6.6. Unidad II. La Crisis del Imperio Colonial.

La crisis del sistema imperial y las reformas borbónicas

A comienzos del siglo XVIII, una nueva dinastía llegó al trono de España. Los cambios que se llevaron a cabo tuvieron hondas repercusiones en la península y en las colonias.

Reforma y recuperación  durante el Imperio de los Borbones: (1713–1806)

Cambio de dinastía

El nuevo rey, Felipe V,  no fue excesivamente bien recibido en España, aparte de los retrasos en su entrada en Madrid por el mal tiempo y las continuas recepciones, los cortesanos comenzaron a ver que era abúlico, casto, piadoso, muy seguidor de los deseos de su confesor y melancólico, redactándole una coplilla:

Anda, niño, anda,

Porque el cardenal lo manda

Anda, niño, anda,
Porque el cardenal lo manda
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Felipe V de España

Pero Felipe V no tenía intención de acaparar España para él y sus allegados como pretendió hacer Felipe el Hermos,  él quería ser un buen monarca pese a las muchas diferencias que tenía con su nuevo pueblo. Tanto es así que tras el famoso discurso que pronunció el marqués de Castelldosrius, embajador de España en Francia, Felipe no comprendió nada, ni siquiera la famosa frase «Ya no hay Pirineos»; porque no sabía español y fue su auelo Luis XV quien debió interceder por él; pero al finalizar su réplica al embajador, el Rey Sol le dijo al futuro rey «Sed un buen español». Aquel joven de 17 años cumplió toda su vida con aquel mandato.

El deseo de las otras potencias por España y sus posesiones no podía quedar zanjado con el testamento real. Por lo que los confrontamientos eran casi inevitables; el Archiduque Carlos de Austria no se resignó, lo que dio lugar a la Guerra de Sucesión de 1702 a 1713.

Esta guerra y las negligencias cometidas en ella llevaron a nuevas derrotas para las armas españolas, llegando incluso al propio territorio peninsular. Así se perdió Orán, Menorca  y la más dolorosa y prolongada: Gibraltar , donde había únicamente 50 españoles defendiéndolo contra la flota anglo-neerlandesa.

Felipe V no estaba preparado para dirigir el imperio más grande de aquel momento y él lo sabía; pero también sabía rodearse de las personas más preparadas de su época. Así los monarcas Borbones y los hombres que vinieron con ellos trajeron un proyecto para el Imperio español y un deseo de fundirse con él; por ejemplo Alejandro Malaspina   decía que se sentía «Un italiano en España y un español en Italia», Carlos III mandó esculpir estatuas de todos los reyes y dignatarios españoles desde los visigodos como heredero que se sentía de ellos, el Marqués de Esquilache  se molestaba cuando los nobles españoles no le tuteaban como era la costumbre o, por las tardes, tomaba chocolate, tradición que diferenciaba a la corte española de otras europeas; pero el más claro quizá fuese Felipe V delante de su abuelo Luis XIV, cuando tenía ante sí una posibilidad en el futuro de volver a Francia como rey de un país en auge en lugar de otro en decadencia como era España, dicen que respondió:

Está hecha mi elección y nada hay en la tierra capaz de moverme a renunciar a la corona que Dios me ha dado, nada en el mundo me hará separarme de España y de los españoles.

Cesiones por el tratado de Utrecht

Con el  Tratado Utrecht de 11 de abril de 1713, las potencias europeas decidían cuál iba a ser el futuro de España en cuanto al equilibrio de poder. El nuevo rey de la casa de Borbón Felipe V, mantuvo el imperio de ultramar, pero cedió Sicilia y parte del Milanesado a Saboya; y Gibraltar y Menorca a Inglaterra y los otros territorios continentales (los Países Bajos españoles, Nápoles, Milán y Cerdeña) a Austria. Además significó la separación definitiva de las coronas de Francia y España, y la renuncia de Felipe V a sus derechos sobre el trono francés. Con esto, el Imperio le daba la espalda a los territorios europeos. Asimismo, se garantizaba a Inglaterra el tráfico de esclavos durante treinta años .

