Mujeres al margen de la Historia. La vida de Josefa Lastiri Lozano.

noviembre 24, 2012 at 6:24 pm (Uncategorized)

 

 

Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH)

  Mujeres al margen de la Historia.

    (Violencia e invisibilización en la vida de Josefa Lastiri Lozano)

 

 

Presentada por:

Anarella VÉLEZ

 

Sección de Historia y Antropología

Departamento de Ciencias Sociales

Edificio A1, Segundo piso, cubículo 5

Ciudad Universitaria, UNAH

E-mail: gavoparadiso@gmail.com

Celfon: 99050615

Tegucigalpa, 25 de octubre de 2012

 

 

 

 

 

 

Índice

 

  1. 1.                 Presentación…………………………………………………………………..2
  2. 2.                 Objetivos  E Hipótesis……………………………………………………….2
  3. 3.                 Metodología……………………………………………………………………3
  4. 4.                 Marco Teórico…………………………………………………………………7
  5. 5.                 Desarrollo  de la  investigación
  6. I.       Contexto Histórico…………………………………………………………………11
  7. II.                 Josefa Lastiri…………………………………………………………………..15

6. Conclusiones……………………………………………………………………………26

  1. 7.  Recomendaciones…………………………………………………………………….29

8.  Fuentes Consultadas…………………………………………………………………30

9.  Notas…………………………………………………………………………………….32

 

  1. 1.                 Presentación

Este estudio consta de tres partes. La primera  presenta una descripción más que un análisis de la época y sus cambios;  se trata más bien de un marco contextual y teórico. La segunda  presenta el tema y el problema central, dando una idea del drama humano que han vivido las mujeres que,  como  Josefa Lastiri Lozano, han sufrido en carne viva las consecuencias de las guerras posindependentistas: se centrará en las postrimerías del orden colonial e inicios de la República, 1792 – 1846, que son los años de nacimiento y muerte de Josefa Lastiri, respectivamente.  La tercera  parte es una reflexión acerca de los hallazgos de la investigación.

Se trata del estudio  de  la historia  de las relaciones de poder y las dinámicas de las relaciones entre hombres y mujeres que moldearon la cultura  de las mujeres de todas las clases sociales (Waters, 1977: 26) y de todas las etnias,  vinculadas, o no,  a la administración colonial. Todo ello enmarcado  en una visión de la historia única y dinámica (Tuñón de Lara, 1979: 3).

La interrelación y el paralelismo profundo que ha caracterizado el lenguaje, legítimo o no,  de la cultura marcada por las especificidades  de género se reflejan en  las esferas de lo doméstico y lo familiar.  Asimismo,   se enmarcan en el conjunto orgánico de correlaciones (Febvre, 1965: 20) y de coherencia a la vez económica,  social y política, por tanto, es en ese escenario integral que deben observarse    sus peculiaridades  (Quijada y Bustamante, 2001:649).

El entramado patriarcal de la sociedad ha puesto a la mujer en un lugar secundario en campos tan variados como la creación literaria y artística, el pensamiento filosófico, las ciencias o la actividad  económica y política, desde Eva hasta la reina de Java, desde Brunequilda, la princesa visigoda del siglo VI que llegó a ser reina de Austrasia,  hasta Juana de Arco; desde Cristina de Pisan hasta Colette,  mujeres que han alcanzado en el transcurso de los siglos las cumbres de la celebridad.  Sin embargo, aun conociendo poco  de sus acciones (Besandon, 1980: 7), podemos observar, que cuando ellas tienen condiciones para actuar o producir, lo han logrado.

Con la historia de las mujeres  se brinda una nueva perspectiva de pasado. Inclusive se ha puesto en entredicho los esquemas aceptados de periodización pues estos fueron ideados sin considerar a las mujeres.

  1. 2.                 OBJETIVOS E HIPÓTESIS

La objetivos de este estudio son los de, en primer lugar,  contribuir  al conocimiento de la participación de las mujeres en la edificación de la nación hondureña, mediante el estudio de las acciones de mujeres como Josefa Lastiri Lozano cuya participaron en nuestra historia a partir de nuestro ingreso a la vida republicana, ha sido desconocida.

i)    Caracterizar la vida de las mujeres que, a pesar de que dejaron una huella en la historia
hondureña desde la época post independentista, han sido invisibilizadas por la historia oficial.

ii)                  Identificar los obstáculos, particularmente la negación de su acceso a la educación,  que la
sociedad androcéntrica les ha impuesto a fin impedir su participación plena en el terreno público.

iii)                 Describir la vida de las mujeres hondureñas, en este caso la  de Josefa Lastiri Lozano,  por su contribución al esfuerzo de los demócratas centroamericanos del siglo XIX para lograr una Centroamérica integrada

La hipótesis que ha guiado esta investigación es que en la medida en que las mujeres han tenido acceso a una educación sus acciones privadas y públicas han sido más trascendentes y que el desconocimiento y la desvalorización  de la vida de las mujeres en Honduras,  Josefa Lastiri Lozano no es una excepción,  responde a la tradicional  exclusión  de ellas en nuestra sociedad y es parte de una realidad socio-histórica particular generada por el patriarcado, el logofalocentrismo y las desigualdades sociales. Visibilizarlas requiere un análisis  que parte del uso de cuerpos teóricos de los tiempos de la globalización, trascendiendo  a las teorías patriarcal, modernas y posmodernas y apropiándonos de categorías como el de múltiples identidades y clase social.

En este contexto cabe irracionalizar y delegitimar la visión teórica establecida de la realidad. Ello nos  permite  responder a las preguntas de  ¿quiénes  fueron ellas, (para el caso de este avance, quién fué Josefa Lastiri)?, ¿cómo vivieron? ¿en qué ciudades vivió? ¿qué hizo? Preguntas que demandan la búsqueda de una identidad y una diferenciación, condición imprescindible para  transformar a un  ser tradicionalmente  sin rostro y sin voz en una persona con cara y des-silenciada, en una persona que vivió en un cuerpo, que actuó, pensó y se posicionó ante los conflictos de su tiempo.  Como mujer debe ser consideradas individualmente, así como su particular evocación de  experiencias sociales, culturales,  para que sea reconocido su rol social, sin dejar, por ello de contextualizarla en una época específica y sus particulares expresiones culturales. El registro de fuentes primarias y secundarias es necesario para descubrir una historia ocultada durante siglos. Se trata de ver a las mujeres a través de una caracterización precisa que re-significa su papel en la construcción de nuestra Cultura, su labor en el desarrollo político, científico, social y económico que la historia –escrita mayoritariamente  por los hombres- ha invisibilizado.

  1. 3.                 Metodología

Es importante señalar que la historiografía de las mujeres no tiene tradición en Honduras. Producir nuevo conocimiento acerca de la vida de ellas es un reto que no se ha asumido. Partiendo de este presupuesto esta  investigación  abordará la historia de las mujeres  con un enfoque cualitativo, con técnicas de comprensión personal, sentido común e introspección. Para la indagación asumida, se considera pertinente optar por una propuesta de investigación histórica que nos permita comprender la vida  de las  mujeres como sujetas históricas a partir de  una visión crítica(Jameson, 1991: 89). Los  casos de las mujeres que tienen la oportunidad de efectuar estudios informales  o que por estar cerca de las elites masculinas políticas  e intelectuales, tienen mayor participación en las actividades transformadoras de la sociedad hondureña, como es el caso de Josefa Lastiri Lozano, cautiva y cautivada por el amor (Zambrano, 92: 68).

Estudiarlas en su proceso de cambio y desarrollo,  empleando el análisis interseccional (clase/etnia/sexo) y de múltiples identidades,   nos permite superar las distorsiones generadas por las visiones estereotipadas de las mujeres. El método histórico emprende lo heurístico,  nos ubica en la búsqueda de lo desconocido, recurriendo para ello tanto a las fuentes escritas como a las orales. Asimismo,  la metodología histórica nos exige transitar a la etapa de síntesis en la investigación, lo cual  nos aportará la posibilidad de abordar la necesaria interpretación para esclarecer el sentido de ciertos textos.  La investigación histórica (Bunge, 1969: 65) también es deductiva-inductiva; nos obliga a hacer los razonamientos que van de los general a lo particular y de lo particular a lo general. También ubicamos las contradicciones sociales  que afectan las vidas de las mujeres y su participación en un proceso social investigado. La subordinación de las mujeres marca definitivamente las características de su contribución a la forja de la nación hondureña a lo largo de los últimos doscientos años.

El uso de las cronologías, la ubicación geográfica y de características etnográficas  nos contextualiza en el tiempo,  el espacio y de igual manera posibilita el análisis de la etnias, la religión y otras prácticas culturales que identifican el quehacer de las mujeres  hondureñas. Recurrimos al enfoque cualitativo a fin de enfatizar en la profundidad y recurrir a la cuantificación en su calidad de técnica aleatoria.

Fases a seguir: a) La observación inductiva ubicación de las  mujeres que, en particular, han contribuido a articular nuestra historia. b) La investigación histórica, se diseña la investigación y se eligen sus métodos en base a la recuperación de nuestra memoria colectiva. Para producir este conocimiento se complementa con un enfoque cualitativo que permite el  uso de  diversas técnicas: de comprensión personal, de sentido común, la introspección, la observación documental, la entrevista a profundidad y las semi estructuradas para la construcción del conocimiento de las vidas de las mujeres y medir el conocimiento que se tiene de ellas.  c) La evaluación se realiza estimando la localización de las mujeres en los últimos doscientos años, la ubicación de sus datos biográficos y  la narración de sus actividades. Para ello nos auxiliamos del conocimiento que nos aportan otras ciencias, como la Arqueología (las huellas de las mujeres en los monumentos, la arquitectura), la Epistemología (para abordar el pensamiento de la época), la Numismática (para analizar la representación de las mujeres en monedas y medallas), la Diplomática (la huella de las mujeres en los documentos oficiales), la Genealogía (la ubicación de las mujeres en sus contextos familiares), la Iconografía (la imagen femenina en fotografías), la filatelia (la imagen de las mujeres en los sellos) d) Reconocemos  la importancia de contar con saberes científicos para la comprensión y solución de los problemas sociales, de ahí la trascendencia de que,  en el contexto de las Ciencias Sociales,   emprendamos  estudios con perspectiva interdisciplinaria, de tal  modo que contribuyamos a la producción de  conocimientos integrados sobre la mujer y la sociedad.

A pesar de las dificultades que nos imponen el aislamiento y  la dispersión, creemos, es factible superarlo. Entendemos que los nuevos tiempos, marcados por la globalización y los cambios que ha vivido nuestro país, requieren investigadores que trasciendan  las lecturas y análisis mono-disciplinarios de la realidad y que se produzcan conocimientos científicos integrales. Con la finalidad de tratar a  las mismas sujetas de estudio desde diferentes enfoques teóricos y metodológicos para lograr conocimientos integrales de la problemática estudiada,  un proceso de diálogo entre diferentes disciplinas para enriquecer el conocimiento sobre participación de las mujeres en la edificación de la nación hondureña. Se trata de lograr integrar nuestros saberes científicos, encontrar una interrelación en los análisis teóricos y la interpretación de la información.

Las fuentes de la investigación histórica son los documentos escritos y las testimoniales u orales, así como  las tradiciones documentadas.

Las principales unidades de análisis

  • · Mujer
  • · Hombre
  • · Género
  • · Equidad
  • · Desigualdad
  • · Organizaciones culturales
  • · Partidos políticos
  • · Cultura
  • · Nación
  • · Sociedad patriarcal

Instrumentos de reconstrucción de información y fuentes de información

  • · Revisión documental
  • · Entrevistas
  • · Entrevistas semi estructuradas
  • · Encuestas de percepción
  • · Grupos focales con mujeres organizadas, jóvenes.

 

3. MARCO TEÓRICO

Si bien algunos autores (Burke, 2007: 79) sostienen  que la relación entre la historia y la teoría se ha constituido en un diálogo de sordos. También se ha manifestado que esta relación ha sido indirecta ya que las historiadoras/es sustentamos que la teoría es más útil para inducir preguntas que para sugerir respuestas. Después de esta consideración es necesario señalar que en los últimos treinta años del siglo XX la ciencia de la historia vivió una revolución de paradigmas con la llamada nueva historia. Según Burke (Burke, 1992: 28), esta ruptura con el paradigma tradicional se inicia con Febvre, Bloch y Braudel, proponiendo los enfoques de las estructuras, el estudio de los grupos sociales que antes no eran investigados y reinterpretar los procesos históricos, incorporando nuevos temas,  como por ejemplo el de  la vida cotidiana,  privada   y pública de las mujeres, del que emerge el estudio de las identidades, particularmente la femenina y que deben abordarse interdisciplinariamente. La teoría feminista ha guiado los estudios dedicados a la historia de las mujeres y ha aportado importantes propuestas para el logro de la escritura de la historia desde abajo.  Con la historia de las mujeres  se brinda una nueva perspectiva de pasado. Inclusive se ha puesto en entredicho los esquemas aceptados de periodización pues estos fueron ideados sin considera a las mujeres. Los historiadores varones, patriarcales y logofalocéntricos,  las han mantenido invisibilizadas.

Es a la luz del pensamiento feminista que ha sido posible decodificar el discurso historiográfico masculino en el que las mujeres son representadas como un grupo enmudecido sólo capaz de expresar sus ideas por medio del lenguaje dominante de los hombres. De esta manera ha sido posible hacernos nuevas preguntas acerca del pasado: ¿Existió el matriarcado? ¿Cómo se da el tránsito hacia  la patriarquía? ¿Cómo sobrevivieron las mujeres en un ambiente patriarcal? ¿Cuáles son los ambientes asignados a ellas para ejercer su influencia? ¿qué tipo de trabajo han realizado en diferentes momentos y lugares? ¿qué cambios produjeron el advenimiento  de la  modernidad, la revolución industrial y el neoliberalismo ?

La historia social creó un lugar para el estudio de las mujeres al particularizar y pluralizar los grandes temas de las narrativas históricas: ninguna figura universal individual puede representar la diversidad de la naturaleza humana y éstas deben concebirse en función  de las fuerzas económicas que mueven a la sociedad. Así se crearon los recursos teóricos para superar los análisis biologistas, esencialistas y universalistas. Desde  los inicios de las teorías  feministas,  Simone de Bouvoir,  Stoller (Bonder, 1998 : 1) y Rubin (Rubin, 1975: 37),  se ha puesto en cuestión el androcentrismo y la misoginia de la ciencia. Se criticó la noción convencional acerca de lo masculino y lo femenino. Se puso en tela de juicio  aquel discurso científico que había dado explicaciones acerca de las diferencias sexuales. Las historiadoras pioneras  como Mary Nash,  Joan Scott  y Michelle Perrot  han incorporado a las mujeres como sujetas históricas a su discurso historiográfico.  Incursionaron en la academia y en los movimientos sociales  en las ultimas  cuatro décadas  y han contribuido al estudio de las identidades y subjetividades de las mujeres,  cuestionando las explicaciones sesgadas que hemos asumido como legítimas o verdaderas.

