiento Popular de Liberación Cinchonero (1980-1990). En documento presentado al 9º Congreso Centroamericano de Historia.  En este documento se desentraña la ejemplar vida de Serapio Romero, lo cual explica que un movimiento revolucionario de la década de los 80 en el siglo XX,  honre su memoria dándole su sobre-nombre.

[7] Nota de Anarella Vélez: Joaquín Rivera (n. 26 de julio de 1795 † 6 de febrero de 1845) discípulo sobresaliente de Francisco Antonio Márquez. Amigo personal de Dionisio de Herrera y Francisco Morazán. Elegido Jefe del Estado de Honduras el 7 de enero de 1833, cargo que desempeñó hasta 1836.  Como mandatario renovó  el Estado, mantuvo la paz, impulsó la instrucción pública, pagó la Deuda Nacional, respetó la libertad de pensamiento, y trajo al país el primer cuño (que, penosamente,  se dañó al ser transportado a Comayagua). Por razones de salud, confió el poder en manos del Vicejefe Francisco Ferrera. Rivera volvió a su cargo una vez restablecido. Estableció elecciones directas y decretó la administración nacional de los puertos y del tabaco, que entonces eran monopolio del Estado.  Años más tarde fue fusilado por orden de Francisco Ferrera, con la participación directa de Venancio Garay.

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