Felipe V  y La reforma del Imperio

Con el monarca Borbón se modificó toda la organización territorial del Estado con una serie de decretos llamados Decretos de nueva Planta, con los que se  eliminaba fueros y privilegios de los antiguos reinos peninsulares y unificándose todo el Estado Español al dividirlo en provincias llamadas  Capitanías Generales a cargo de algún oficial y casi todas ellas gobernadas con las mismas leyes; con esto se consiguió homogeneizar y centralizar el Estado Español utilizando el modelo territorial de Francia.

Por otra parte con Felipe V llegaron ideas mercantilistas francesas basadas en una monarquía centralizada, puesta en funcionamiento en América lentamente. Sus mayores preocupaciones fueron romper el poder de la aristocracia criolla  y también debilitar el control territorial de la Compañía de Jesús  los jesuitas fueron expulsados de la América española en 1767. Además de los ya establecidos consulados de Ciudad de México y Lima, se estableció el de Vera Cruz.

Entre 1717 y 1718 las instituciones para el gobierno de las Indias, el Consejo de Indias y la Casa de Contratación, se trasladaron de Sevilla   a Cádiz, que se convirtió en el único puerto de comercio con las Américas.

Los órganos ejecutivos fueron reformados creando las secretarías de estado que serían el embrión de los ministerios. Se reformó el sistema de aduanas y aranceles y el contributivo, se creó el catastro (pese a no llegar a reformarse totalmente la política contributiva) se reestructuró el Ejército de Tierra   en regimientos en lugar de en tercios…; pero quizá el gran logro fue la unificación de las distintas flotas y arsenales en la Armada.  A estas reformas se dedicaron hombres como José Patiño, José Campillo o Zenón de Somodevilla,   que fueron ejemplos de meritocracia y algunos de los mejores expertos en material naval de su época.

A estas reformas le siguió una nueva política expansionista que buscaba recuperar las posiciones perdidas. En 1717 la armada española recobró Cerdeña y Sicilia, que tuvo que abandonar pronto ante la coalición de Austria, Francia, Gran Bretaña y los Países Bajos, que vencieron en Cabo Pessaro. Sin embargo la diplomacia española, apoyada por los Pactos de Familia con sus parientes franceses, lograría que la corona del Reino de las Dos Sicilias recayera   en el segundo hijo del rey español. La nueva rama dinástica sería conocida posteriormente como Borbón-Dos Sicilias.

El siglo XVIII : Las guerras coloniales durante

Fortaleza de San Felipe de Barajas en Caartagena .  En 1741 una enorme flota británica liderada por el Almirante Verno fue  derrotada por las fuerzas españolas de Blas de Lezo que   defendían este fuerte.

Una de las victorias españolas más importantes de todo el periodo colonial en América, y sin duda la más trascendente del Siglo XVIII, fue la de la Batalla de Cartagena de Indias en   1741 en la que una colosal flota de 186 buques ingleses con 23.600 hombres a bordo atacaron el puerto español de Cartagena de Indias (hoy Colombia).   Esta acción naval fue la más grande de la historia de la marina inglesa,   y la segunda más grande de todos los tiempos después de la Batalla de Normandía.   Tras dos meses de intenso fuego de cañón entre los buques ingleses y las baterías de defensa de la Bahía de Cartagena y del Fuerte de San Felipe de Barajas, los asaltantes se batieron en retirada tras perder 50 navíos y 18.000 hombres. La acertada estrategia del gran almirante español Blas de Lezo  fue determinante para contener el ataque inglés y lograr una victoria que supuso la prolongación de la supremacía naval española hasta principios del siglo XIX. Tras la derrota, los ingleses prohibieron la difusión de la noticia y la censura fue tan tajante que pocos libros de historia ingleses contienen referencias a esta trascendental contienda naval. Incluso en nuestros días poco se sabe de esta gran batalla, frente al muy conocido episodio de Trafalgar o incluso al de la Armada invencible.

