1944: la oposición de las mujeres al Cariato.

noviembre 6, 2019 at 12:41 pm (Uncategorized)

 

Anarella Vélez

El “Cariato” es el nombre con el que se conoce al período de gobierno dictatorial ejercido por Tiburcio Carías Andino (1933-1949). Carías Andino fue sucedido en  1950 por su ministro de Gobernación Juan Manuel  Gálvez. Esta dictadura se da en un contexto internacional marcado por la política norteamericana hacia latinoamérica regida por la doctrina Moroe y el Corolario de Roosevelt[1]. Estas décadas también están signadas por crisis económica mundial desatada en 1932 y por la Segunda Guerra Mundial.

En Centro América, particularmente en Guatemala, el  general Jorge Ubico, quien ascendió al poder en 1931, se había convertido en un dictador y era repudiado por su pueblo. En junio de 1944, un poderoso sentimiento de oposición al represivo régimen del dictador comenzó a manifestarse. El movimiento se inició entre los estudiantes y profesores de la Universidad de San Carlos. Se enfrentaron a quien el semanario “Time”  describió cómo un admirador de la sangrienta purga que Hitler provocó en 1934 y citaba sus palabras: “yo soy como Hitler, primero ejecuto y después organizo el proceso.  Con  la II Guerra Mundial ciertos cambios empezaban a debilitar la posición de Ubico.  El dictador militar que había soñado con seguir en el poder durante numerosos años más, abdicó al fin y dejó al país el 1 de julio de 1944.

En El Salvador, Maximiliano Hernández Martínez [1](San Matías, El Salvador, 20 de octubre de 1882 – Hacienda Jamastrán, Danlí, Honduras, 15 de mayo de 1966) el militar y dictador  (1931-1944), usurpó la presidencia tras un golpe de Estado. La paciencia del pueblo salvadoreño se agotó y a partir del 26 de abril de 1944, los estudiantes universitarios impusieron una huelga parcial, seguidos por los estudiantes de educación media, los maestros, los empleados de teatro, las vendedoras de los mercados, los profesionales, y exactamente un mes después del alzamiento militar, el 2 de mayo de 1944, rebeldes civiles impidieron que los ferrocarriles de la capital operasen, dando inicio oficial a lo que se conoce como “la huelga de brazos caídos”. Durante la huelga no hubo producción alguna, por lo cual la presión nacional e internacional creció hasta el punto de obligar al dictador a deponer su cargo, la renuncia fue anunciada por el mismo mediante un comunicado radial el 9 de mayo de 1944

En este escenario internacional,  la dictadura de Carías se mantenía por la fuerza y la represión;  castigar y perseguir,  con destierro, cárcel o muerte, fue la fórmula impuesta a quienes se oponían a las condiciones económicas y sociales imperantes en el país, se despertó un movimiento social contra la dictadura.

En el mes de mayo de 1944, tras 11 años de férrea y feroz dictadura,  en la ciudad de Tegucigalpa se iniciaron una serie de protestas protagonizadas por las mujeres liberales. El historiador Lucas Paredes,  registra que el 29 de mayo hubo una manifestación de mujeres contra la dictadura quienes demandaban libertad para los presos políticos. Una gran movilización se desarrolló  el 4 de julio, ésta  fue encabezada por  un nutrido grupo  de mujeres,  y a ella se sumaron los opositores al régimen. Con el argumento de ir a dejar flores a la embajada de los Estados Unidos, el 04 de julio, celebración de su independencia, caminó Emma de Bonilla (viuda del ex presidente del Partido Liberal, Policarpo Bonilla -1894-1899-), su hija Emma, la profesora Visitación Padilla “Choncita” –actualmente Heroína Nacional-, Lolita Reina de Watson, Paula Valentine de Callejas, la escritora Argentina Díaz Lozano, la niña Prisca Ugarte, las hermanas Girón y otras mujeres  que iniciaron la movilización desde el centro capitalino.