Hasta hace unas décadas las/os historiadoras/es entendíamos la Historia como el estudio de las acciones humanas a través del tiempo. Esta actividad ha sido labor de hombres –Heródoto, Polibio, Tito Livio, Casiodoro, Marcos Carías, Mario Argueta, para mencionar algunos-  y a través de sus obras hemos aprendido que el mundo ha sido un espacio para los hombres. Ahora se trata historiar  con visión de género y romper con esta práctica de la ciencia signada por el patriarcado. Es a partir del desarrollo de la historia social que  las/os historiadoras/es asumen el estudio del género como una cuestión de método, el cual  ha consistido en comparar la situación de las mujeres a la de los hombres, implícita o explícitamente, basándose en el derecho, la literatura, en las representaciones iconográficas, en la estructura institucional y en la participación política.

Simultáneamente se avanzó en la creación de nuevas categorías teóricas e instrumentos  metodológicos para explicar cómo surgieron y se establecieron socialmente las jerarquías diferenciadoras entre hombres y mujeres, la manera en que estas se reproducen y se transforman.  En este escenario surge la categoría género. Este concepto también ha sufrido su propia evolución. Inicialmente fue definido en oposición al concepto sexo, cuyo significado se circunscribió y se entendió que éste aludía a las características anátomo-fisiológicas  que diferencia a la “hembra” del “macho”. Esta primera noción de “género” no permitía explicar las variaciones entre personas pertenecientes a un mismo género, es decir las diferencias provenientes de la posición de clase o de etnia que se encuentran en una dimensión social más amplia y ocultaba las relaciones de poder y conflicto que atraviesan las relaciones entre mujeres y varones. Esta visión de género no permitía explicar las relaciones de poder que involucra tanto a mujeres y lo femenino como a los varones y lo masculino.  La inestabilidad de las categorías analíticas creadas y utilizadas por la teoría feminista ha sido un recurso que permitió el examen crítico de este primer concepto de género.

La revisión del mismo desde el feminismo “postcolonial”, según el cual la subjetividad emerge de una compleja interrelación de identificaciones  heterogéneas situadas en una red de diferencias desiguales,  como las posiciones sociales como etnia, clase, edad, orientación sexual, significaciones simbólicas e imaginarias articuladas socialmente por las condiciones materiales y simbólicas mediadas por el lenguaje, lo que implica el componente de lo imaginario colectivo.

Este proceso teórico  refleja que el género es un constructo en transformación, que actualmente nos permite reflexionar acerca de las mujeres como sujetas y su particular subjetividad, y devela  el tratamiento que se les proporciona desde la filosofía y la ciencia.   Este concepto también es guía en el contexto de la teoría feminista, el cual facilita la  comprensión de las prácticas y el  pensamiento femenino.

Desde la filosofía misma, el tratamiento del sujeto ha sufrido su propia evolución, que va desde el Renacimiento al pos-estructuralismo y la reconstrucción y rehabilitación de la subjetividad. Distinguimos a la sujeta de la subjetividad y la identidad misma con la finalidad de comprender de manera más precisa a las mujeres en su individualidad concreta y autónoma. A fin de promocionar la propia experiencia sobre los condicionamientos culturales, se vuelve necesario observar la relación entre subjetividad, la experiencia personal y la propia verdad.

Si bien es necesario coincidir con Derrida (Derrida, 1987: 489) en que debemos considerar algunas identidades se constituyen en des-identidades, transgresoras de lo establecido, subjetividades que decodifican la cultura masculina y sus imágenes de nación y ciudadanía, individualidades fuera de lo común.  Así como,  las identidades comunes que sostienen y hasta fortalecen la ideología patriarcal. Cuatro décadas de investigación y de reflexión sistemática han permitido conocer el ejercicio del poder patriarcal en el cuerpo y la sexualidad femenina. Ellas también se han dado cuenta  que para conceptualizar y valorar esta problemática, es necesario abordar la compleja tarea de reescribir la historia. Las indagaciones de Carroll Smith-Rosenberg, nos han legado ideas geniales acerca del mundo del amor y de los ritos de las mujeres.

La documentación de la vida de las mujeres en el devenir del tiempo ha tenido importantes consecuencias en la erudición histórica. Se ha logrado establecer que ellas han tenido un lugar significativo en el pasado de la humanidad. Se ha resignificado la historia y se entiende que las experiencias subjetivas y personales importan tanto como las actividades públicas y políticas.

En este contexto se vuelve  una necesidad  considerar las categorías teóricas y las categorías sociales como productos históricos  y androcéntricos, partiendo de la historia social,  que nos aporta las metodologías de la cuantificación, para el tratamiento de la vida cotidiana y para un apropiado uso de la interdisciplinaridad con la sociología, la etnografía y la demografía que nos permitan  abordar el análisis de la mujer como sujeta, el género (Álvarez, 1994: 3) y la política. Es debido al desarrollo de la historia social que conceptualiza las relaciones de familia, la fertilidad y la sexualidad como fenómenos históricos. Desde ese ámbito teórico también se ha iniciado la  documentación y  el análisis  del trabajo de ellas y sus efectos en el sistema capitalista.

Se entiende que cada mujer es un constructo social e histórico y constituye una sujeta histórica en continuo movimiento, en cada una de ellas confluyen una serie de fuerzas -políticas, sociales y culturales- conflictivas y contradictorias. Este criterio permite poner sobre el escenario que la categoría universal  mujer no refleja con rigor la realidad misma.  Al ser entendidas como  personas que no responden a una esencia eterna y natural, se puede comprender mejor su rol histórico, sus acciones políticas,  su actividad social.  Esta investigación supera las limitaciones analíticas basadas en teorías en las que subyace una visión patriarcal de la historia que ignora las asimetrías que signan las acciones femeninas, colocándola en el seno de las grandes narraciones de la historia: la política, del poder. Al analizar la vida y la obra de Josefa Lastiri Lozano,  revisaremos los antecedentes y el contexto histórico-político, con la finalidad de producir nuevos conocimientos acerca de su vida.

Al definir la cultura, en tanto que concepto signado por la historia, se debe especificar que entendemos que existe una identidad entre historia y cultura, lo cual tiene muchas implicaciones. En este marco se debe apuntar que las mujeres son autoras y herederas de su tiempo, que las contradicciones de su época se concretizan en sus acciones,  creaciones y sus aportaciones.

El enfoque teórico en el que sustento esta investigación propone comprender la participación de las mujeres como actoras y sujetas  históricas. Es decir el enfoque teórico será feminista, haciendo de la mujer el foco del cuestionamiento, el tema de la historia, el agente de la narrativa (Scott, 2008 : 35), a  fin de llamar la atención acerca de la ausencia de las sujetas femeninas en los discursos historiográficos que describen y analizan la cultura. También parto de los aportes del marxismo, particularmente en uno de sus más brillantes resultados: la historia social (Hobsbawn, 2006), a fin de superar las limitaciones analíticas basadas en teorías en las que subyace una visión patriarcal.

La investigación con perspectiva de género ubica a las mujeres como partícipes del conocimiento de su propia realidad y como objetos para ser conocidas (Guifarro, 2004). Hoy día se trata de problematizar la exclusión,  el silenciamiento o el tratamiento sesgado de la condición de las mujeres proponiendo cambios en las explicaciones de  los diferentes dispositivos sociales que participan en la construcción la jerarquía entre los géneros en la que ellas y lo femenino ocupan un lugar secundario. Se trata de ejercer un extrañamiento de lo que han vivido las mujeres a fin de reterritorializar la historia en clave que demuestre las coaliciones de identidades –ni universales ni particulares- de flujos y reflujos de identificaciones, de asimilaciones múltiples y múltiples interpretaciones, de la transicionalidad de la experiencia en su dimensión temporal, histórica.

  1. 4.                 DESARROLLO DE LA INVESTIGACIÓN

 

  1. I.               Contexto Histórico

En el transcurso del siglo XIX predominan los cambios, gestados en el siglo anterior, pero que se concretan en la época decimonónica. Son tiempos de transformaciones en todos los ámbitos de la vida y del conocimiento. Las revoluciones transmutan las sociedades de entonces: desde la revolución industrial, pasando por las nuevas ideas políticas surgidas en el siglo XVIII y que sustentarían las revoluciones independentistas decimonónicas.

En materia política, la innovación sería el sufragio universal –para los hombres-  y en filosofía surgieron los principios de los sistemas de pensamiento que tienen vigencia hasta hoy en día: el idealismo absoluto,  el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, el nihisilimo, el nacionalismo. La transformación del vocabulario político y artístico   también es notable en ese tiempo (Brom, 2011: 89).

Este estudio parte de la época  en la que la región participó en el desafío al orden político y económico establecido (Domínguez, 1985: 21), tiempos  de profundas transformaciones económicas y políticas, época en la que   se da la transición del régimen monárquico al régimen republicano independiente. A partir de 1785 se abre un nuevo período histórico para la sociedad novohispana,  para la Capitanía General de Guatemala, y por ende para la Intendencia de Comayagua (Martínez Peláez, 1979 : 575). Hacia 1785 se imponen  las reformas borbónicas,  inspiradas en la filosofía ilustrada que da sustento a la Revolución Francesa, introduce innovaciones al sistema colonial. Este período se cierra con la crisis y el fin de la  Federación Centroamericana en 1842 (Carías, 2005:135) . Es en ese contexto que estudiaremos la vida de Josefa Lastiri Lozano. Las mencionadas  reformas buscaban, con la Intendencia como principal instrumento administrativo del poder colonial, centralizar (ANH, 1792) la capacidad de decisión en lo que concernía a la vida económica colonial. Los cambios administrativos fueron asumidas por las y los pobladores de Tegucigalpa como un ataque a la tradicional autonomía de esta ciudad, como consta en la correspondencia generada desde esa ciudad (Oyuela, 1994: 67).

Los criollos de la ciudad percibieron que estos cambios estaban destinados a asegurar el fomento  de los ingresos de La Corona. El mejor ejemplo lo constituye el gobierno del Alcalde Narciso Mallol (Durón, 1978: 36) que profundizó,  con sus medidas de control,  el distanciamiento entre españolas/es peninsulares y españolas/es criollas/os. Durante La Colonia se mantuvo una especie de pacto tácito  entre las autoridades coloniales y los propietarios que se basaba en el famoso dicho “acátese pero no se cumpla”, según el cual,  en ese mundo  en el que imperaban las normas establecidas por los  hombres, los funcionarios dejaban en suspenso las disposiciones que afectaban a los propietarios, los propietarios callaban la corrupción de los funcionarios calificando positivamente su gestión.

Los funcionarios nombrados durante la vigencia de las reformas borbónicas chocaron con estas practicas y fueron juzgados por los criollos como déspotas. Las mujeres debieron aprender a negociar con estas prácticas.  Las colonias se consolidaron con grupos locales de españoles y españolas que la Monarquía tuvo que tolerar como colaboradores y partícipes en la explotación de los nativos (Durón, 1978: 28). La reacción de la población fue la de la movilización social en contra del imperio, de la participación de las mujeres en dichas movilizaciones se tienen muy pocos registros. Sin embargo, estas respuestas sociales pueden explicarse si consideramos algunas de las características de la época.  En la Nueva España, los niveles de escolaridad  para adultos (para entonces se consideraba a las/os mayores de 15 años) no pasaba del 20% . En este grupo de escolarizados, la pertenencia a determinado  grupo étnico fue determinante, más del 15% eran blancos, menos del 3% eran negros, en relación al sexo,  las mujeres  eran menos del 2% (Domínguez, 1985:30). Las políticas coloniales estuvieron dirigidas a impedir que los y las  aborígenes se escolarizaran.  Detrás de esta posición se movieron intereses económicos y políticos.

En los  censos de Honduras, durante el período colonial  (1791 y 1801) no se desagrega a las mujeres y por tanto la  información referente a las ocupaciones económicas de ellas las conocemos por los libros de la Real Hacienda o los registros de las municipalidades en los que se registran los aportes de mujeres y hombres, particularmente en las derramas, lo cual pone en evidencia que no es del todo cierto que las mujeres habrían vivido en un aislamiento y sin conexión personal con el poder económico.

En este contexto histórico las mujeres, en general  fueron víctimas de la ideología dominante, instrumento cultural de opresión sobre las mujeres a manos de los poderes hegemónicos, el Estado conservador, las iglesias, los agentes de socialización públicos y privados, sin embargo,  hubo excepciones a la norma.

En las postrimerías del siglo XVIII, según el censo del Obispo Fray Fernando de Cadiñanos (INE en línea), de 1791,  entre un total de pobladores de 130.000,  un 4% eran negras/os; un 6% blancas/os o españolas/es; un 30% pobladoras/es aborígenes; 60% mestizos. Es decir, que Josefa Lastiri Lozano pertenecía a un reducido y elitista estamento de los blancos. En los libros de registro el término español se le adjudicaba a los criollos o hijos de españolas/es nacidas/os en las colonias.

El considerar honorable descender de españoles conquistadores cambia en el XVIII, bajo la influencia de la revolución francesa, en que el nuevo mundo comienza a llamarse América y sus pobladoras/es americanas/os. Éstos son las/os dueñas/os de las haciendas y las/os dueñas/os de las minas y además los que controlan las posiciones de poder en los Ayuntamientos. Las mujeres estaban condicionadas,  por las normas y las costumbres,  para permanecer en una condición de minoría de edad, dependiendo primero de la tutoría del padre, para pasar después a la del marido, salvo autorización especial, ellas no podían administrar sus propios bienes. El funcionamiento social también generó otras situaciones diferentes para ellas: las solteras; la viuda; la abandonada; la esposa de un derrochador o de un borracho. Éstas salían del estado deseable, y sus casos también estaban previstos por la legislación. Ellas podían gozar del derecho de administrar su hacienda y bienes.

La dote formaba parte de las normas sociales de mayor peso, era un aporte material de la mujer al matrimonio y un seguro para ella ante una posible viudez o abandono. Las viudas constituían un grupo empresarial y económico muy activo,  pues recibían los bienes gananciales del marido, los cuales quedaban a su cargo, a excepción de los que pasaban directamente a los hijos.