España también se enfrentó con Portugal por la Colonia del Sacramento   en el actual Uruguay, que era la base del contrabando británico por el Río de la Plata. En 1750 Portugal cedió la colonia a España a cambio de siete de las treinta reducciones guaraníes  de los jesuitas en la frontera con Brasil. Los españoles tuvieron que expulsar a los jesuitas, generando un conflicto con los guaraníes que duró once años.

Bandera del Reino de España, 1785.

El desarrollo del comercio naval promovido por los Borbones en América fue interrumpido por la flota británica durante la Guerra de los siete años Años -1756-1763  en la que España y Francia se enfrentaron a Gran Bretaña y Portugal por conflictos coloniales. Los éxitos españoles en el norte de Portugal se vieron eclipsados por la toma inglesa de La Habana y Manila. Finalmente, el Tratado de París   (1763) puso fin a la guerra. Con esta paz, España recuperó Manila y La Habana, aunque tuvo que devolver Sacramento.    Además Francia entregó a España la Luisiana al oeste del Misisipi, incluida su capital, Nueva Orleáns,   y España cedió la Florida   a Gran Bretaña.

En cualquier caso, el siglo XVIII fue un periodo de prosperidad en el imperio de ultramar gracias al crecimiento constante del comercio, sobre todo en la segunda mitad del siglo debido a las reformas borbónicas. Las rutas de un solo barco en intervalos regulares fueron lentamente reemplazando la antigua costumbre de enviar a las flotas de Indias, y en la década de 1760 , había rutas regulares entre Cádiz, La Habana   y Puerto Rico, y en intervalos más largos con el Rio de la Plata, donde se había creado un nuevo virreinato en 1776.   El contrabando, que fue el cáncer del imperio de los Habsburgo, declinó cuando se pusieron en marcha los navíos de registro.

Uniforme español del ejército de América de 1785 del regimiento veterano de    Cumaná.

En 1777  una nueva guerra con Portugal acabó con el tratado de San Ildefonso,   por el que España recobraba Sacramento y ganaba las islas de Annabon  y Fernando Poo,   en aguas de Guinea, a cambio de retirarse de sus nuevas conquistas en Brasil.

Posteriormente, dos hechos conmocionaron la América española y al mismo tiempo demostraron la elasticidad y resistencia del nuevo sistema reformado: el alzamiento de Túpac Amaru   en Perú en 1780   y la rebelión en Venezuela. Las dos, en parte, eran reacciones al mayor centralismo de la administración borbónica.

En la década de 1780   el comercio interior en el Imperio volvió a crecer y su flota se hizo mucho mayor y más rentable. El fin del monopolio de Cádiz para el comercio americano supuso el renacimiento de las manufacturas españolas. Lo más notable fue el rápido crecimiento de la industria textil en Cataluña, que a finales de siglo mostraba signos de industrialización con una sorprendente y rápida adopción de máquinas mecánicas para hilar, convirtiéndose en la más importante industria textil del Mediterráneo. Esto supuso la aparición de una pequeña pero políticamente activa burguesía en Barcelona.   La productividad agraria se mantuvo baja a pesar de los esfuerzos por introducir nueva maquinaria para una clase campesina muy explotada y sin tierras.

La recuperación gradual de las guerras se vio de nuevo interrumpida por la participación española en la Guerra de Independencia de los Estados (1779-1783),   en apoyo de los Estados sublevados   y los consiguientes enfrentamientos con Gran Bretaña. El Tratado de Versalles de 1783  supuso de nuevo la paz y la recuperación de Florida y Menorca   (consolidando la situación, puesto que habían sido recuperadas previamente por España) así como el abandono británico de Campeche y la Costa de los Mosquitos   en el Caribe. Sin embargo, España fracasó al intentar recuperar Gibraltar después de un duradero y persistente sitio, y tuvo que reconocer la soberanía británica sobre las Bahamas,   donde se habían instalado numerosos partidarios del rey procedentes de las colonias perdidas, y el Archipiélago de San Andrés y Providencia, reclamado por España pero que no había podido controlar.

