Los acervos documentales y la investigación: www.cdmujeres.net

marzo 7, 2015 at 6:47 pm (Uncategorized)

Anarella Vélez Osejo

 

Hasta ahora han sido básicamente las feministas quienes, a partir de la lectura de La Habitación Propia de Virginia Wolff y el Segundo Sexo de Simone de Beauvoir, comenzaron a construir la memoria feminista y a abordar la problemática de las mujeres aislándola de la situación de los hombres, con el respectivo trabajo conceptual que explica la compleja situación de las mujeres, trabajo que ha sido sistemático en las más recientes décadas.

Yo comparto la opinión acerca de que casi ningún suceso ha quedado sin ser registrado sobre papel o cualquier otro soporte documental, en donde quedan acopiadas las distintas efemérides que conforman la vida cotidiana. La actividad de Historiar no puede divorciarse de este principio, la investigación científica es la productora y la consumidora más importante de información.

En ese contexto, simultáneamente, es fundamental productora de documentación, por ello no puede realizarse ninguna labor que implique el desarrollo científico sin recurrir a las fuentes necesarias, debidamente atesoradas en las instituciones dedicadas a ello. Sin la existencia de los espacios creados para la conservación –temporal o definitivamente– de esa documentación, las investigadoras habríamos perdido nuestro más importante insumo para historiar y para garantizar el progreso de la ciencia y de la cultura.

Es por ello que los organismos responsables de la creación y fortalecimiento de aquellos espacios que conservan el patrimonio documental destacan por su participación en el proceso de la producción de conocimiento científico. Esto es todavía más importante cuando se trata de la cultura producida por las mujeres.

Aquí cabe preguntarse ¿cómo abordar el problema de la intervención de las mujeres en el proceso de creación cultural y en los procesos sociales? En la medida que se han ido creando los acervos documentales, en tanto que constituyen el soporte de las actividades de las mujeres, se ido profundizando en las respuestas a las típicas preguntas que nos hemos venido haciendo a partir del siglo XX. Cuestionamientos que hemos ido desglosando en otras interrogantes más: ¿cuáles han sido las aportaciones femeninas a la cultura? ¿por qué han sido escasas?

También seguimos preguntándonos  ¿la producción cultural de las mujeres y su participación social tiene algo de específico que las distinga de las masculinas? Sabemos que solo podemos llegar a conclusiones autónomas recurriendo a nuestras propias rutas e ideas, concebir nuestra labor particular para llegar a lo más hondo y fundamental que explique la participación de ellas en la cultura. Para ello hemos construido nuestra propia teoría de los valores sociales, hemos descrito nuestro espíritu para luego describir y comprender nuestra cultura.

Sin duda alguna, el proceso de apropiación de los valores femeninos, con su existencia propia y con su independencia de la sujet@,  se iniciado y  no hay vuelta atrás.

Además, ahora sabemos que tanto la producción de la cultura como sus registros han sido androcéntricos: el pensamiento dominante en nuestra cultura niega a las mujeres y eso tiene consecuencias en todo el ámbito cultural, tanto en la producción misma de cultura como en el conocimiento de la misma. La exclusión de la participación de las mujeres en el ámbito publico explica el predominio masculino en ese espacio.

El poco reconocimiento de la presencia de las mujeres en las luchas sociales, en las ciencias sociales, las humanidades, las artes y las letras también nos ayuda a comprender por qué para las mujeres éstos han sido medios secundarios para lograr la trascendencia espiritual, pues sobre todo se las ha educado para alcanzar esa trascendencia a través de la maternidad y el matrimonio, y éstas se han convertido en una vía construida para que sea el privilegio propiamente femenino.

De ahí, que uno de los problemas que debemos enfrentar las investigadoras feministas sea la relativa y casi inexistente fondo documental especializado, ya que se ignora dónde se conservan y cómo están organizados. Por eso es tan urgente confeccionar un mapa que permita ubicar y cuantificar la documentación existente, y que el mismo consigne la existencia de fondos archivísticos o colecciones documentales especializados, su ubicación, su contenido, su respectiva cronología, el volumen.

También se deben organizar de acuerdo a los distintos soportes de información, lo que implica la elaboración de índices documentales con la información desagregada de la participación de las mujeres en los procesos sociales y culturales. Sólo de esta manera podrá garantizarse la conservación del patrimonio documental necesario para la producción de conocimiento acerca de su participación en esos procesos. Por otra parte es importante proporcionar nombre a los fondos y ejecutar el proceso técnico necesario para establecer el estado de conservación de los mencionados documentos y desarrollar políticas que permitan superar el estado de los estudios desde las individualidades.

También es esencial combinar las técnicas tradicionales de recuperación documental con las tecnologías más recientes como las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones TIC, Tecnologías del Aprendizaje y el Conocimiento Las Tecnologías para el Empoderamiento y la Participación TEP. Crear las condiciones para consolidar la memoria feminista de las mujeres a fin de que la dialéctica de la acción y el pensamiento comprometidos con la búsqueda crítica de respuestas a las preguntas antes mencionadas.

Todos estos son motivos para considerar que la documentación se vuelve urgente, no debemos olvidar que es imposible realizar investigación feminista si no se cuenta con estos acervos debidamente organizados y puestos en condiciones para estudiarlos. Esa es nuestra manera de favorecer el cambio social, económico, político y cultural, condición ineludible para la progresión del pensamiento crítico feminista.

Sin embargo, para nosotras, investigadoras y feministas, es de suma importancia la creación y mantenimiento de Centros de Documentación con visión feminista, pues de esa manera se crea la oportunidad real de acceder a la información necesaria para construir una nueva narrativa historiográfica en la que no se invicibilice a la mitad de la población del universo. La existencia de los CD también son imprescindibles para poner en ejercicio el importante derecho humano a la información. Por ello agradecemos a Eva Urbina, al CDM y al CEM-H por este maravilloso esfuerzo llamado http://cdmujeres.net/

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