La estructura social y familiar de la Nueva España fue determinada por el escaso número de mujeres blancas,  lo cual  favoreció las relaciones de españoles con las aborígenes. Esto benefició el proceso de mestizaje fundado en relaciones no legítimas. De estas relaciones ilegítimas nacieron relaciones muy particulares en las que la jerarquización étnica y social adquirió otros perfiles. Estas fueron admitidas socialmente como la “normalidad” sin transformar la escalas de valores tradicionales;  miembros de clase económica y políticamente dominante se relacionaron ilegítimamente con miembras de castas inferiores ante la mirada indulgente de la sociedad, sin abandonar los prejuicios raciales exclusionistas (ANH, 1792). La aceptación de las relaciones ilegítimas como norma distendió, relativamente, el rigor social y se establecieron las uniones consensuales, es decir, que los funcionarios peninsulares sostenían relaciones estables con una mujer criolla  antes de casarse, con la promesa de realizar el matrimonio una vez finalizado su servicio en la administración. En más de una ocasión esto derivó en abandono de las mujeres y su hijas/os por incumplimiento de la promesa (Calvo, 1989: 78).

Así se explica los altos índices de soltería y de relaciones ilegítimas con sus consecuencias para la conformación de las familias: las mujeres se encontraron en la necesidad de convertirse en hacenderas, agricultoras, ganaderas, comerciantes y hasta proveedoras, en pequeña y gran escala, maestras, bordadoras, curanderas. Su éxito dependió de su situación social, las menos favorecidas se dedicaron a la prostitución,   la mendicidad o ingresaban a los conventos.

Con la Independencia las/os criollas/os asumieron el poder político y administrativo y se lanzaron a construir la unidad centroamericana a través de la Federación:  tras una larga discusión se descartó la posibilidad de volver a un sistema monárquico. Se inicia la tarea de organizar la sociedad sobre nuevos supuestos políticos …para los hombres. Sin embargo, con el fin de la Federación, en 1838, se restauraron muchas de las leyes e instituciones coloniales.

La Iglesia, habituada a sostener relaciones de privilegio con el Estado (ANH, 1792), contribuyó a profundizar las ruptura de la convivencia, particularmente cuando, en Francisco Antonio Márquez, Presidente del Congreso del Estado de Honduras hacia 1830,  decretó que los hijos de los sacerdotes fueran considerados hijos legítimos y que el sacerdote que quisiera contraer matrimonio civil podría hacerlo de acuerdo con las leyes del Estado (Carías, 2005: 163)

Ferrera, el nuevo gobernante tras la caída de la Federación,  manifestó su interés para promover la enseñanza pública, el Estado apoyó  la iniciativa liderada por el sacerdote Reyes para fundar una institución de estudios superiores, 1845, sin embargo, la sociedad sigue estando codificada por los hombres (Beauvoir, 1999: 711), la red social se mantuvo fracturada y las guerras pos independentistas las ahondaron.  La reacción conservadora no se hizo esperar. En este escenario,  las mujeres siguen condenadas a la inferioridad. La educación para ellas continuó estando en manos de las mujeres, generalmente solteras, que asumían la responsabilidad sin recibir ninguna remuneración por su enseñanza (Villars, 2001: 65),  como es el caso de las señoritas Borjas o de Sara Andino Rivera de Carías (Membreño, 2005: 56).

El Siglo XIX se debatió entre las guerras civiles, las dictaduras y las reformas liberales (Paredes : 654), denominadas dictaduras democráticas, que buscaban el “progreso”, procesos, estos últimos,  de los que las mujeres estuvieron excluidas, su marginación de la educación las condicionó para permanecer en labores no públicas, destinadas al trabajo doméstico gratuito, tan importante para el desarrollo del capitalismo (Duby y Perrot, 2001: 625).

Entre las   transformaciones del último cuarto del siglo XIX que se deben destacar está el acceso oficial de las mujeres a la educación,   sus demandas para salir al espacio público y la consolidación de la economía de enclave, minero y bananero, que signará la vida política y económica de Honduras durante el siglo XX y lo que va del XXI, (Carías, 2005: 197).

La relación directa entre  el acceso a la educación, están directamente vinculada a la abierta participación femenina en la política y la cultura.  El reconocimiento de su derecho al voto en 1955, nos hace entender que su acceso a la educación formal fue eminentemente  instrumentalista.

 

II. María Josefa Lastiri Lozano

Este sello conmemorativo fue emitido en 1956 -10 – 03, con la técnica de grabado y litografiado.

 

Óleo sobre tela de Mario Castillo, Colección de la Presidencia de la República de Honduras.

 

 

 Óleo sobre tela de la pintora hondureña Teresita Fortín, (Zúniga Huete, 1947:56)

Al estudiar la vida de Josefa Lastiri nos encontramos con  la típica malicia política e historiográfica del papel de la mujer, que masivamente se padeció en el proceso de independencia, cuya duración es   de casi medio de siglo, entre  1808 y 1850.  Ellas participaron en todo el transcurso de la emancipación, de integración regional, en las guerras, agregadas a los ejércitos, en la retaguardia, en la logística (las soldaderas) y hasta como combatientes, sin embargo han sido desconocidas.

Si bien es necesario señalar que el conocimiento del proceso de liberación y de integración latinoamericana no debe partir del análisis de los casos excepcionales, de las heroínas criollas,  en todo caso,  se trata de ver que la dinámica histórica incorpora a todos los actores sociales cuando esos acontecimientos ocurren. Aún así, es impostergable revalorizar historiográficamente el papel femenino en el escenario de la vida cotidiana y  tener presente que la cotidianeidad está en el centro del acontecer histórico.

 

La Niñez

Tegucigalpa sin canteras                
de misteriosas callejas
y de balcones sin flores
puentes de ida y vuelta
al más allá de lo inevitable
con sus remedos de ríos
que apenas ruedan al mar
Tegucigalpa marginada y rota 

Juana Pavón

 

La villa de Tegucigalpa, ciudad en la que nace Josefa Lastiri,   era el lugar más poblado y floreciente de la gobernación de Comayagua. De origen minero,  se convirtió en una populosa urbe con ayuntamiento, parroquia, dos conventos, dos ermitas y era la cabecera del partido de su nombre. Competía abiertamente con la ciudad de Nueva Valladolid de Comayagua,  capital de la provincia y residencia del Intendente y sede episcopal. La  criolla Josefa Lastiri Lozano nació en la Villa San Miguel de Tegucigalpa de Heredia, hoy capital de la República de Honduras, el 20 de octubre de 1792. Hija de Juan Miguel Lastiri, comerciante español y de Margarita Lozano y Borjas, natural de la entonces Intendencia de Comayagua[1].

Fue bautizada con el nombre de María Josefa Úrsula Francisca de la Santísima Trinidad, en la iglesia parroquial de San Miguel de Tegucigalpa, el 22 del mismo mes, por el Cura Vicario Juez Eclesiástico de ese beneficio, Juan Francisco Márquez (Castañeda, 1991: 8).

Su nombre da información de la cultura religiosa de sus padres y  recuerda a las grandes mujeres españolas de esos tiempos Doña Josefa Amar y Borbón, pedagoga y escritora de la ilustración española, a Doña Josefa Zúniga y Castro, fundadora de la Academia del Buen Gusto durante el reinado de Fernando VI. También a Santa Úrsula, hija mártir de un rey de Bretaña insular, enviada al continente para casar con un príncipe pagano. Josefa creció en esos años en los que,  en la región centroamericana,  arraigaba la noción de la emancipación, cuyos antecedentes inmediatos los encontramos en el levantamiento de 1811,   en la ciudad de San Salvador. Entonces los sublevados destituyeron al Corregidor Intendente y a las demás autoridades españolas, se apoderaron de 3.000 fusiles que existían en la Sala de Armas y además de $ 200.000 que contribuyeron a mantener su amotinamiento. El 13 de diciembre de 1811,  el pueblo de León, Nicaragua,  encabezado por el fraile guatemalteco  Benito Miguelena se levantó contra las autoridades españolas.  El 22 de diciembre, en Granada, Nicaragua,  se reunieron en Cabildo Abierto, convocados por el Alcalde Primero Don Juan Argueyo y el Regidor Don Manuel Antonio de la Cerda un numeroso aporte de criollos de gran influencia social.

El primero de enero de 1812, cuando Josefa  contaba con  20 años de edad,  los residentes españoles  y autoridades de Tegucigalpa dispusieron que las alcaldías sólo fueran desempeñadas por peninsulares. En ese contexto quisieron elegir a José Sera, Juan José Salaverría y José Iribarren,  pero el pueblo tegucigalpense se opuso. Hubo una refriega y los sublevados consiguieron impedir que  el Ayuntamiento no integrara a  ningún peninsular, quedando constituido por criollos, estas noticias eran mal recibidas en la tradicional sociedad de Comayagua.

Otro hecho histórico que signaría la vida de los pobladores de la Gobernación de Comayagua, fue la jura de la nueva Constitución el 24 de septiembre de 1812. En ella  se establecía la equidad entre criollos y peninsulares. También el nuevo texto constitucional proclamaba la representación nacional en forma colectiva y de tres clases: Cortes, Provincias, partido o parroquia. Creaba los municipios, electos en comicios populares; implantaba la Diputación Provincial para inspección de la Administración económica; disponía la apertura de escuelas en todas las poblaciones y en ellas debía darse a conocer la nueva  Constitución.

El nuevo texto constitucional consagraba la libertad de pensamiento. Para entonces José Bonaparte reinaba en España, nombrado por Napoleón Bonaparte. Durante todo el año de 1813,  en la Provincia se vivieron acontecimientos que conmovieron los valores establecidos por el imperio colonial, particularmente la ruptura entre el ayuntamiento con las autoridades civiles y eclesiásticas. La información sobre estos hechos circulaba gracias a La Gaceta de Guatemala, periódico que divulgaba los problemas nacionales y entre líneas se leía que el alivio a tantos males era la emancipación de la región y al constante tráfico de vendedores de ganado que transitaban por la ciudad facilitaba la comunicación de las novedades.

Su nacimiento  en el seno de una familia criolla, de considerables recursos económicos, los Lastiri-Lozano, explica la educación recibida por Josefita y sus hermanas: Petrona, Lucía y Dolores. Ellas también contrajeron matrimonio con figuras notables  de la historia centroamericana. Petrona se casó con el coronel Don Remigio Díaz, héroe de la batalla de La Trinidad; Lucía con Don José Santos del Valle, ideólogo de la Federación y  ejerció interinamente la Jefatura del Estado de Honduras; y Dolores con Don Diego Vigil y Cocaña, último Vicepresidente de la República Federal. Con este entorno familiar, no es difícil imaginar a una Josefa informada de los acontecimientos históricos de ese tiempo.

La formación recibida en el seno del hogar modeló su carácter y la convirtió en una mujer de alto perfil que frecuentaba los salones de la ciudad de Tegucigalpa y Comayagua. En 1808 (Meléndez Chaverri, 1992: 224), a los 16 años de edad, comenzando apenas a vivir,  Josefita  contrajo  matrimonio con el acaudalado criollo,  de su misma edad, Don Esteban Travieso y Rivera, nacido el 2 de septiembre de 1792. Tras la boda, los Travieso Lastiri establecieron su residencia en la ciudad de Comayagua, en donde  poseían la valiosa hacienda Jupuara. De su primer  matrimonio nacieron cuatro hijos: Ramona, Tomasa, Paulina y Esteban Travieso y Lastiri.

 

Años de luto

Don Esteban falleció en Tegucigalpa el 27 de febrero de 1825. Para entonces Josefa contaba con 32 años de edad. Heredó de Travieso un considerable patrimonio en el que figuraba la hacienda de Jupuara o Rancho Chiquito, mencionada en el testamento de Morazán. Convertida en una acaudalada hacendada de la jurisdicción de Lamaní, al sureste de Comayagua, la  viuda, hermosa y rica, no tardó en interesar a muchos comayagüenses. Un anónimo pretendiente le dedicó el siguiente acróstico:

A otros días más claros que el presente,

Jamás precedió Febo luminoso

Ostentando mejor su brillo hermoso

Sobre la rubia niebla del Oriente

En el cenit suspenso y reverente,

Fija su carro y queda silencioso,

Admirando en tu rostro candoroso,

Las gracias y virtud más inocente.

Así, yo quedo absorto al contemplarte,

Sin que pueda mi labio confundido

Tanto afecto explicar al saludarte,

I, únicamente (al alma cielo pido),

Repita en ti la dicha con que al crearte,

Infinito brindaba complacido.”(Zúñiga Huete, 1947: 226)

Poco tiempo  después de la muerte de Don Esteban Travieso,  Doña María Josefa empezó a relacionarse con Don José Francisco Morazán Quesada, primogénito de Eusebio Morazán y Alemán  y de Guadalupe Quesada y Borjas (Carías, 2005: 166), nacido el 3 de octubre de 1792,  cuyas características físicas e intelectuales están bien descritas por Mejía Nieto:  “…era de natural bondadoso, su inteligencia… despejada a; su catadura física en general, de fino porte. Estaba, pues dotado de buenos rasgos por la naturaleza. Ayudaba a sus padres en el cuidado de sus hermanitos menores. El jefe de  la familia se  en dedicaba en general a proporcionar la subsistencia y en particular ideas morales a sus hijos. Esta cualidad industrial fue inherente y orgánica en la familia de los Morazán. Se retiraban a dormir temprano como cuadra a géneros de vida impuestos por los españoles de poca licencia y mucho rigor de costumbres. En esta hosca monotonía colonial, como flor sin sol, despunta la vivacidad de Francisco. Su energía echa raíces hacia adentro y lo que pudo ser ímpetu exteriorizado se convierte en sosiego de madurez interior. Así se explica que en este país (mondo de saberes como hueso sin pelleja) apareciera Francisco, con doctrina y decisión. Poco había aprendido de sus compañeros de juego, menos del mundillo de Morocelí, algo de D León, bastante de los libros y documentos de éste, más de las pocas obras extranjeras caídas en sus manos y mucho de su propio juicio y reflexión. Al propio tiempo había escapado  de la influencia de un mundo ignorante, supersticioso y fanático: producto de una iglesia adinerada y feudal.” (Mejía Nieto, 1947:88).