Mientras, con la Convención de Nutka (1791),   se resolvió la disputa entre España y Gran Bretaña acerca de los asentamientos británicos y españoles en la costa del Pacífico, delimitándose así la frontera entre ambos países. También en ese año el Rey de España ordenó a Alejandro Malaspina buscar en el Paso del Noroeste, conocida como la Expedición Malaspina.

 

El Reino de España hacia 1800

Territorios españoles y de otras potencias en 1800. (Los territorios ingleses incluyen territorios nominalmente poseídos, en el resto, son los territorios controlados de manera efectiva, por ejemplo Brasil y Australia)

Las reformas económicas e institucionales produjeron sus frutos, militarmente hablando, cuando se derrotó a los ingleses durante la Guerra de la Oreja de Jenkins   en su intento de conquistar la estratégica plaza de Cartagena  de Indias.

Como resultado, la España del XVII fue   una potencia de nivel medio en los juegos de poder, sin su antiguo nivel de superpotencia. Su extenso imperio en las Indias le daba una notable relevancia y, aunque era mayor en Europa la importancia de Francia, de Inglaterra o de Austria, aún mantenía la más importante flota del mundo y su moneda era la más fuerte.

A pesar de que el Imperio español no había recuperado su antiguo esplendor, sí se había rehecho considerablemente de los días oscuros de principios de siglo, en los que estaba a merced de otras potencias. El ser un siglo principalmente pacífico bajo la nueva monarquía, permitió reconstruir y comenzar un largo proceso de modernización de las instituciones y la economía. El declive demográfico del XVII se había invertido, aunque fue necesario incentivar las inmigraciones de otros países europeos, fundamentalmente de alemanes y suizos. Pero todo iba a quedar ensombrecido por el tumulto que iba a ocupar a Europa con el cambio de siglo: las Guerra Revolucionarias Francesas y las Guerra Napoleónicas.

Fin del Imperio global (1808–1898)

La Revolución francesa y las Guerras Napoleónicas

Tras la Revolución francesa de 1789, España se   unió a los países que se aliaron para combatir la revolución. Un ejército dirigido por el general Ricardos reconquistó el Rosellón, pero apenas unos años después, en 1794 las tropas francesas les expulsaron e invadieron territorio español. El ascenso de Godoy a primer ministro supuso una política de apaciguamiento con Francia: con l la paz de Basilea de   1795 se logró la retirada francesa a cambio de la mitad de la Española, que  actualmente conocemos como Haití.

El Bucentaures y HMS Sandwich en la Batalla de Trafalgar, en 1805. El El buque británico fue  representado por error por el pintor Auguste Mayer,   pues elSandwich no participó en Trafalgar.

En el año de 1796, el tratado de San Ildefonso supuso la alianza con la Francia napoleónica contra Gran Bretaña,   lo que supuso la unión de sus respectivas fuerzas armadas. El combate naval del cabo de San Vicente   fue una victoria relativa para los británicos, que no supieron aprovechar, aunque en Cádiz y Santa Cruz de Tenerife la flota británica sufrió sendos fracasos. Lo más reseñable fue la pérdida de Isla Trinidad en 1797 y Menorca.  En 1802,  , se firmó la Paz de Amiens,   tregua que permitió a España recobrar Menorca.

Pronto se reanudaron las hostilidades, desarrollándose el proyecto napoleónico de una invasión a través  del  Canal de la Mancha. Sin embargo, la destrucción de la flota aliada franco-española en la Batalla de Trafalgar, en 1805,   arruinó el plan y minó la capacidad de España para defender y mantener su imperio. Tras la derrota deTrafalgar, España se encontró sin una Armada capaz de enfrentarse a la inglesa, y se cortó la comunicación efectiva con ultramar.

