Antonio Maceo Grajales en la construcción de la institucionalidad de Honduras.*

junio 16, 2020 at 4:47 am (Uncategorized)

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Anarella Vélez

 

 

“Quien intente apoderarse de Cuba solo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”.

 

“La libertad se conquista con el filo del machete: que no se pide y mendigar derechos es propio de cobardes”

Antonio Maceo

 

 

 

Desde Oriente hasta Occidente

trajo en un hilo colgada

la espada de la vida

que una bala quebró una tarde

en extraña sorpresa,

dejándolo en la tierra prometida

para crecer en la historia

como símbolo de rebeldía.

 

JUAN ALMEIDA

 

Hoy nos convoca Antonio Maceo,  en esta ocasión rememoramos el 175 aniversario de quien nació el 14 de junio de 1845 en la ciudad de San Luis, Santiago de Cuba. Maceo es uno de los actores de la historia cubana que permanece vivo y presente en la memoria de su pueblo. Es considerado un maestro en la táctica militar que destacó por ser un combatiente de primera línea y jefe querido y prestigiado.

Mariana Grajales Coello es el nombre de la madre de Antonio, ella nació de la pareja de pardos libres formada por José Grajales Matos y Teresa Cuello Zayas, el 12 de julio de 1815, en la ciudad de Santiago de Cuba, Falleció el 27 de noviembre de 1893.

Mariana es ejemplo para las mujeres cubanas, de su vientre nacieron 14 hijos, a todas y todos ellos les formó para que defendieran con pasión la libertad. Ella es un paradigma para las cubanas y las latinoamericanas de hoy, por su ejemplo de entrega a la causa y el amor sin límites que profesó a la progenie de patriotas que trajo al mundo.

Con el histórico alzamiento del 10 de octubre de 1868, Mariana hizo jurar a su esposo Marcos e hijos mayores que liberarían a la Patria o morirían por ella. La mayoría de los varones se incorporaron a la manigua, mientras las mujeres con la madre al frente, marcharon a curar enfermos y heridos.

No hubo debilidades en esta mujer portentosa de temple de acero, cuando conoció  la caída de sus seres más queridos que combatieron decididamente a las tropas españolas y le fueron devueltos con profundas heridas o casi moribundos. Su espíritu abolicionista e independentista se expresó una y otra vez. Así aconteció cuando le enviaron a su hijo Antonio con una bala en el pecho.  En esa ocasión se dirigió a uno de sus hijos menores ahí presente –Marcos-  y le manifestó: “(…) y tú, empínate, porque ya es hora de que te vayas al campamento”.

El temple y carácter de Maceo fue forjado por su madre Mariana y hoy su imagen y simbolismo se encuentra por dondequiera pues su vida es ejemplar. Con tan solo 23 años se unió a la gesta independentista cubana de 1868, liderada por el Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes. Por esa vida entregada a la  libertad de la patria le relacionamos  con la eterna primavera.

Maceo fue un combatiente incansable, se calcula que participó en mas de 600 operaciones épicas de la lucha  contra la opresión del pueblo cubano. Su cuerpo quedó signado por 26 cicatrices de guerra, de las cuales 21 las recibió en la contienda del 68, pero estando aún abiertas las heridas volvía a la batalla. Para él la palabra lucha no fue un adorno, fue el origen y lo divino para su  columna de avanzada.

La Guerra de los Diez Años o guerra del 68 –1868-1878–, fue la primera de las tres guerras de independencia ocurridas en Cuba durante la segunda mitad del siglo XIX. Todas ellas con la finalidad de lograr la independencia de Cuba que aún era colonia de la  metrópoli española. Fueron diez años en los que Maceo enfrentó al imperio español con fiereza y arrojo y así se ganó el apelativo de Titán de Bronce, blandió el machete con la fuerza que provenía de sus altas convicciones libertarias.

El pacto del Zanjón culminó con un tratado de capitulación en cuyas  bases se estipulaban las condiciones para poner fin a la Guerra de los Diez Años. Éste fue suscrito el 10 de febrero de 1878 por algunos de los dirigentes militares y políticos cubanos. Maceo reconoció el engaño, vio cómo la flor de la esperanza de su pueblo era mancillada y sus pétalos deshojados. Por eso respondió  al armisticio volviendo al combate y su Protesta de Baraguá, así denunció que aquel pacto no garantizaba el fin del coloniaje y la esclavitud.

Maceo transformó la capitulación del Zanjón en la tregua fecunda. Tras la tempestad se vió obligado a abandonar la isla.  El exilio lo llevó a  Honduras en junio de 1881. El marco de la Reforma Liberal liderada por el Presidente Marco Aurelio Soto y su secretario de Estado Ramón Rosa, abanderados de la  modernización del Estado ofrecían las condiciones necesarias para continuar la labor de mejorar a nuestra América. En tales circunstancias contribuyeron –él y  otros asilados cubanos y dominicanos– a renovar el Estado de Honduras.

Maceo enfrentó la pena dura de la expatriación ejerciendo  funciones importantes con la pasión que le caracterizaba, tanto durante el gobierno de Soto como en el primer año de la gestión de Bográn. El 20 del mismo mes de junio de 1881 se sumó al ejército hondureño con grado General y le fue conferido el cargo de jefe de Guarnición de la ciudad de Tegucigalpa. Los reformadores liberales le reconocieron en toda su valía y en marzo de 1882 le nombran jefe suplente del Tribunal Supremo de Guerra y en julio de ese mismo año fue designado comandante en Puerto Cortés y Omoa, Lugarteniente, General y Secretario de Defensa.