Es en ese contexto histórico en el que Josefa elige la compañía de Francisco Morazán,  quien hacia 1819 fue escribano del Alcalde de Tegucigalpa,  Narciso Mallol ,  más tarde dedicado a la carrera militar, en la que conoce y se identifica con las ideas de Bonaparte. Hacia 1824,  Morazán Quesada es el Secretario General del Despacho y brazo derecho del Jefe de Estado Don Dionisio de Herrera. José Francisco era calificado como  un joven brillante, que abrevó la sabiduría en la biblioteca de su tío político, Don Dionisio de Herrera, además de guapo, atractivo, varonil, recibía los halagos de las mejores familias de Comayagua, quienes lo consideraban  como el mejor prospecto matrimonial para sus hijas. Pero la amistad con Josefa se había vuelto apasionada. Mejía Nieto la describe así:

“… Morazán había adquirido casi tanta popularidad en la buena sociedad de Comayagua como en la de Tegucigalpa; esto le favorecía, pues en Comayagua cimentaba más arraigadamente la tradición de las severas costumbres sociales de la colonia española. En Tegucigalpa la explotación de las minas había hecho posible el surgimiento de nuevos ricos, sin apellido ni nombre. Por otro lado creyeron los aristócratas de Comayagua sin excluir al clero que atrayéndose a Morazán, lograrían influir y salvaguardar sus intereses y privilegios de la amenaza liberal del Gobierno. Cuando se supo que de la ilusión platónica entre Morazán y la viuda de Travieso se adelantaba en visitas y hasta ausencias de Morazán al deporte favorito que era aventurarse errando  caballo por las tardes, la sociedad armó cuchicheos. Es verdad que se censuró la imprudencia de la viudita y los avances del funcionario, que además del poder político y social tendría el solio que le fraguaba el dinero de su bella esposa. No era un amor platónico, sino que era una corriente de erótica atracción como luego se descubrió y hasta con suma sorpresa y no cierta envidia, porque jovencitas de Comayagua que no eran viudas ni tenían niños, pensaron en atraer a Morazán a sus redes. Esto sin embargo no ocurrió. El casamiento de Josefita Lastiri (como se la llamaba) con Morazán se juzgó como un hecho cierto e inevitable. El propio presidente D. Dionisio de Herrera fue el padrino de bodas.” (Mejía Nieto, 1947:96)

Francisco y Josefa celebraron su ceremonia mantrimonial en la ciudad de Comayagua el 30 de diciembre de 1825, cuando ambos tenían treinta tres años. Las bodas, asunto de mujeres, se organizó de tal manera que importantes funcionarios de la Federación Centroamericana la acuerparon:  fueron testigos de su matrimonio el Coronel Don Remigio Díaz, esposo de Doña Petrona Lastiri, y Don Coronado Chávez, años después Presidente de Honduras y el  padrino, el Jefe de Estado en funciones,  Don Dionisio de Herrera.

Las circunstancias históricas por las que atravesaba   la región centroamericana imposibilitaron que Josefa Lastiri tuviese una vida sosegada y tranquila. Las discrepancias ideológicas, reflejo de los diferentes intereses económicos se resolvieron con la guerra.  El Gobierno de Don Dionisio de Herrera, en el que Morazán se desempeñaba como Secretario General y Presidente del Consejo Representativo, se enfrentó con las autoridades federales, quienes enviaron sus tropas a Honduras y en abril de 1827 sitiaron la ciudad de Comayagua, la que fue valientemente defendida  por sus pobladoras/es.

En Comayagua se quedó Doña Josefa y sus hijos Travieso;  la ciudad fue tomada por las fuerzas federales y fue víctima de un terrible saqueo.  Entretanto Morazán  se incorporó a la columna,  al mando de Cleto Ordóñez,  que el gobierno salvadoreño envió tardíamente en auxilio de Herrera. Cuando pasaron por la hacienda El Hato Grande  gentes de Ordóñez asesinaron a su propietario, Miguel Madueño, sólo para apropiarse de sus bienes. Ante este hecho Morazán, indignado, se separó de la columna y solicitó garantías a José Justo Milla, quien mandó pasaportes para Morazán, Díaz, Marquez y Gutiérrez. Morazán creyó en la palabra del invasor, no así sus compañeros, quienes partieron para Nicaragua. Morazán se trasladó a Ojojona y ahí fue apresado y trasladado a Tegucigalpa, con irrespeto absoluto de la garantía concedida.

Josefa y Francisco se reunieron tras largos y angustiosos tiempos. No pudieron disfrutar por un largo período de su nueva posición en la sociedad hondureña. Nuevas fuerzas federales volvieron a marchar sobre el Estado, y Francisco hubo de blandir de nuevo el sable. En este mismo año, mientras el Presidente de la Federación combatía a los conservadores,  nació  la única hija del matrimonio, bautizada con el nombre de Adela. Durante su último embarazo, vivió la separación de la Jefatura del Estado para dirigir del ejército estatal, a cuyo mando derrotó a los federales el 6 de julio en la batalla de Gualcho. Luego marchó hacia El Salvador, con el objetivo de auxiliar al Gobierno estatal, también enfrentado con las autoridades de la República.

Para esas fechas,  Josefa  había alcanzado la edad de 37 años y se convertía en Primera Dama de Centroamérica por primera vez, estatus que no ostentó por mucho tiempo pues en junio de 1829 Morazán entregó el poder a un gobierno provisional presidido por Don José Francisco Barrundia. Regresó a Honduras para tomar posesión de la Jefatura Suprema el 4 de diciembre de 1829.  En esta ocasión tampoco sería Primera Dama de Honduras por mucho tiempo,  pues en junio de 1830 Morazán fue elegido como Presidente de la República Federal para el período 1830-1834. En septiembre (16) del año de 1830 tomó posesión de ese cargo y Josefita se convirtió de nuevo en la Primera Dama de la gran nación centroamericana.

La convulsa situación social de la región explota nuevamente en los primeros meses de 1832 obliga a Morazán vuelve a comandar el ejército federal, esta vez contra el Gobierno de El Salvador. Retorna triunfal a Guatemala en abril de 1833 y entonces solicita un permiso al Congreso de la Federación para regresar a Comayagua con Doña Josefita. Sin embargo,  este merecido descanso duró poco tiempo pues debió combatir de nuevo contra las autoridades salvadoreñas, ocasión en la que Morazán, Presidente de la Federación, salió herido. El jefe de Estado salvadoreño, Joaquín de San Martín y Ulloa fue derrotado. El 16 de septiembre de 1834 finalizó el período de Gobierno del Presidente de la Federación, para entonces el candidato ganador de las elecciones, Don José Cecilio del Valle había muerto el 2 de marzo de ese año. Fue necesario efectuar nuevos comicios y el voto popular designó otra vez a Morazán como Presidente de la Republica.

El 4 de junio de 1835 Morazán tomó posesión de ese cargo en la ciudad de San Salvador, designada desde el año anterior como la nueva sede de la jefatura. Transcurridos poco más de 10 años después de la emancipación centroamericana y de la constitución de la Federación se creía que Centroamérica había logrado consolidar el proyecto social de los demócratas de la región, sin embargo,  esta ilusión se desvaneció rápidamente. En el Estado de Guatemala estalló la guerra civil, provocada por el levantamiento del conservador Rafael Carrera y Turcios. Para entonces Josefa Lastiri se encontraba en estado de embarazo, a pesar de ello, Morazán tuvo que salir de San Salvador para hacer frente a los rebeldes.

Adela Morazán Lastiri (Zúñiga Huete, 1947)

Como ha sido la norma, Francisco Morazán Quesada sostuvo relaciones paralelas al matrimonio con Josefa Lastiri, de las cuales  nacieron   cinco  hijos e hijas ilegítimas. Los dos vástagos mayores de Morazán fueron acogidos por Josefa en su hogar. En la biografía de Francisco Morazán Quesada escrita por Enrique Guier nos relata: “…toleró a su lado dos hijos naturales del segundo marido, cuyos devaneos amorosos no desmentían sus vigorosas facciones masculinas. De uno de los hijastros pudo decir la joven esposa, lo que no fue en mi año no fue en daño. Pero del otro quizá no”.(Guier, 1982:13)

La última de las hijas de Josefa nació en medio de las peores circunstancias vividas por la Federación.  Guatemala, El Salvador y el sexto, nuevo y efímero Estado de los Altos ( país creado durante la Repulbica federal en los años 30, cuya capital fue Quetzaltenango y ocupaba lo que actualmente es el oeste de Guatemala y parte de Chiapas, el cual se creó como respuesta a las diferencias políticias entre la Ciudad de Guatemala y Quetzaltenango, que era realista y no se independizó sino hasta el 2 de febrero de 1838, siendo reconocida por la Federación el 5 de junio de ese mismo año)se encontraban en plena guerra civil, mientras Nicaragua, Honduras y Costa Rica se separaban sucesivamente de la República.

En 1839, 1º de Febrero, Morazán finalizó su período presidencial y entregó el poder a su concuñado Don Diego Vijil  y Cocaña, quien fungió como Vicepresidente de la Federación. Vijil, por su parte,  nombró a Francisco como jefe del ejército Federal y en abril de ese año venció a las fuerzas combinadas de Honduras y Nicaragua en el combate del Espíritu Santo, donde sufrió una herida de consideración. Poco después fue elegido como Jefe de Estado de El Salvador, cargo del que tomó posesión el 11 de julio de 1839.

Josefa,  siendo la  Primera Dama de El Salvador, su propio cuerpo y el de sus hijos se convirtió en botín de guerra. Sufrió  el escarnio,  producto de los odios políticos de los conservadores centroamericanos. En septiembre de 1839, en ausencia de Francisco  detonó una revuelta en San Salvador. Los rebeldes tomaron como rehenes a Josefa y a su familia para exigir al Jefe de Estado que abandonase su cargo.

Francisco respondió así:

Los rehenes que mis enemigos tienen en su poder son para mí sagrados y hablan vehementemente a mi corazón; pero soy el Jefe de Estado y mi deber es atacar; pasaré sobre los cadáveres de mis hijos; haré escarmentar a mis enemigos y no sobreviviré un instante más a tan escandaloso atentado

El Jefe de Estado Morazán atacó furiosamente a los amotinados que fueron definitivamente derrotados.  En su huida abandonaron a Josefita y sus hijos sin causarles daño. Penosamente para Josefa y los unionistas centroamericanos los combates continuaron  y Morazán dispuso que su esposa y su familia abandonasen El Salvador y se trasladasen a Costa Rica.

Costa Rica era el único Estado Centroamericano en el que reinaba la paz. A principios de 1840 Doña María Josefa partió hacia ese país, embarcada en la goleta Melanie, una vez más se veía obligada a separarse de Francisco. Una vez llegada a Caldera, la Primera Dama de El Salvador escribió al Jefe de Estado Braulio Carrillo:

“El temor a la Revolución de los Estados de Honduras y El Salvador, me han obligado a abandonar mi país, y mucha parte de mi desgraciada familia para buscar en cualquier punto un lugar donde vivir pacíficamente con el resto de mi familia que he podido traer conmigo; y atendiendo a la paz que goza este Estado, a las buenas circunstancias que lo caracterizan y a los consejos de muchos de mis amigos, me he resuelto a venir a pedir un asilo, segura de que su Gobierno protegerá la inocencia y permitirá internarme al punto que parezca más conveniente a mis circunstancias”.

Carrillo, implacable,  le respondió a Doña María Josefa que ellas y los suyos podían asilarse en Costa Rica si aceptaban instalarse en la ciudad de Esparza, población aislada e insignificante por lo que Josefita rechazó la oferta. Zarpó en la Melanie hacia Nueva Granada y  se estableció en Chiriquí. Derrotado Morazán en El Salvador, abandonó ese país en compañía de su hijo José Antonio y de un grupo importante de partidarios. Se reúne con Josefita y su familia  en mayo de 1840 en el poblado de David, Panamá, en donde escribió su célebre Manifiesto. Francisco partió hacia Perú en agosto de 1841,  acompañado de varios de sus colaboradores, mientras Josefa permanecía en David.  Morazán buscaba formar una nueva expedición hacia Centroamérica. A inicios de 1842 lograba regresar haciendo escala en Chiriquí para reencontrarse con su familia. Continuó su viaje hacia El Salvador, pero su gesta no tuvo eco en esa nación y retornó a Costa Rica, llegando a este país el 7 de abril de 1842.

Tras el pacto de El Jocote, acuerdo efectuado el 11 de abril de 1842 a la sombra de un árbol de jocote, en Alajuela, Costa Rica, acordado entre Francisco Morazán y Vicente Villaseñor, a quien el Jefe de Estado Braulio  Carrillo Colina había enviado con 700 hombres a rechazar la invasión. De conformidad con el pacto el ejército de Villaseñor  se unió sin combatir con el de Morazán y éste fue proclamado como nuevo jefe de Estado de Costa Rica. Morazán entro triunfalmente a San José y el 12 asumió la Jefatura de Estado.

Al poco tiempo Josefa, que se encontraba en David, se informó sobre el nuevo estatuto de Morazán como nuevo gobernante de Costa Rica, se convertía así en la nueva Primera Dama de ese país a los 49 años de edad. Un barco fletado para retornarla a Costa Rica hizo posible que la familia Morazán Lastiri se reuniera nuevamente. Llegó a San José en compañía de su hija y sus entenados.

La popularidad de Morazán decayó rápidamente y la relación entre Josefa y Francisco pasaba por una nueva crisis debido a los amoríos de éste con Teresa Escalante y Ocampo, de origen salvadoreño, casada con el británico William Freer Risk,  con quien tuvo una hija, María Ester de los Dolores Freer Escalante.

No habían transcurrido  ni cinco meses cuando, el 11 de septiembre de 1842, se sublevaron los pueblos de San José y Alajuela, a fin de evitar la guerra con Nicaragua. En la capital la lucha fue sangrienta.

Josefa y su hija Adela, de cuatro años, se encontraba al lado de su esposo y padre, en el cuartel josefino. El ataque conservador a las instalaciones del gobierno la obligaron a Salir  de allí para tratar de refugiarse en la casa de la famila Escalante. Apresadas por los sublevados,  fueron conducidas a la casa de Antonio Pinto Soares, uno de los caudillos de la insurrección. Los amotinados contra Morazán querían asesinar a Josefita y sus hijos. Más tarde, madre e hija fueron depositadas en custodia del Presbítero Don José Julián  Blanco y Zamora, y por último el acaudalado cafetalero y comerciante Rafael Moya Murillo les ofreció hospitalidad.

Morazán abandonó San José el 14 de septiembre y ese misma noche fue capturado en Cartago y al día siguieren fue conducido de regreso a la capital, donde fue fusilado horas más tarde. Lo  acompañó su primogénito Francisco Morazán Moncada.

Josefa se informó del fusilamiento de su esposo una semana después de los hechos, quien al conocer la noticia sufrió dolorosas convulsiones y llanto sin tregua, según el Doctor don Pedro Molina. Permaneció un tiempo en Heredia y luego se trasladó a El Salvador en la goleta Coquimbo, el 12 de diciembre desembarcaba en el puerto de La Unión para establecerse en Cojutepeque, sumida en la pobreza, como establece  la carta  dirigida al jefe del Gobierno de Costa Rica, José Rafael de Gallegos:

“Supremo Poder Ejecutivo de Costa Rica:

María Josefa Lastiri de Morazán, vecina de Cojutepeque, con el respeto y consideración debidos, ante el Jefe Supremo del Estado digo: que reducida como estoy a la desgracia consiguiente a los suceso ocurridos en esa capital de San José el 15 de septiembre de 42, donde a la pérdida mi bien amado esposo del señor Francisco Morazán, se siguió la de los pocos intereses que me quedaban para la escasa subsistencia de mi familia, me veo en la dura necesidad de reclamar de ese Supremo Gobierno el pago de la pequeña cantidad que en razón de sueldos se adeuda a mi difunto esposo como gobernante que fue de Costa  Rica por espacio de cinco meses.