Mientras las sucesivas coaliciones eran derrotadas una y otra vez por Napoleón Bonaparte en   el continente, España libró una guerra menor contra Portugal, la Guerra de las Naranjas,  que le permitió anexionarse Olivenza.   En 1800 Francia recobró Luisiana,  Cuando Napoleón decretó el Bloqueo Continental,   España colaboró con Francia en la ocupación de Portugal, país que desobedeció el bloqueo. Así las tropas francesas entraron en el país, acuartelándose unidades en guarniciones de la frontera.

En 1808 Napoleón se aprovechó de las disputas entre el rey español Carlos IV y su hijo, el futuro Fernando VII,   y consiguió que estos le cediesen el trono, de modo que España fue tomada por Napoleón sin disparar ni una bala.

Entonces se produjo el levantamiento popular del 2 de mayo de 1808.   Los españoles rebeldes a Napoleón se desplazaron al sur de España y comenzaron la conocida como Guerra de la Independencia Española   que tendría un momento de optimismo con la derrota de los ejércitos franceses en la Batalla de Bailén  al mando del general Castaños (la primera derrota de un ejército de Napoleón), que los españoles no supieron aprovechar, pues se desmovilizaron a continuación. El posterior contraataque francés capitaneado por Napoleón restableció la autoridad de su hermano José I de España,   al que nombró rey. Los enfrentamientos continuaron, ahora con la aparición de la “guerra de guerrillas ”.   Cuando con la ayuda inglesa España logró expulsar a los franceses, y tras la Batalla de Waterloo,   Fernando VII recuperó el trono, tuvo que enfrentarse con la independencia de las colonias.

La emancipación de las colonias americanas

 

 

Situación del Imperio español en1824  En azul los territorios independizados en la Guerra de Independencia Latinoamericana  (1809–1824).

 

La Revolución Latinoamericana
La reacción Realista     Bajo control independentista     Bajo control independentista     España durante la invasión francesa     España bajo la revolución liberal

Después de sucesivas insurrecciones a lo largo de toda la era colonial desde el seno de la propia monarquía se formulan proyectos españoles para la independencia de América,   sin embargo la independencia Latinoamericana comenzó a desencadenarse cuando emergen las disputas por el trono entre el rey español  Carlos IV y su hijo, el futuro Fernando VII, que fueron aprovechadas  por Napoleón para intervenir e imponer las llamadas “Abdicaciones de Bayona”  de 1808,   por las cuales ambos renunciaron sucesivamente al trono de España en favor finalmente de José Bonaparte,   luego de lo cual Fernando quedó cautivo. De manera que la intervención francesa desencadenó un levantamiento popular conocido como la Guerra de Independencia Española  (1808–1814) que trajo incertidumbre sobre cuál era la autoridad efectiva que gobernaba España.

Ante la ausencia de una autoridad cierta en España y el cautiverio de Fernando VII, los pueblos hispanoamericanos, muchas veces bajo la dirección de los criollos,   comenzaron una serie de insurrecciones desconociendo a las autoridades coloniales, que en las reformas previas habían quedado reducidas a meros agentes de un gobierno ahora en entredicho. El 5 de agosto de 1808 se reunió en la Ciudad de México la primera junta revolucionaria a la que le siguieron levantamientos en todo el continente para formar juntas de autogobierno.

Las autoridades españolas en América y luego el rey  Fernando VII al recuperar la corona española en 1814, negaron legitimidad a las juntas de autogobierno americanas. El virrey Fernando Abascal y Pablo Morillo   jefe de la expedición pacificadora, fueron los principales organizadores de la defensa de la monarquía española.