En Tegucigalpa “Comenzó a marchar la manifestación en completo silencio, portando solamente banderines liberales y uno que otro cartón pidiendo la liberación de los reos políticos”, relata Emma Bonilla en su  testimonio. En el camino se juntaron los estudiantes universitarios y la multitud era enorme, llenando las calles entre el parque central y el parque Valle.

Se proponían que, si las movilizaciones sociales no obligaban a renunciar a el dictador nacionalista, ya que  la oposición llegó a reunir a miles de manifestantes, sostendrían una huelga de brazos caídos hasta el 14 de julio, aniversario de la toma de la Bastilla (Francia). Por esta razón el 5 de julio se organizó un Comité de Huelga donde había médicos, ingenieros, profesores, obreros y artesanos, unidos para la liberar la patria del dictador.

La manifestación se desarrolló  en calma, pasaron por la Embajada de El Salvador, país que había derrocado la dictadura. Las mujeres caminaban por la calle y los hombres por las aceras. No hubo ninguna amenaza, la “Mancha Brava” de las mujeres nacionalistas no les impidió manifestarse, tampoco hubo presencia la policía de Carías, según el relato de Bonilla, plasmado en el escrito de Marvin Barahona en el libro “Honduras en el siglo XX” una síntesis histórica.

Ellas demandaban “Deje el poder señor Presidente, porque su gobierno es inconstitucional e impopular. Déjelo por el bien de los hondureños, de la Democracia, de la Civilización y de la justicia”, exigían las y los universitarios en  1944, al dictador nacionalista Tiburcio Carías Andino.

Estas peticiones requerían un “programa mínimo” para lograr la renuncia de Carías, convocar a elecciones libres, la libertad de los presos políticos y militares, retorno de los exiliados, la libertad de prensa, el respeto a los derechos ciudadanos y la reforma de la Constitución de la República de 1936.

A la movilización social del 4 de julio, siguió la protesta del 06 de julio en San Pedro Sula, y mientras el doctor Peraza –nacionalista adversario a Carías- pronunciaba su discurso, expresó: “Pueblo sampedrano, habéis dado una muestra más de verdadero civismo; la patria os lo agradece, viva Honduras!”.

Estas últimas palabras fueron seguidas por un disparo ejecutado por el mayor Ángel Funes, proyectil que le quitó la vida a el periodista Alejandro Irías. Esa fue la señal para que la policía comenzara la masacre con sus ametralladoras de mano, fusiles y pistolas. Dispararon directamente sobre la multitud durante unos diez minutos. La manifestación pacífica fue sangrientamente disuelta por los órganos represivos de la dictadura posicionada estratégicamente en las azoteas de los edificios vecinos, disparando indiscriminadamente a la multitud integrada por hombres, mujeres y niños, que frente a las nutridas descargas de fusilería, corrían a refugiarse en los edificios vecinos, dejando sobre el pavimento a más de 70  muertos y más de 125 heridos, de todos los sexos y edades según el  relato Arturo Rendón Pineda, quien tenía entonces 13 años de edad.

Una lista incompleta de las y los caídos  se ha ido elaborando, inicialmente con 31 nombres recuperados de un documento semidestruidos recabados por Tornas Erazo, nombres aparecidos en un campo pagado por Héctor Lara Rivera fue publicado en julio de 1994 y se ha enriquecido con el testimonio del Dr. José Antonio Peraza:

1-Alejandro Irías

2- Antonia Collier

3- Irene Santamaría

4- Enrique Suncery

5- Concepción Vda. de Gálvez

6- Frailan Valladares

7- Luis Santos

8- Taurino Bustamante

9- Emilio Fuentes

10-Enrique Tinoco

11-José Martínez

12-Ramón Rápalo

13-Ángel Bardales

14-Luis Barahona

15-Noé Barátala

16-JoséAlvarez

17-Graciela Gonzáles

18-AnadeHowell

19-Lorena Carias

20- Carmen Castañeda

21-Raúl Barahona

22- Francisco Botto

23- Cruz Castillo

24- Amilcar Flores

25- Luis Mejía

26- Antonio Doblado

27- José Cáceres

28- Miguel Mejía

29- Antonio Cervantes

30- José Villanueva

31-Amadeo Botto

32- Nena Santamaría

33- Saúl Barahona

34- Emilio Cáceres

35- Mercedes Morales

36- Héctor Lara Mejía

37- Guadalupe Sarmiento

38- Alfonso Guzmán

39- Miguel R. Mendoza

40- Francisco Paredes Fajardo

41-Emilio Mejía Cáceres

42- Choncita Castillo

Esta fue la respuesta del cariato a las demandas del pueblo,  la masacre  del 6 de julio en San Pedro Sula, a ella siguieron arrestos, persecución y represión contra algunos de los manifestantes,  se cuenta que los asesinatos continuaron incluso durante los sepelios. Hubo toques de queda y persecución, muchas y muchos  se vieron obligados buscar exilio político –para salvarse de una muerte segura– en las residencias diplomáticas de México, El Salvador y Nicaragua.

 

así fueron retirados las y los caídos el 6 de julio de 1944 en San Pedro Sula.

[1] La Doctrina Monroe es el principio de la política exterior de Estados Unidos de no permitir la intervención de las potencias extranjeras en los asuntos internos de los países del hemisferio americano. La doctrina Monroe se resume en la frase «América para los americanos». El corolario de Roosevelt es una  “enmienda” a la Doctrina Monroe por parte del presidente de los Estados Unidos de América Theodore Roosevelt. Con la transformación de la Doctrina de Monroe consideraría a América Latina y el Caribe como territorio para expandir los intereses comerciales de los Estados Unidos en la región, adicional a su propósito original, de mantener la hegemonía europea fuera del hemisferio.

El corolario fue formulado ante el Congreso en el Discurso del Estado de la Unión del 6 de diciembre de 1904, una vez que las potencias europeas (Alemania, Inglaterra e Italia) habían amenazado con el Bloqueo Naval a Venezuela de 1902-1903. El motivo de la acción bélica fue cobrar por la fuerza el pago de una deuda contraída por el gobierno de Venezuela en las últimas décadas del siglo XIX, sin embargo el bloqueo fue levantado después de someterse las partes a un arbitraje bajo presión del mismo Roosevelt.

Tras la muerte del dictador, se le dio su nombre a una brigada de exterminio anticomunista, que funcionó como escuadrón de la muerte. Con su mandato, se iniciaron más de cinco décadas de gobiernos militares que desembocarían, entre otras cosas, en una guerra civil. De su tumba han sido retirados su nombre y toda señal histórica.

Han sido señalados como responsables directos de este crimen: Juan Manuel Gálvez, Ministro de la Guerra. Ángel Fúnez, famoso por los asesinatos de Jano, Olancho. Agustín Tabora, de antecedentes delictuosos conocidos. Ramón Rosa Galeano, pseudo periodista al servicio de la dictadura Los dos Andino (padre e hijo), el primero calificado como responsable de masacres   en los Valles de Quimistán. Ramón Discua, abogado y ex juez de lo criminal, gobernador político de Cortés. Donoso Cubero, Director de la Policía local y Alfredo Zepeda, Ing. al servicio de la tiranía, Comandante de Armas.

 

[1]  Maximiliano Martínez Hernández, tras la renuncia del dictador a la primera magistratura, huyó vía terrestre a Guatemala, donde fue recibido por su hermano Guadalupe, luego se movió hacia Estados Unidos, para finalmente trasladarse a Honduras. Ahí fue ajusticiado por Cipriano Morales, su motorista, quien le asestó 17 puñaladas. El homicidio se perpetró en el comedor de su residencia en Honduras, el 15 de mayo de 1966.

 

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