Si no fuesen tan públicos como son a todo el Estado y al mismo Jefe que tan dignamente rige hoy en Costa Rica, los sacrificios de su fortuna y reposo que hizo Morazán, para dar a los costarricenses un Gobierno de leyes y una patria, yo pintaría este hecho con los colores que merece y de él sólo deduciría la incuestionable justicia que me asiste para demandar en alta voz los sueldos que devengó mi marido en ese período. Diría que la actual prosperidad, la libertad ilimitada de que gozan esos pueblos y los altos destinos que en un porvenir quizás no lejano les aguardan, han sido comprados con la sangre de su libertador y compatriota generoso. Mas el pueblo mismo y la Asamblea toda en sus actas reconocieron de un modo explícito la legitimidad con que mi esposo  gobernara el Estado;  y esto basta para fundar en derecho la justicia del reclamo en cuestión, aun cuando la gratitud a sus servicios no hablara como habla a favor de esta demanda,  la más interesante, la más justa y urgente que pudiera presentarse a un Gobierno como el de Costa Rica ilustrado y recto.

Apoyada en tales  seguridades y llena de la confianza que me inspiran  los principios de equidad y justicia que rigen esa Administración,  no dudo que Ud. Se servirá decretar el pago de los sueldos indicados y al mismo tiempo mandar se entregue su importe a mi apoderado D. Eduardo Wallerstein o D. Juan Mora. Es justicia que pido del Supremo Poder Ejecutivo. Cojutepeque, Mayo 7, 845” (Castañeda, 1992: 26).

Los bienes heredados de sus padres y de los Travieso se disiparon en las campañas de  Morazán. Los compañeros que  sobrevivieron a la gesta morazánica, particularmente Santos Guardiola,  trataron de protegerla de la miseria he hicieron algunas gestiones infructuosas para que se vendieran los barcos y armas adquiridos por Morazán (ANH, 1842). Murió en San Salvador en 1846, a los 52 años de edad.

6. Conclusiones

La biografía de Josefa Lastiri Lozano forma parte de una investigación en construcción más amplia. Es abordada desde la  posición de académica  feminista. Lo que nos permite aceptar que   que los procesos que estudiamos no son elegidos al azar sino sobre la base de un compromiso ético,  político y emocional.

Me parece que es importante reconocer a las mujeres que han edificado los cimientos de la región y que,  con su sola presencia,  irrumpieron en la vida política regional.

Es un reto y una necesidad el producir conocimiento historiográfico feminista en Honduras. Pero además se trata de  entender el feminismo  hondureño como parte del feminismo latinoamericano, lo cual implica integrar a ésta búsqueda a  indígenas y campesinas, a las afrodescendientes, a las diaspóricas y a las migrantes, a las lesbianas, a las trabajadoras, a las trans de la región.

Este es un desafío tanto académico como  político. Guiadas por la convicción de que hoy es de vital trascendencia revertir las condiciones socio-históricas que colocan a las mujeres en situación de desigualdad, de violencia, de violencia letal.

En este contexto, he analizado la vida de Josefa Lastiri a la luz de la historia feminista y sus aportes teórico-metodológicos, que deben conducirnos a pulir nuestras investigaciones, nuestro pensamiento, nuestra producción de conocimiento científico y seguir en la brecha de elevar los nuevos conceptos al nivel de categoría sociales, tal como ha ocurrido con el término género.

Este ensayo es parte de un trabajo más amplio con el que deseo llenar vacíos injustificables en la historia de nuestro país. Este primer esfuerzo me ha enseñado el profundo grado de desconocimiento que existe acerca de las imágenes y visiones de las mujeres hondureñas. Reflejar las diferencias entre las vidas de ellas y las de los hombres contribuirá a comprenderlas mejor.

He encontrado que la participación de las mujeres en el ámbito público ha estado determinada por los modelos y pautas predominantemente masculinas imperantes en el siglo XIX  (y aún hoy).

He visto que, a pesar de las condiciones en que se han encontrado las mujeres, han logrado superar la inmovilidad en la que quisieran mantenerla los hombres de este sistema patriarcal.

Investigar con perspectiva de género en el ámbito universitario debe implicar el  investigar para transformar la realidad de las mujeres. Si bien hoy en día la investigación  sobre género y política en nuestros país ha sido mayor, la indagación histórica de género aún se encuentra en sus comienzos.

En la  encuesta[2] realizada en la Universidad Nacional Autónoma el 2 de agosto de 2012 (Mendoza Santos,  2012), a fin de comparar el grado de conocimiento que se tiene de Josefa Lastiri y Francisco Morazán, entre las y los estudiantes universitarios, se encontraron resultados que nos permiten replantearnos la necesidad urgente  de transformar esos esquemas  y encontrar las voces, los rostros, las vidas  de las mujeres:

¿Sabe quién era Francisco Morazán?

¿Sabe si era estadista?

¿Sabe quién era Josefa Lastiri?

¿Sabe en qué época vivió?

¿Sabe a qué se dedicó?

7. Recomendaciones

Es necesario que en Honduras se creen espacios de reflexión y de investigación  de donde surjan respuestas  a las siguientes interrogantes: ¿en dónde han estado las mujeres? ¿cómo han estado las mujeres?  ¿qué debemos transformar para cambiar la situación de exclusión en que se encuentran ellas? Para   reconocer a cada mujer,  cuya sola presencia ha marcado un ámbito público y han penetrado espacios que han sido terreno de los hombres, es necesario emprender la tarea de investigar nuestra historia con otra mirada.

En un escenario así, los estudios  de las vidas de las mujeres deben abordarse en el marco de la propuesta teórica feminista e impugnando el sistema patriarcal. Hacer ver la necesidad de luchar por la igualdad entre mujeres y hombres por su dimensión humana. De tal manera que se reúnan las voluntades para propiciar su participación en la academia a fin de generar compromisos fundados en la praxis y la  ética feministas.

Asimismo, desde la identidad política feminista se puede y se debe congregar los esfuerzos necesarios en la academia, resignificándola para pensar, reflexionar, debatir y crear,  rescatando a nuestras ancestras académicas, políticas, artistas, dirigentas:   las primeras graduadas universitarias,  las  primeras diputadas o las primeras mujeres sindicalistas.

Debemos impulsar un proceso que permita abordar toda investigación con una perspectiva holística, para que se registre su capacidad creadora, intelectual, teórica, comunicativa, como hacedoras de historia, como constructoras de ciudadanía, como sanadoras de cuerpos y mentes, para reconocer también sus sexualidades.

La investigación desde el contexto teórico feminista nos permite  ubicarlas a ellas  como parte de una   realidad que demanda cambios, al grado de que  las vindicaciones feministas adquieren mayor vigencia. Reivindicaciones de tal naturaleza,  sin duda alguna,  contribuyen a  fortalecer la democracia.

El progreso de las mujeres depende de la deconstrucción de las condiciones sociales, económicas y políticas  que sustentan la desigualdad de los sexos.  Para ello debemos deslindar  esas condiciones, pasar de la anécdota a la categorización, a la conceptualización y,  por tanto,  a la politización de los fenómenos estructurales que atañen a las mujeres.

También debemos construir las redes necesarias por contribuir a las luchas vindicativas, sin confundir esta lucha con la búsqueda de la  identidad con lo masculino, la mismidad con el hombre. Se debe establecer que desde el feminismo se trata de  crear las condiciones para  la igualdad en el sentido de la humanidad como ámbito genérico.

En los tiempos de globalización que nos ha tocado vivir propugnamos por que los derechos y las oportunidades que se ha logrado alcanzar para  algunas  nos alcance  a todas. Aspiramos a  que todo el conjunto de bienes simbólicos y concretos que han llegado a ciertas partes del mundo llegue a todo el mundo y nos toque a todas.

Hoy en día no se pone en duda que las académicas feministas somos y debemos formar parte del los procesos de transformación  histórico-social. Por tanto  devenimos obligadas a propiciar el paradigma que consista en ampliar los puentes los puentes entre la academia y las luchas sociales en pos de  una sociedad equilibrada, justa,  con más desarrollo y progreso para las humanas/os.

Así las cosas,  también se vuelve necesario considerar  el estudio de la vida de las mujeres en el contexto de  la multiculturalidad, en el que se reflejan la evolución  las ideas de la posesión de los derechos.    Dicho en otras palabras,  debe  trasnversalizarse todo esfuerzo tendiente a  la construcción de la igualdad y todas las acciones para anular la segregación por razones de sexo, de etnia o por identidad sexual. Ello conlleva, desde luego, al rescate de todos los saberes, nuestra particular cosmovisión por que son las que nos aportan la identidad.

La diferencia sexual es aún un tema pendiente  de investigación desde la perspectiva de las historiadoras feministas. Es necesario estudiar la ideología, la subjetividad, las instituciones sociales, políticas y económicas como las relaciones de poder que sustentan la desigualdad. La indagación de las instancias culturales e históricas específicas nos permitirán responder a las interrogantes  con que hemos iniciado nuestra ruta hacia el conocimiento y reconocimiento de la vida de las mujeres. Estas, que duda cabe, tareas constituyen tareas  impostergables.

 

 

8. FUENTES CONSULTADAS

  1. Álvarez de Lovera, María.  La mujer en la colonia. Situación social y
    jurídica
    . Edit. Fondo Editorial Tropykos, Caracas, 1994.
  2. ANH, 1785, Caja # 76, DOCUMENTO 2311, FOLIO 2Real Contaduría de Comayagua,
    pliego de fenecimientos a las cuentas de propios y arbitrios de esta ciudad de
    Comayagua correspondientes a los años 85, 86, 87 y parte del 89
  3. ANH. Caja 76. Documento 2564. Folio 9

                  Testimonio Del título de Regidor Sencillo del Ayuntamiento de Tegucigalpa a favor de
don Manuel Antionio Vázquez y Rivera
,  1792.

  1. ANH Caja 69, documento 2296, folios 4

Testimonio del Real Despacho del Gobierno Supremo de Guatemala, relativo a la
dispensa que se concede a la iglesia sobre el cobro del quinto de plata. Nueva
Guatemala, octubre de 1785

  1. Ballarín, Pilar (2001) “La Construcción de un modelo educativo de <<utilidad
    doméstica>>” en Duby, Georges y Michelle Perrot, (compiladores) (2001) Historia de las mujeres.
    Madrid, España, Editorial Taurus, 5 volúmenes,  Ed. Sda.
  1. Beauvoir, Simone de (1999) El Segundo sexo.  Buenos Aires Argentina, Editorial  Sudamericana.
  1. Bonder,  Gloria (1998) Género y Subjetividad: avatares de una relación no evidente en :
    Género y Epistemología: Mujeres y Disciplinas” Programa Interdisplinario de Estudios
    de  Género (PIEG), Universidad de Chile. PDF  cita a Stoller, Robert: “Overview: The
    Impact of  New Advances in Sex Research on Psychoanaltic Theory” en American
    Journal of Psyquiatry,
    1973
  1. Brom, Juan. (2011) Esbozo de Historia Universal, México,Edit. Grijalbo Mondadori
  2. Bunge,  Mario (1969) La investigación científica. Edit. Ariel, Barcelona
  3. Burke, Peter (2007) Historia y teoría social,  Buenos Aires, Amorrortu/editores

11. Burke, Peter:  Entrevista a Peter Burke,
https://histounahblog.wordpress.com/entrevista-a-peter-burke/

Revisado en línea el 20 de agosto de 2012

12. Calvo, Thomas (1989) La Nueva Galicia en los siglos XVI y XVII, México, Guadalajara,
El Colegio Jalisco/CEMCA.

13. Carías, Marcos. (2005)De la Patria del Criollo a la Patria compartida. Una Historia de
Honduras,
Tegucigalpa, Honduras, Edit. Ediciones Subirana.

14. Castañeda, Elvia (1991) La batalla del amor: María Josefa Lastiri,
                Tegucigalpa, Honduras, edición de la autora.

15. Derrida, Jacques (2001): La tarjeta postal: De Sócrates a Freud y más allá, Siglo
XXI,   486 pags ; (1982)Márgenes de la filosofía, The University of Chicago Press,
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16. Domínguez, I, Jorge (1985). Insurrección o lealtad. La desintegración del Imperio
español en América.
México, D. F., Editorial Fondo de Cultura Económica.

  1. Duby, Georges y Michelle Perrot, (compiladores) (2001) Historia de
    las mujeres
    . Madrid, España, Editorial Taurus, 5 volúmenes,  Ed. Sda.

18. Durón, Rómulo E. (1978) La Provincia de Tegucigalpa bajo el Gobierno de Mallol,
1817-1821.
San José,  Costa Rica,  Editorial Universitaria Centroamericana, EDUCA.

19. Encuesta realizada por el estudiante de Historia de Honduras HERLIN OLID
MENDOZA    SANTOS CUENTA: 2012100115  FECHA: JUEVES 02 DEL 2012,
en la
Ciudad Universitaria .

  1. 20.  Febvre, Lucien (2000) Combates por la historia, Barcelona, España, Editorial ALTAYA

21. Guier, Enrique. El General Francisco Morazán, San José, Editorial Stvdivm,
1ª.  Ed. 1982, pp 13

22. Guifarro, Blanca, compiladora. Estudios de la mujer. Una antología. UNAH,
2003

23. Hobsbawn, Eric (2006), Historia del siglo XX. Edit. Crítica, Barcelona,

24. INH, documento que actualmente se encuentra en proceso de
paleografiado, facilitado por el Lic. Douglas Vargas, actual director del
INH (DSC06309)

25. Jameson, frederic (1991) El posmodernismo o la lógica cultural del capitalismo avanzado. . Edit. Paidós, Barcelona

26. Libro de bautismos de la parroquia de Tegucigalpa, 1790-1803

27. Martínez Peláez, Severo, (1979) La patria del Criollo, ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca, Edit. Editorial Universitaria Centroamericana EDUCA, Costa Rica

28. Mejía Nieto, Aturo Morazán Presidente de la desaparecida República
Centroamericana,
Editorial Nova, Buenos Aires, 1ª ed., 1947

29. Meléndez Chaverri, Carlos, El verdadero Morazán. Revista digital de Historia No 26, 1992, UNA,  Costa Rica.

http://www.google.hn/url?sa=t&rct=j&q=la%20carta%20%20de%20josefa%20lastiri%20al%20jefe%20del%20gobierno%20de%20costa%20rica%2C%20jos%C3%A9%20rafael%20de%20gallegos&source=web&cd=1&cad=rja&sqi=2&ved=0CEQQFjAA&url=http%3A%2F%2Fwww.revistas.una.ac.cr%2Findex.php%2Fhistoria%2Farticle%2Fdownload%2F3364%2F3224&ei=GyYtUNDhOoT16AGn9oG4Cw&usg=AFQjCNFHI0MxD1kFX_TqX6W2fHsybAMTXg

Revisado en línea el 15 de agosto de 2012:

30. Membreño, Mario (2005) Diccionario histórico-biográfico de la Educación Hondureña.
Tegucigalpa,  Honduras, Edición del autor, impreso por Litografía López.