Los movimientos populares de las colonias españolas profundizaron las insurrecciones para enfrentarse abiertamente al rey español en una guerra de alcance continental con el objetivo de establecer estados independientes,   que generalmente devinieron en regímenes republicanos.   En las Guerras de Independencia Latinoamericana se destacaron el venezolana Simón Bolívar, el argentino José San Martín, Francisco de Paula Santander y Antonio Nariño en Colombia, José María Morelos y Miguel Hidalgo en México, Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes en Argentina, José Gervasio Artigas y Juan Antonio Lavalleja en Uruguay,  Bernardo O’Higgins y José Miguel Carrera en Chile, Fulgencio Yegros y Gaspar Rodríguez de Francia Paraguay, Tupac Katari, Manuel Ascencio Padilla y su esposa Juana Azurduy en Bolivia, Tupac Amaru II Francisco Antonio de Zela y Andrés de Santa Cruz en Perú, José Bonifacio en Brasil, Juan Pablo Duarte en República Dominicana, Francisco Morazán y su esposa Josefa Lastiri en Centroamérica o Carlos Manuel de Céspedes y José Martí en Cuba,   llamados Libertadores, que condujeron los ejércitos insurrectos que derrotaron definitivamente a las tropas leales a la monarquía española, llamadas Realistas,   en la Batalla de Ayacucho en 1824.

A partir de la década de 1810,   y luego de complejos procesos políticos, las colonias españolas en América formaron los actuales estados latinoamericanos.   El expansionismo estadounidense   se hizo presente tanto sobre los últimos restos del Imperio español, forzándose la compra de Florida por cinco millones de dólares en el año 1821 así como adquiriendo posteriormente los derechos sobre las pretensiones españolas en Oregón,  como sobre los nuevos países americanos (a través de influencia económica y política y con la anexión de Texas y el norte del nuevo estado mexicano: Nuevo México, Utah, California y Nevada.

Sintesis:

La crisis del Imperio español

A fines del siglo XVII, el Imperio español mostraba signos evidentes de decadencia. Las constantes guerras con sus vecinos y con potencias, como Inglaterra, que venían en franco ascenso, habían debilitado las arcas del Tesoro Real. La corrupción y la evasión de impuestos contribuían al deterioro de las finanzas.

De otra parte, las instituciones político-administrativas permanecían casi inamovibles desde los tiempos de la Conquista. Las pestes y las epidemias, habían provocado una grave crisis demográfica. El panorama general de la monarquía no era halagador y la crisis era latente en todos los ámbitos de la sociedad española.

Las reformas borbónicas

Carlos III, impulsor de las reformas borbónicas del siglo XVIII

El cambio de mentalidad con el que los Borbones iniciaron las reformas, se evidenció en todos los aspectos que abarcaron. Los propósitos de los nuevos monarcas eran fortalecer la economía española, mediante el máximo aprovechamiento de los recursos provenientes de las colonias y la unificación de la administración de los dominios de ultramar, a través de la designación de ministros capaces y de su entera confianza.

Las reformas borbónicas afectaron los sectores más representativos de la economía colonial española y suprimieron organismos caducos de la administración. A su vez, crearon nuevas dependencias para optimizar la gestión del comercio y otras actividades de vital importancia en la recaudación de impuestos y tributos

Reformas administrativas

Con el fin de modernizar las obsoletas instituciones coloniales, los Borbones crearon las secretarías de despacho universal. Estas nuevas dependencias pasaron a remplazar al Consejo de Indias, el cual quedó reducido a un simple órgano de consulta. El continente americano quedó sujeto a la jurisdicción del llamado Ministerio de Marina e Indias.

Uno de los cambios más trascendentales producidos por las reformas borbónicas, fue la creación de las intendencias. Con este nuevo sistema, las capitanías y virreinatos quedaron divididos y puestos bajo el mando de intendentes, quienes tuvieron amplios poderes administrativos y políticos.

El establecimiento de las intendencias afectó toda la estructura administrativa de las colonias. Los cabildos, gobernaciones, capitanías y virreinatos vieron considerablemente reducida su autonomía. Un aspecto trascendental en acontecimientos futuros, fue la mayor restricción a los criollos en los cargos públicos, que fueron, en su mayoría, ocupados por españoles.