El destierro fue menos amargo pues el gobierno de Soto inauguró un periodo de estabilidad política, que prosiguió hasta inicios del siglo XX. Para él fue un regalo del destino contribuir con la profesionalización de un ejército que jugaría un rol esencial para lograr la paz. La anarquía que había dominado el escenario en Honduras entre la disolución de la Federación y la llegada de la Reforma explicaba atraso material de la nación, en consecuencia, se organizó un ejército que fungiera al servicio del Estado. Instituyeron el servicio militar obligatorio en 1878 y en 1879 se calculaba que contaba en sus filas con cerca de 20,000 milicianos. La contratación de los generales y héroes cubanos Máximo Gómez y Antonio Maceo hizo posible el éxito en la constitución de un ejército nacional, el cual fue complementado con la emisión de un Fuero Militar.

En el contexto de la tregua  no dejó de  conspirar,  de preparar y organizar  la nueva etapa  del proceso independentista de Cuba, ahora al mando de José Martí. En Honduras Maceo formó parte del denominado Campamento Mambí el cual estuvo constituido por un prominente  grupo de patriotas abolicionistas e  independentistas que hicieron de este país su segunda patria, a todos ellos les unía el fuego, la pasión, el fervor patrio.

De esta época data la carta que Maceo escribió desde San Pedro Sula a José Dolores Poyo, director del periódico El Yara, en Cayo hueso, escrito en el que expresa su rechazo contundente a la anexión de Cuba a Estados Unidos. La idea de la anexión  era promovida por un grupo de hacendados cubanos. En la carta a Poyo afirmaba:

 

“Cuba será libre cuando la espada redentora arroje al mar (a) sus contrarios (…) Pero quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, sino perece en la lucha”.

 

Los integrantes del Campamento Mambí sortearon diversas dificultades, una ellas era la lentitud de las comunicaciones propia de aquel tiempo, otra tenía que ver con las acciones del imperio español para que los revolucionarios cubanos  permanecieran alejados de Cuba; así mismo, hicieron frente a las duras condiciones económicas del momento. Encararon penurias materiales pues el gobierno hondureño carecía de posibilidades de proporcionar sueldos  meritorios a sus funcionarios.

En este contexto Maceo, al igual que todos los que formaron parte de aquel grupo extraordinario de exiliados cubanos, no cesó en sus afanes para lograr sistematizar y planificar su retorno. En 1883 discutían cómo cambiar el curso de la historia cubana, cómo transformar la situación en Cuba y alcanzar la independencia, si sería factible regresar y reiniciar la lucha armada. Mantenía  comunicaciones con José Martí como en un oleaje que elevaba su existencia, de este tiempo nos quedan registros de las reuniones sostenidas entre Máximo Gómez con Flor Crombet, quien estaba encargado de instruir a los cubanos en los preparativos del retorno a Cuba y traer las cartas de Martí con las peticiones sobre la guerra de independencia.

En 1884 Antonio Maceo se encontraba radicado en Puerto Cortés,  leal compañero de Máximo Gómez le apoyó en la redacción de las líneas principales de un documento conocido como “La Independencia Número Uno”.   Este escrito limpio y sin trampas, pero cargado de utopías llegó a José Martí y a los cubanos asilados en Nueva York, más tarde se convirtió en uno de los fundamentos principales del formidable Manifiesto de Montecristi, que después sería el programa de la revolución de 1895.

La permanencia del Titán en suelo hondureño se extendió hasta 1884. Es importante señalar que el asilo de Maceo en nuestro país fue posible gracias a varios factores,  en gran parte respondió al apoyo solidario de parte de los gobernantes hondureños, francamente anti colonialistas, empero,  también existieron gestiones del gobierno español para mantener distanciado al  Titán de bronce,  apartado de las luchas independentistas en el mismo territorio de Cuba.

De 1884 a 1896 Maceo dedicó cada día de su existencia a trabajar en el  desarrollo de un plan de guerra que lograra la  independencia de Cuba del imperio colonial. El mismo que le llevaría gozar de la tierra que amaba y acabar con el exilio que le desgarraba hasta el delirio.

En 1895 se inicia la tercera y definitiva guerra que les conduciría a la ruptura con España. Maceo Falleció el 7 de diciembre de 1896 en la batalla por la libertad de Cuba  en San Pedro, Punta Brava, cayó en combate.

Conmemorar la vida de Antonio Maceo es para la ciudadanía hondureña un acto de justicia histórica. Los aportes del pueblo cubano a la  historia hondureña demandan que rindamos un homenaje a su contribución solidaria con nuestro pueblo, la cual tiene registros a partir de 1876.

Ofrecemos un homenaje a la memoria de Maceo y la extendemos a toda el pueblo cubano  que no conoce barreras ni fronteras en la solidaridad, así ha estado presente durante los desastres naturales que nos han aquejado y en cada momento que ha sido necesario, como ocurre ahora mismo, en que médicos cubanos nos prestan su auxilio. Para quienes importa más la vida y la defienden en un país que esta sufriendo el flagelo de la violencia y otras calamidades, aquí dan, comparten conocimientos y experiencias irremplazables, por su fervor,  Gracias.

 

 Recomiendo escuchar: 

https://www.youtube.com/watch?v=1NUQ_1nWmkc  General Antonio Maceo

 

  • Texto leído en reunión virtual organizada por la AAHC el 14 de junio de 2020 para rendir homenaje a Antonio Maceo Grajales en el 175 aniversario de su nacimiento. En esta misma ocasión participó el Dr. Víctor Manuel Ramos con una disertación acerca de Ernesto Guevara en el 92 aniversario de su nacimiento.

 

 

 

 

 

 

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