31. Notas y fuentes del Instituto Nacional de Estadísticas, INE

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Revisado en línea el 23 de mayo de 2012

32. Oyuela, Leticia. (1994) Historia mínima de Tegucigalpa. Historia mínima de
Tegucigalpa
. Tegucigalpa, Honduras, Edit. Guaymuras.

33. Paredes, Lucas (Sin fecha de edición) Drama político de Honduras, México,  Distrito
Federal, Editorial Latinoamericana

34. Quijada,  Mónica y Jesús Bustamante (2001) “Las mujeres en Nueva España: orden
establecido y márgenes de actuación” en  Duby, Georges y Michelle Perrot,
(compiladores) (2001) Historia de las mujeres. Madrid, España, Editorial
Taurus, 5 volúmenes,  Ed. Sda.

  1. 35.  Rubin, Gayle: “The Traffic in Women: Notes on the Political Economy of Sex” en

Rayna Reiter (Ed): Towards an Anthropology of Women, New York, 1975.

  1. 36.      Scott, Joan Wallach (2008) Género e historia, México, editorial Fondo de Cultura
    Económica.

37. Tuñón de Lara, Manuel (1979). Metodología de la Historia social de España.  Madrid,
España, Editorial Siglo veintiuno de españa editores s.a. Cita a Crubellier: <<El
acontecimiento en historia social>> en L’histoire sociale; sources et méthodes, París,
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38. Villars, Rina (2001) Para la casa más que para el mundo: Sufragismo y Feminismo en
la Historia de Honduras.
Tegucigalpa, Honduras, Editorial Guaymuras.

39. Waters, Mary-Alice. (1977) Marxismo y feminismo. Barcelona, España, Editorial
Fontamara, Ed. 1ª.

40. Zambrano, María (1992) Los sueños y el tiempo.  Editorial Ciruela, Madrid.

41. Zúñiga Huete, Ángel (1947), Morazán, un representativo de la Democracia
Americana
, México, Editorial Botas


Notas

[1]          Libro de bautismos de la parroquia de Tegucigalpa, 1790-1803

[2]            Encuesta realizada por el estudiante de Historia de Honduras HERLIN OLID MENDOZA
SANTOS CUENTA: 2012100115  FECHA: JUEVES 02 DEL 2012,
en la Ciudad Universitaria, Universidad
Nacional Autónoma de Honduras.

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La Batalla de La Trinidad

noviembre 11, 2012 at 3:22 pm (Uncategorized)

La Batalla de La Trinidad

 

Anarella Vélez Osejo

La legendaria Batalla de La Trinidad tuvo lugar un 11 de noviembre 1827  y fue liderada por Francisco Morazán. A partir de entonces y hasta su muerte, Morazán dominó la escena política de Centroamérica. Sin embargo, las luchas democráticas  del criollo Francisco  Morazán se inician desde los tiempos en que se debatía la necesidad de la independencia de nuestro territorio del imperio Colonial.

Debido a la carencia de escuelas y universidades en Honduras, Francisco Morazán  forjó su pensamiento libertario en la biblioteca de su tío político, Don Dionisio de Herrera, en la que pudo adquirir sólida instrucción, enterándose del movimiento filosófico de los enciclopedistas (Díaz Chávez, 1981: 139). Mientras que  en el despacho del escribano don León Vásquez culminaba sus lecturas de Tocqueville y otros autores (Zúniga Huete, 1947: 26), y ahí  se encontraba cuando los acontecimientos le obligaron a asumir una posición: a favor o en contra de la independencia.  Morazán formó parte de un grupo de criollos tegucigalpenses que se pronunciaron tempranamente a favor de la emancipación: Dionisio y Justo Herrera, León Rosa, José Antonio Márquez, entre otros muchos que sostuvieron esa gesta (Martínez López:1966, 25).[1]

Los acontecimientos obligaron a Morazán a asumir cargos en las compañas organizadas para defender el proyecto independentista, pues desde Comayagua se defendía la unión a México. La primera compaña hizo su nombramiento en él, que ya había demostrado su decisión de defender las ideas con la vida misma.

Antonio R. Vallejo recrea con bastante detalle las vicisitudes que pasó Morazán por mantener su compromiso con el proyecto independentista (Vallejo, 1882, 33 ). Hacia 1827, siendo presidente de la Federación Centroamericana el General salvadoreño  Manuel José de Arce y Fagoaga, ordena al Coronel José Justo Milla Pineda, ex vice Jefe de Estado de Honduras para que derroque al gobierno de Honduras, entonces presidido por el licenciado Dionisio de Herrera.  Comenzando ese año, el 19 de enero para ser más precisa, Justo Milla traspasa las fronteras de Honduras al mando del Segundo Batallón Federal. Invade la Villa de Los Llanos de Santa Rosa de Copán, toma posesión de la Factoría de Tabaco, rubro importante de la economía en la zona. Para preparar la  toma la Comayagua instala su cuartel en San Esteban, y comienza desde ahí el sitio de la ciudad el 4 de abril. El General Francisco Morazán organizó la recuperación de la ciudad situada. Milla ordena el avance sin tregua y culmina la contienda con la victoria de éste y ordena el incendio de Comayagua y apresa al Jefe de Estado Dionisio de Herrera, quien  capitula el 10 de mayo de ese año y es envido a Guatemala. Milla no pudo impedir la salida de Morazán  junto con sus oficiales Coronel Remigio Díaz y coronel José Antonio Márquez. Cuando llega a Tegucigalpa aumenta sus fuerzas con 300 hombres. De camino hacia Comayagua, en la Villa de San Antonio, es atacado por la tropa de avanzada al mando del Coronel Hernández y el Capitán Rosa Median. Morazán toma posición defensiva en la hacienda La Maradiaga, entrando en combate nuevamente el 29 de abril, El Coronel Hernández y sus fuerzas invasoras son vencidas. Morazán retorna a Tegucigalpa, a reponer fuerzas y a engrosar sus filas.

 

Morazán logra obtener un salvoconducto para llegar a Choluteca. Se reúne con su familia; con Josefa Lastiri, en Ojojona en donde es hecho prisionero por el Comandante de Armas de Tegucigalpa,  saliendo bajo fianza tras 23 días de encarcelamiento y es obligado a retirarse a El Salvador el 28 de julio de 1827. De ahí se traslada a León, Nicaragua el 15 de septiembre de 1827, en donde el General José Anacleto Ordóñez, conocido como Cleto Ordóñez, le proporciona 135 hombres. También se agrega a su ejército el Coronel José Zepeda con más hombres a su mando. En Choluteca se reúne con el Coronel José Antonio Márquez que había reunido una división de hombres que se unían a la causa libertadora. Llegan a Texiguat en donde también se le unen más fuerzas.

Martínez López, en el capítulo VIII (Martínez López:1966, 39), describe la batalla de La Trinidad rescatando la entrevista de Morazán con Vidaurre:

“En mi tránsito, (relata)[2] continúa Morazán, por el puerto de La Unión, hablé por la primera vez con Don Mariano Vidaurre, que, como comisionado del Gobierno del Estado de El Salvador, pasaba al de Nicaragua con el objeto de procurar un avenimiento entre el Jefe y el Vice Jefe de aquel Estado, que mutuamente se hacían la guerra. Vidaurre se interesó mucho para que se me auxiliase por éste último.

Entre tanto,  el Coronel Ordóñez, que llegó preso a León, pudo formar una revolución contra el Vice Jefe Arguello, que tuvo por resultado la deposición de este funcionario, y el auxilio que se me dio de los militares que le eran más adictos. Ciento treinta y cinco, entre jefes y oficiales, componían mi pequeña fuerza. Su fidelidad al Gobierno a que habían pertenecido me inspiraba la mayor seguridad, y la fundada esperanza de reunir los descontentos hondureños que produjeron las persecuciones de Milla y sus agentes, ponía de nuestra parte todas las posibilidades del triunfo.

En la villa de Choluteca, (continúa relatando Morazán) con un auxilio que mandó el Gobierno de El Salvador, pude organizar una considerable división,  y en el campo de La Trinidad acreditar a los hondureños que era llegada la hora de romper sus cadenas. Milla fue allí completamente batido dejando en nuestro poder los elementos de guerra que había acumulado y toda su correspondencia oficial.

La vanguardia sola consiguió este triunfo, en el que se distinguieron lo Coroneles Pacheco, Valladares y Díaz. A los de igual clase, Márquez, que había quedado malo en Pespire, y Gutiérrez, que en unión de Osejo y el Capitán Ferrera conducían la retaguardia, no les fue posible encontrarse en la acción.” (fin de la cita)

La batalla de La Trinidad librada el 11 de noviembre de 1827 fue  dirigida estratégicamente por Morazán. Al siguiente día (el 12) Morazán se dirigió con todas sus fuerzas libertadoras a Tegucigalpa, a donde llegó el mismo día: –el 26 del mismo mes hacía su entrada a Comayagua.

Algunas precisiones acerca de la Batalla de La Trinidad:

El 10 de noviembre de 1827 llega a Sabanagrande Francisco Morazán  con procedencia de Choluteca. José Justo Milla se movió con sus tropas de Comayagua al saber que Morazán organizaba las suyas en el sur de Honduras. Milla estableció su cuartel en Tegucigalpa y desde ahí se desplazó hacia el sur, mientras que Morazán se movía hacia Sabanagrande. Todos los cronistas coinciden en que en las primeras horas de la mañana del 11 de noviembre de 1827 los ejércitos en lucha se avistaron y entraron en un reñido combate (Cáceres Lara, 1978: 13). Las tropas legitimistas o federacionistas que defendían la Constitución, comandadas por Morazán, derrotaron a José Justo Milla tras más de cinco horas de combate. Milla huyó despavorido dejando abandonada hasta su correspondencia y Morazán avanzó sobre Tegucigalpa y Comayagua, ciudades que ocupó en tanto enviaba columnas a efectuar la total recaptura del territorio nacional en manos de los invasores.

Francisco Morazán toma partido por la defensa de la causa liberal. Coherente con la clase burguesa a la que pertenecía, pues incluso en los momentos más difíciles de su vida comercia con añil, grana y cacao, como productos agrícolas industriales; también con el oro y la plata para la exportación; y finalmente vende madera a los exportadores de Belice, negocio capitalista que estará presente en su mismo testamento: “El desorden con que escribo, por no habérseme dado más que tres horas de tiempo para morir, me había hecho olvidar que tengo cuentas con la casa de Mr. M. Bennett de resultas del corte de maderas en la costa norte se le dé una cantidad de diez a doce mil pesos, que pertenecen a mi mujer, en retribución de las pérdidas que ha tenido en sus bienes pertenecientes a la Hacienda de Jupuara”.  Evidentemente, en su entrega a la defensa de la Federación,  Morazán no vacila en comprometer los bienes de su esposa María Josefa Lastiri,  lo que también  puede apreciarse en el documento “Liquidación a favor de José María Gutiérrez”, que termina con un comentario de Morazán en el que pide: “El que suscribe suplica al Ciudadano Vice-Jefe mande pagar mañana o pasado mañana la cantidad que expresa a la anterior liquidación, la que si no es posible, espero se le avise a mi mujer para ella los cubra por haber ofrecido. Francisco Morazán” (Morazán, 1992:302)

Mural obra de Javier Espinal, Casa Museo Morazán

Nos preguntamos, ¿Por qué el Presidente Arce, liberal, apoyado por los conservadores, no desea el sistema federal y trata de suplantarlo por el centralista? (Díaz Chávez, 1981: 145). El análisis de éste autor permite entender que por entonces la movilidad de ideologías y partidos era frecuente y citando a Montúfar, quien aclara que,  tras la sanción de la Constitución en abril  de  1825, los conservadores quieren hacer de Guatemala el centro de gobierno, de la mayor ilustración y del vecindario más distinguido  (Montúfar y Coronado, 1832: 81), planteamiento que refleja un criterio exclusionista y sobre todo representa  la preponderancia de los latifundistas  guatemaltecos sobre sus pares centroamericanos y la búsqueda de la prolongación histórica de la Capitanía General con su consabido predominio político, económico y social sobre el resto de los reductos coloniales. Arce fue el instrumento de esta clase conservadora guatemalteca.

 

 

“Arce era enemigo de la Ley Fundamental, y se proponía destruirla. Los nobles se le unieron y se ligó con ellos. Esta liga produjo grandes temores  en los Estados y especialmente en San Salvador.

15. La liga de Arce con la aristocracia, lo puso en pugna con el Gobierno del Estado de Guatemala y cuyo frente se hallaba don Juan Barrundia. Los nobles se propusieron entonces, apoyados en la autoridad del  Presidente, dar golpes de hecho en todos los Estados que pudieran oponérseles, para tener jefes que pertenecieran a la escuela aristocrática. Redujo a prisión al jefe de Estado Barrundia. Encendió la tea que produjo el asesinato del Vice Jefe Cirilo Flores, y la disolución de la Asamblea del Consejo (de Guatemala) mandó hacer nuevas elecciones, que por la influencia de las bayonetas favorecieron a la Nobleza. Don Mariano de Aycinena fue electo Jefe de Estado de Guatemala. Se dio un decreto premeditado convocando a elecciones para un nuevo congreso nacional (federal) –pues el congreso disuelto por Arce ya no era el mismo que sancionó la Constitución; era adverso a aquél–, y se maquinaron revoluciones (revueltas) en los otros Estados” (Montúfar, 1878:9).[3]

Cada facción, liberales y conservadores, deseaba imponerse una sobre la otra, bajo las banderas de sus respectivas tesis respecto de la organización del gobierno, los liberales con la federal y los conservadores con la centralista. En el fondo lo que prevalecía eran los intereses económico sociales de cada grupo oligárquico. Sin embargo, debemos reconocer el valor de la empresa visionaria de los liberales que se enmarca en su visión de la patria y del progreso democrático capitalista.

 

 

Fuentes y bibliografía consultada

  1. Martínez López, Eduardo (1966) Biografía del General Francisco Morazán. Comayagüela, Honduras.  Publicaciones del Ministerio de Educación Pública. Cuarta Edición.
  2. Vallejo, Antonio R. (1882) Compendio de la Historia Social y Política de Honduras aumentada con los principales acontecimientos de Centro América. Tomo I, Tegucigalpa, Tipografía Nacional.
  3. Díaz Chavez, Filander (1981) La revolución morazanista, Tegucigalpa, Segunda edición corregida y ampliada, Editorial Guaymuras
  4. Zúñiga Huete, Ángel (1947), Morazán, un representativo de la Democracia Americana, México, Editorial Botas
  5. Montúfar y Coronado, Manuel (1832) Memorias para la historia de la revolución de Centro América, Jalapa, México, impreso por Aburto y Blanco. Citado por Díaz Chávez, Filander (1981) La revolución morazanista, Tegucigalpa, Segunda edición corregida y ampliada, Editorial Guaymuras
  6. Montúfar, Lorenzo (1878) Reseña Histórica de Centroamérica, Guatemala, Tipografía el Progreso. Citado por Díaz Chávez, Filander (1981) La revolución morazanista, Tegucigalpa, Segunda edición corregida y ampliada, Editorial Guaymuras.
  7. Cáceres Lara, Víctor (1978) Gobernantes de Honduras en el siglo 19, Tegucigalpa Honduras, Publicación del Banco Central de Honduras.
  8. Morazán, Francisco (1992) Obras. Volúmen I.  La Organización del Estado de Honduras. Tegucigalpa, Secretaría de Cultura, Comisión Española del quinto Centenario.
  9. Memorias para la historia de la revolución de Centroamérica (memorias de Jalapa) visitado en línea el 6 de noviembre de 2012 http://www.afehc-historia-centroamericana.org/index.php?action=fi_aff&id=439
  10. 10.  La historiografía liberal centroamericana: la obra de Lorenzo Montúfar  visitado en línea el 6 de noviembre de 2012 http://www.revistas.unal.edu.co/index.php/hisysoc/article/…/21459Formato de archivo: PDF/Adobe Acrobat –

[1] Esta obra fue publicada inicialmente en 1899, el autor tenía por objeto conmemorar el primer centenario del nacimiento de Francisco Morazán.

[2] Las palabras entre paréntesis son de la autora.

[3] La Reseña Histórica de Centro América de Lorenzo Montúfar es posiblemente la obra más extensa que se ha escrito hasta el presente acerca de la Historia republicana de la región centroamericana.

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noviembre 7, 2012 at 6:37 pm (Uncategorized)

Severo Martínez Peláez, historiador ejemplar.*

Anarella  Vélez Osejo

Cuando me convocaron a participar en este acto de reconocimiento a los méritos  del historiador y  pensador guatemalteco Severo Martínez Peláez no pude más que congratularme de formar parte de este tan merecido homenaje. Sin duda este evento tendrá  una importante consecuencia:  poner en  conocimiento de los jóvenes estudiantes de nuestra Carrera y de la Universidad  la vida y la obra del historiador  guatemalteco Severo Martínez Peláez

 

Esta es una muy buena ocasión para declarar públicamente mi  personal gratitud a nuestra maestra Marielos Chaverri por su esfuerzo en la fundación de la Carrera  de Historia y  porque contribuyó a  formar en mí  una visión crítica de la Historia y de la vida.  Por supuesto,  la eximo a ella de mis deficiencias, que son responsabilidad exclusivamente mía. Ella es protagonista en la gestión de la visita de Severo Martínez Peláez a Honduras en el año de 1979.

 

Debo también un reconocimiento especial a nuestro  maestro Marcos Carías,   quien nos recomendó la lectura de  la obra de Severo Martínez Peláez. Aún conservo conmigo mi ejemplar de la quinta edición de La Patria del Criollo,  cuya lectura era obligatoria,  entonces  fue leída, discutida, analizada y estudiada a profundidad por todas y todos nosotros. En nuestra escuela también circulaban  otros ensayos de su prolífica producción científica.  Sin duda alguna en la base de nuestra formación como cientistas sociales está la marca de Severo.

 

Considero que la asimilación de su obra  facilitó el asumir una posición ante los conflictos político- sociales, agrarios y obreros de nuestro tiempo. Su lectura  nos facilitó mecanismos para explicamos las causas de las sublevaciones sociales. Pero sobre todo entendimos y nos apropiamos de una específica manera de entender la Historia, de la investigación historiográfica y la construcción de un discurso historiográfico. La patria del Criollo, piedra angular de la historiografía centroamericana,  nos hizo evaluar la importancia de recobrar la memoria colectiva.

 

Hoy valoramos mejor  la trascendencia que tiene el pensamiento  del maestro  Martínez Peláez tiene para nuestra región, y lo integramos al conjunto  de intelectuales que han forjado el pensamiento de las/os historiadores centroamericanos. Con su obra fue posible abordar desde el contexto teórico materialista la historia colonial y nos abrió la posibilidad de discurrir acerca de nuestro pasado colonial con otras herramientas metodológicas.

 

Con La patria del criollo,  que modestamente es descrito por el autor como un libro en el cual ensaya  hacer historia,  aprendimos cómo  poner en práctica principios metodológicos hasta entonces no ejercitados en Centroamérica.  Nos permite, asimismo,  asumir el compromiso de abordar la labor interpretativa de los datos historiográficos. También forjó en nuestra generación una manera de entender el necesario acopio de datos históricos y el paso a la interpretación, no como una manera de fantasear sino como una labor rigurosa, distanciándonos de las meras efemérides, abordando los fundamentos de la misma historia. Para Severo se trató, también, de activar el pensamiento histórico para abandonar la veneración de la noticia muerta.

 

Otra importante lección que ha dejado entre nosotras  es  el rigor teórico; para él la propuesta teórica debe ser la guía de la acción metodológica. El materialismo de Severo es  histórico, se trata de ver la sociedad basada en condiciones materiales que la determinan. Y en ese contexto   nos explica que el punto de partida del análisis del período colonial debe arrancar con el estudio de los aportes de la economía política y nos deja una brillante aplicación de algunas  categorías sociales como  la  de la  explotación,  como un fenómeno de relaciones económicas.  Con la categoría de clases sociales  nos abre  importantes posibilidades del análisis histórico, del modo en que las desigualdades económicas fundan una jerarquía, según la  cual algunos son poseedores y otros son excluidos y esto determina su pensamiento y sus acciones, que son posteriores a las condiciones materiales y dan cuenta de ello a través de la ideología.

 

No puedo dejar de señalar la relación del historiador con las fuentes documentales. En la Patria del Criollo Severo dialoga profusamente con Recordación Florida,  del cronista del Ayuntamiento y regidor perpetuo Don  Francisco Antonio de Fuentes  y Guzmán (1643-1700), el ilustre cronista y poeta, descendiente de Bernal Díaz del Castillo, fuente primaria de la que se  sirve como recurso expositivo o como soporte para entrar a la concreción de la existencia colonial,  merced a lo cual  hilvana una fina explicación del por qué de su pensamiento, y construye así el concepto de criollismo. Asimismo,  deja bien demostrado el modo en que las condiciones materiales en las que vivimos determinan nuestra ideología.  A partir del análisis de la Recordación Florida, Martínez Peláez  desarrolla un riquísimo estudio sociológico de Guatemala, abundando en explicaciones acerca  de los rasgos culturales de los criollos y  de los nativos. La imaginación interpretativa es una muestra del modo en que debemos tratar la información, de todo lo  que podemos extraer de cada documento. Un simple dato como el cobro por la fabricación de cunas en la colonia le permite a él visualizar las condiciones históricas en las que se inicia el mestizaje.

 

Coherente con la propuesta materialista según la cual la lucha de clases es el motor de la historia de las sociedades,   Martínez Peláez   dilucida las razones provenientes de la clase social a la que pertenece Fuentes y Guzmán, y cómo éstas son determinantes para que aquél  se convierta en el cronista de Guatemala.  Entre esas razones se encuentra la de dejar bien sentado que era descendiente, de los primeros conquistadores, de aquellos que habían conquistado estos territorios para la Corona, y este relato se convierte en el recurso para recordarle a La Corona, al Consejo de Indias, cuál era el papel de los criollos en la estructura  Colonial y que los confrontaba con los españoles peninsulares.

 

Hoy en día nadie pone en duda que La Patria del Criollo  se ha convertido en un clásico y es un marco de referencia para el estudio de la Historia de América Central por tratarse de la primera obra que construye el modo en que se puede llegar a establecer la estructura de clases de una sociedad a partir del materialismo histórico, a pesar de los consabidos cuestionamientos de Cardoso que yo particularmente considero más políticos que científicos. Para el caso se le cuestionó su identificación con el materialismo histórico y su determinismo económico.

 

Yo considero que este maravilloso libro también nos aporta una ética del historiador, según la cual más que juzgar a las mujeres u hombres o grupos sociales  estudiados, debemos ubicarlos en su tiempo y comprender que no habrían podido actuar de modo diferente al que lo hicieron pues la conducta humana esta modelada por factores históricos más poderosos que la propia voluntad.  Puestas en este escenario, debo agregar que las motivaciones del análisis historiográfico debe permitirnos explicar las causas de las conductas humanas y partir de la vigencia actual de nuestras investigaciones.

 

Martínez Peláez transgrede los valores más profundos de la sociedad blanca de Guatemala,  llama nuestra atención acerca de lo que se ha ocultado en la historia tradicional, descubre las causas económicas de las versiones tradicionales de la historia que resalta lo que convenía a los conquistadores criollos y peninsulares,  a los conservadores. Rescata la idea del mestizaje de abolengo y ya tipifica  que,  tras la victoria de Tlaxcala,  el modo en que Pedro de Alvarado recibe a la princesa indígena Luisa Xicotencatl, con quien tendría dos hijos, Pedro y Leonor, y la llama la Primera Dama del período Colonial. Por si ello fuera poco,  ubica cada fenómeno en su tiempo;  señala, por ejemplo, la historicidad del concepto de Patria, coloca en su justo lugar la visión de patria del criollo y de ahí el nombre de su obra.

 

Conocí al Maestro en 1979, contaba por entonces 54 años de edad, cuando en  la recientemente fundada Carrera de Historia se organizó un Seminario de Historia Económica de Centroamérica, para el cual fue invitado también el historiador costarricense Carlos Araya, quien habló acerca de la historia económica del siglo XX, mientras que Martínez Peláez se ocuparía de la economía colonial.  Tuve la suerte de ser nominada edecana del Maestro. Me tomé muy en serio la tarea, buscaba a Severo en el Hotel Honduras Maya. Lo acompañaba a tomar el desayuno  y  recuerdo muy vívidamente el estilo muy particular  de tomar sus alimentos: sumamente despacio y con buena conversación. Fue toda una experiencia  preguntarle sobre cualquier tema y tener  respuestas eruditas,   confiables, memorables.

 

La generosidad intelectual de Severo era notoria, desarrollaba su discurso como si no quisiera guardarse nada, nos habló de metodología y de los supuestos teóricos materialistas de los cuales partía su trabajo. No rehuía los dinámicos intercambios y los contactos multilaterales, asistía a congresos y encuentros de historiadores; por él tuve noticias muy tempranamente de la existencia de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe, ADHILAC, de la que fue promotor y vicepresidente.  Desde este organismo promovió el desarrollo de las ciencias históricas, contribuyó a crear las condiciones para lograr el intercambio de información, estimulaba la investigación, tanto individual como colectiva. Con el conversamos acerca de la necesidad de mejorar las condiciones de trabajo de las y los historiadores.  Tenía la inquietud de que debíamos trabajar para mejorar los medios de publicación y difusión del conocimiento de nuestra historia. En esencia,  estimulaba la solidaridad entre las y los historiadores de la región, más allá de filias y  de fobias. Maravilloso ejemplo.

 

Sin duda alguna, el estudio de la obra de Severo consolidó el esfuerzo que se hacía en nuestra Carrera de Historia para que nosotras/os, las y los estudiantes,  adquiriéramos  una visión crítica de la Historia, nos permitió ver la historia colonial de otra manera, nos enseñó que debíamos distanciarnos de la versión criolla de la historia que explica la colonia embellecida. Se trata, en suma,  de un libro que cambió el mundo de la historia centroamericana y nuestro modo de historiar. Cuando lo leemos sentimos la fuerza del pensador irónico, satírico y visionario, su temprana crítica al trato sufrido por las mujeres de nuestros pueblos originarios y que da paso al primer mestizaje es una de las mejores pruebas de ello.

 

Tras las sesiones  de trabajo intelectual, estudiantes y maestras/os nos reuníamos en casa de  Marielos Chaverri  y Marcos Carías, a continuar con las conversaciones sobre temas históricos en un ambiente más distendido y a celebrar la jornada de trabajo bien cumplida. Una madrugada de esas terminamos caminando por Tegucigalpa, lo condujimos por las callecitas de la ciudad y terminamos en la Catedral, aún no comenzaban los oficios religiosos y estaba por comenzar la eucaristía de las 5 de la mañana. Entendió nuestro gesto: queríamos enseñarle las joyas sacras que databan de la colonia en Honduras.

 

La llegada  del maestro a nuestra carrera fue como recibir un renovado  oxigeno.  Éramos  conscientes de que se trataba de un reconocido historiador cuyo trabajo era decisivo y clave en nuestro tiempo.  También  sabíamos  que él  había vivido  vicisitudes  personales inimaginables por  los cruentos acontecimientos que caracterizaron  el siglo XX en Guatemala, desde la  persecución y el exilio.  Su vida estuvo marcada por las revoluciones y por las experiencias totalitarias guatemaltecas.  A él le tocó vivir los peores modelos de las prácticas humanas.   Encaró con una particular  sensibilidad,    que no era la de  un simple espectador, los acontecimientos que atormentaron a su país. Conocíamos y respetamos su plena  identificación  con la revolución de octubre de 1944, desatada tras el asesinato de la maestra María Chinchilla el 25 de junio de aquél  año. La revolución fue el contexto en el que se forjó el temple de Severo, en ese marco creció intelectualmente,  tiempos en los que se divulgan las ideas revolucionarias de la época y que él las vive a plenitud. Tras la caída del ubiquismo y del fascismo se reúnen en Guatemala intelectuales de todas las latitudes del mundo. En ese escenario conoce las corrientes filosóficas transgresoras y cuestionadores de lo establecido y que luego reflejaría en su obra.

 

La vida y la  obra de Severo refleja que él hizo propio el principio marxista, resumido en la tesis 11 sobre Feurbach, según la cual no se trata de sólo de comprender el mundo sino de transformarlo. Ese, creo yo,  fue el impulso filosófico que movió su vida, entendiendo que para transformar el mundo primero hay que comprenderlo. A partir de esta visión del mundo él desarrolla su propuesta que constituye un legado que nos ha impulsado a rechazar cualquier  sistema colonial. Su obra está ahí como un reto vigente para las y los historiadores de hoy.

 

Acogimos la noticia de su muerte con tristeza, supimos que murió en el exilio en la ciudad mexicana de Puebla de Zaragoza, el 14 de enero de 1998 a los 73 años de edad. Se apagaba así la vida luminosa de un maestro, de un historiador ejemplar.

 

* Conferencia presentada en el marco de la II Jornada Universitaria de Identidad desarrollada en la UNAH el día 7 de noviembre de 2012.

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El Virreinato de la Nueva España

noviembre 5, 2012 at 12:10 pm (Uncategorized)

La creación del virreinato por Real cédula: 12 de octubre de 1535, su primer Virrey (1535-1550) se llamó  Antonio Mendoza y Pacheco y el último fue  Juan Ruiz de Apodaca (1816-1821) Antes de su fin definitivo  se da la Abolición del virreinato por el trienio liberal: 31 de mayo de 1820 con el Tratado de Córdoba[i] de la Provincia de la Nueva  España[ii]: 24 de agosto de 1821. Contaba con una Superficie hacia 1790: 7,000.0000 km2, una Población hacia 1790: 6,000.000

Densidad poblacional: 0,9 hab/ km2. La  Moneda: Real español

Independencia de Centroamérica: 15 de septiembre de 1821

Consumación de la independencia: 27 de septiembre de 1821

Fue la Capital del Virreinato la Ciudad de México; su Idioma Oficial fue el Español; su Religión oficial fue la  Católica Apostólica y Romana; el tipo de gobierno fue  Virreinato indiano

El Virreinato de Nueva España fue una entidad territorial ultramarina,   integrante  de Castilla  de y  luego de Esperanza en América. Fue creada tras la conquista  de los pueblos indígenas establecidos en la zona meridional de América del Norte.  La empresa de la Conquista inició en 1519 y  propiamente no concluyó, pues el territorio de Nueva España siguió creciendo hacia el norte a costa de los territorios de los pueblos indígenas del desierto, algunos de los cuales nunca fueron sometidos por los españoles. La Conquista de Nueva España tuvo uno de sus hitos más importantes con la derrota de México-Tenochtitlán[iii] por parte de las tropas de Hernán Cortés en 1521. El Virreinato de Nueva España fue establecido oficialmente el 8 de marzo de 1535.  Su primer virrey fue Antonio de Mendoza y Pacheco y  fue  la capital del virreinato fue la Ciudad de México  establecida sobre la antigua Tenochtitlán.

El virreinato de Nueva España llegó a abarcar los territorios de España en Norteamérica, Centroamérica, Asia y Oceanía. La organización del territorio se originó a partir de las encomiendas,[iv] que eran otorgadas preferentemente a aquellos conquistadores que participaron en la conquista de México, y por ello los encomenderos tenían el poder absoluto y se encargaban de organizar el trabajo de sus habitantes en sus respectivas demarcaciones. Los recursos minerales hallados bajo el suelo de la Nueva España, con importantes centros mineros como Guanajuato, San Luis Potosí e Hidalgo,  constituyeron una de la más grandes fuentes de riqueza para la corona, utilizadas en Europa para financiar gastos de Estado, costes de guerras o para acuñar moneda  circulante. El virreinato también fue uno de los principales puntos de occidentalización en América.

Las principales actividades económicas del virreinato fueron la minería, la agricultura (maíz, cacao  y otros productos originarios de la antigua Mesoamérica), la ganadería  (introducida por los europeos, quienes trajeron la mayor parte de los animales criados) y el comercio (limitado únicamente a las posesiones españoles, acto de mercantilismo). Otro elemento importante en el desarrollo de la Nueva España fue el papel jugado por la Iglesia católica, que logró un gran poder al adquirir grandes propiedades y monopolizar la educación,  los servicios de salud y otras áreas de la administración pública. Su principal instrumento para vigilar la observancia de la fe era la Inquisición española,  oficialmente el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, instituido en 1571. Carlos III de España, introdujo reformas en la organización del virreninato en 1786, conocidas coo las Reformas Borbónicas en la Nueva España, con las cuales se crearon las Intendencias, que limitaron el poder del virrey. A partir del siglo XIX, el virreinato entró en crisis, agravada por las guerras de independencia en España, lo que tenía graves consecuencias para el virreinato, sumado a esto se da la crisis política de 1808, que acabó con el gobierno de José de Iturrigaray. En este escenario se da la Conjura de Valladalid [v]   y la conspiración de Querétaro[vi] antecedente de la independencia mexicana que concluye en 1821 con la desintegración del Virreinato de la Nueva España, tras la cual surge el Imperio Mexicano[vii] y la coronación de Agustín de Iturbide.

El Reino de Guatemala, más conocida comoLa Capitanía General de Guatemala fue la segunda en jerarquía del virreinato y fue fundada por orden de Carlos I en 1536. Hacia 1609 la Real Audiencia dictaminó que el virrey de Nueva España no debería ser, en ningún caso, el gobernador de Guatemala. Esto supuso un gran avance en la autonomía de la región. La primera capital del Reino fue Gracias a Dios, en Honduras, pero en 1549 fue trasladada a lo que hoy es Antigua Guatemala.  Tras una serie de terremotos, en 1773 se cambia de nuevo el emplazamiento de su capital hacia la Nueva Guatemala de la Asunción. Con la promulgación la Constitución de Cádiz en 1812, en el Reino se inicia una etaba de liberalismo, con lo que se iba consolidando la libertad e independencia del imperio colonial.

Con la proclamación de la independencia en 1821, las cinco provincias (Provincia de Ciudad Real de Chiapas, Pvincia de Guatemala, Provincia de San Salvador, Provincia de Comayagua y Provincia de Nicaragua y Costa Rica) se erigenlas Provincias Unidas de Centroamérica, que con el derrumbe del imperio mexicano con Agustín I de Iturbide a la cabeza.

La Capitanía General De Yucatán fue creada en 1565 como una gobernación y zona administrativa perteneciente a Castilla. Dependía directamente  del rey para asuntos de gobierno y del ejército. Debido a que no contaba con Audiencia Real[viii] se veía obligada a acuidr a la Audiencia de México, en el Virreinato de Nueva España. El Virrey de la Nueva España podía nombrar gobernadores interinos en la Provincia de Yucatán, la cual abarcaba los territorios de la Campeche, Quintana Roo, Tabasco,  Yucatán, El Petén y la actual Belice. Esta Capitanía General fue creada por Francisco de Montejo el Adelantado gracias a las luchas de conquista que capitaneó junto con su hijo y sobreino, homónimos, quienes terminaron dominando a los mayas que habitaban la Península de Yucatán a su llegada a nuestro territorio, a inicios del siglo XVI.  Los mayas presentaron una aguerrida defensa de su territorio, eran descendientes de aquellos que integraron la coacilición de estado denominada la Liga de Mayapán. Este proceso de dominación culminó en 1697 con la toma de Tayasal, en lo que ahora es Petén, Guatemala, y tras más de siglo y medio de la toma de México Tenochtitlán.

 

La Conquista de México se inicia con en 1518 con la llegada de Juan de Grijalva, quien llegó a Campeche y Tabasco, en este lugar se entrevistó con el gobernante maya Tabscoob y escuchó acerca de una ciudad poderosa, capital del imperio más grande de Mesoamérica[ix], la Gran Tenochtitlán, culminando su viaje en Veracruz.  En 1519 bajo la designación de Diego Velázquez de Cuéllar, gobernador de Cuba (llamada entonces Fernandina, en honor al rey de Aragón), Hernán Cortés zarpó y llegó a territorios recién descubiertos en febrero, , en marzo arribó a Tabasco en donde derrotó a los indígenas en la Batalla de Centla, fundando la villa de Santa María de la Victoria que sería la primera población española en la Nueva España, es aquí donde le es obsequiada Malintzin que sería su gran traductora y pieza clave en la conquista. Continuó su viaje y fundó la Villa Rica de la Veracruz en territorio azteca, primera villa europea institucionalizada en el Nuevo Mundo. El 8 de noviembre Cortés llegó a México Tenochtitlán.  La leyenda que predicaba que Quetzalcóatl, fundador del imperio azteca, hacía creer a los aztecas que éste volvería en la forma de un hombre blanco y barbado cuando el fin del imperio estuviera cerca. Por ello Moctezuma Xocoyotzin, soberano azteca o tlatoani, cuando vio a Cortés,  creyó que la profecía se estaba cumpliendo y lo alojó hospitalariamente en su palacio. Los españoles, ávidos de oro y riquezas, aprovecharon su influencia para apoderarse de ellas. En Junio de 1520 un grupo de hombres detuvo a Moctezuma y proclamaron la conquista, pero el pueblo se amotínó y lo apedreó. El emperador murió días después.

 


[i] Los Tratados de Córdoba son un documento en los que se acuerda  la independencia de México, firmado en la ciudad  de Córdoba, Veracruz, el 24 de agosto de 1821,  por Agustín de Iturbide, por  (comandante del Ejército Trigarante) y por Juan O’Donojú (jefe político superior de la Provincia de Nueva España) pero que no contaba con poderes ni autorización del gobierno español. El texto está compuesto por diecisiete artículos que representan una extensión al Plan de Iguala. El mencionado  acuerdo fue rechazado por el gobierno de España.

 

[ii] La Provincia de Nueva España fue una provincia de la Monarquía española, creada en 1812,   durante al vigencia de la Constitución de Cádiz.   A pesar de su nombre, no comprendía el territorio del antiguo Virreinato de la Nueva Espña,   sino únicamente el de México, Michoacán, Oaxaca, Puebla, Querétaro, Tlaxcala y Veracruz.

Su capital era la ciudad de México.   Estaba gobernada por un Jefe Político Superior nombrado por el Rey y una Diputación Provincial de siete miembros, elegida popularmente. Se subdividía en partidos, gobernados por Jefes Políticos Subalternos.

 

[iii] México-Tenochtitlan (término proveniente del  náhuatl:  México Tenochtitlān, ‘Lugar de pencas de nopal’) fue la capital del   Imperio mexica.   La fundación de la ciudad es un hecho cuya historia se mezcla con la leyenda. La mayoría de las fuentes cita como fecha de fundación de la ciudad el 18 de julio de 1325,   de acuerdo con la información proporcionada por los mexicas y que se encuentra registrada en varios documentos. La leyenda de la fundación señala que México-Tenochtitlan fue poblada por un grupo de tribus nahuas migrantes desde Aztlán, lugar cuya ubicación precisa se desconoce. Tras merodear por las inmediaciones del lago de Texcoco,   los futuros mexicas se asentaron en diversos puntos de la cuenca de México   que estaban sujetos al señorío de  Azcaporzalco. La migración concluyó cuando fundaron su ciudad en un islote cercano a la ribera occidental del lago. Las excavaciones arqueológicas apuntan a que el islote de México estuvo habitado desde antes del siglo XIV y que la fundación de Tenochtitlan pudo ser posterior a la de México Tlatelolco,   su gemela del norte. México-Tenochtitlan se convirtió en un altépetl independiente  tras el establecimiento de una alianza con Texcoco y Tlacopan  que derrotó a Azcapotzalco.

La capital de los mexicanos se convirtió en una de las mayores ciudades de su época en todo el mundo y fue la cabeza de un poderoso Estado que  dominó una gran parte de Mesoamérica. El florecimiento de la ciudad se realizó a costa del tributo pagado por los pueblos sometidos a su poder. Por ello, cuando los españoles llegaron a Mesoamérica, numerosas naciones indígenas se aliaron con ellos con el objetivo de poner fin a la dominación tenochca. Cuauhtémoc –último tlatoani de México-Tenochtitlán-   encabezó la resistencia de la ciudad, que cayó el  13 de agosto de 1521 a manos de los españoles y sus aliados indígenas, todos bajo el mando de Hernán Cortés.

 

[iv] La encomienda fue una institución socio-económica mediante la cual un grupo de individuos debía retribuir a otros en trabajo,  especie o por otro medio, por el disfrute de un bien o por una prestación que hubiese recibido.

La institución del Siervo sujeto a un Señorío  estaba establecida en toda Europa. En Castilla y  Aragón durante la Edad Media,   se trataba de territorios, inmuebles, rentas o beneficios pertenecientes a una oden militar a cuyo frente se encontraba un comendador. Constituyeron auténticas circunscripciones de las órdenes.

En América,  con la aplicación de las Leyes de Burgos (fueron las primeras leyes que la Monarquía Hispánica aplicó en América para organizar su conquista,  llamadas así por que se dictaron en la Ciudad de Burgos el 27 de diciembre de 1512) se pretende limitar los abusos de los españoles sobre la población indígena, se buscaba que el encomendero ( era aquel que por merced real se le entregaban pobladores originarios encomendados) tuviera obligaciones de trato justo: trabajo y retribución equitativa y que evangelizara a los encomendados. Sin embargo, a partir de la  secularización del imperio español, estas obligaciones fueron omitidas transformándose la encomienda en un sistema de trabajo forzado para los pueblos originarios en favor de los encomenderos.

 

[v] La insurrección se enciende en Valladolid, con la junta soberanista instaurada en 1809, en la cabecera de la Intendencia de Michoacán, actualmente Morelia y que para entonces formaba parte de la Nueva España.

[vi] La conspiración de Querétaro consistió en el movimiento clandestido nacido en la ciudad de Santiago de Querétaro en 1810 y constituye el antecedente inmediato de la Independencia de México. Una de las figuras más sobresalientes en la Miguel Hidalgo y Costilla y Doña Josefa Ortiz de Domínguez y Doña  Leona Vicario que dedicaron su fortuna y su vida a la causa de la independencia de México.

 

[vii] El imperio Mexicano fue el Estado independiente que surgió tras la independencia de la Nueva España. Adoptó el régimen monárquico, durante su breve duración se firmó el tratado de Córdoba en 1821 y termina con la proclamación de la República Federal en 1823. El imperio Mexicano estuvo constituido por los antiguos territorios del virreinato de Nueva España con excepción de las capitanías generales de Cuba, Santo Domingo y Filipinas, las provincias de la Capitanía General de Guatemala que se le anexaron.

[viii] La Real Audiencia era el máximo órgano de impartición de justicia en Castilla, creado por Enrique II en 1369. Los jueces que la integraban se llamaban oidores, algunas disponían de canciller y eran depositarias de sello real y podían llamarse Chancillería Real, funcionaba tanto en la Península como en las colonias.

[ix] Mesoamérica es la región del continente americano que comprende la mitad meridional de México, los territorios de Guatemala, El Salvador, Belice, el occidente de Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Esta región es un área definida por la cultura, vio el desarrollo de civilización originaria de la región en el escenario caracterizado por una gran diversidad étnica y lingüística.

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