Reformas económicas

Durante el gobierno de Carlos III, la monarquía española introdujo una gran cantidad de reformas económicas que trajeron como consecuencia el aumento de los impuestos a los criollos y habitantes de las colonias, así como la diversificación del cultivo de muchos productos agrícolas.

La primera gran reforma de los Borbones fue estimular la agricultura como actividad económica para la producción de algún excedente, y que no se limitara exclusivamente al autoabastecimiento. El objetivo era incrementar la producción de materias primas indispensables para la metrópoli como caña de azúcar, cacao, quina, madera, tabaco y cueros.

El comercio también se vio afectado con las reformas. Uno de los problemas que los monarcas Borbones y Habsburgos no habían podido resolver, era el contrabando. Los ingleses, portugueses y holandeses, inundaban los puertos de la Nueva Granada con mercancías de contrabando que se conseguían a un precio sustancialmente menor que el de los productos traídos de España.

En un intento por controlar el contrabando, la corona española fomentó el comercio entre las colonias, y entre éstas y España. En este sentido, autorizó el libre comercio entre los puertos españoles y americanos. Además, inició la construcción y adecuación de una flota de guerra que combatiera a los piratas y contrabandistas, especialmente a los británicos.

En 1719, se creó el virreinato de la Nueva Granada, con el fin de centralizar los asuntos judiciales de las Audiencias de Quito y Santa Fe. El virreinato se suprimió por problemas económicos en 1724, y se restableció nuevamente en 1740.

Quizá la reforma borbónica más importante en el aspecto económico, fue la reorganización de la Hacienda y el Tesoro Real. Durante gran parte del periodo colonial, la evasión de impuestos por parte de los contribuyentes, y la apropiación indebida de los tributos por parte de los funcionarios, fueron los grandes males de las finanzas españolas.

Con la creación de las intendencias, los Borbones tenían como objetivo terminar con los fraudes fiscales y optimizar el proceso de recaudación de los tributos. Para tal fin, nombraron funcionarios de su más absoluta confianza y les pagaron salarios elevados para que no sucumbieran ante la corrupción reinante en las colonias. Estos nombramientos privilegiaron a los españoles sobre los criollos. La aristocracia criolla, al verse apartada de las responsabilidades políticas, inició movimientos en contra de la monarquía española que contribuyeron paulatinamente a la independencia de las colonias.

La reforma de la Hacienda se tradujo en el aumento del número y el valor de los impuestos. En la Nueva Granada, particularmente, la creación de una contribución llamada Armada de Barlovento, y el aumento de la alcabala, provocaron la insurrección de los comuneros.

Otras reformas

El sistema judicial también se vio afectado por las reformas borbónicas. Con las nuevas disposiciones, el fuero eclesiástico fue abolido y los intendentes aplicaron sus amplias facultades para impartir justicia, aun por encima de la autoridad de los obispos.

Se creó el cargo de regente en aquellas zonas donde no llegaba la autoridad del intendente. En la Nueva Granada, por ejemplo, el regente Francisco Gutiérrez de Piñeres se hizo célebre al anunciar el aumento de los impuestos en la región del Socorro. La modernización de la justicia, implicó recopilar los expedientes y llevar una contabilidad ordenada de los procesos, así como la adopción de la costumbre de informar, por escrito, cualquier anomalía de la administración judicial.

CRISIS Y REORGANIZACIÓN DEL IMPERIO COLONIAL

Se trataba de un Imperio venido a menos y que había llegado a ser el más grande del mundo, aunque desde el inicio del siglo XIX, con la independencia de las colonias americanas, España pasó a ser un “imperio de segunda”.
Hacia fines del siglo XVIII, la metrópolis colonial atravesaba problemas económicos y políticos, entre ellos, la derrota de sus ejércitos en las guerras europeas. A partir de entonces, aumentaron los conflictos y dio comienzo a la crisis del orden colonial.-Los indicadores de la crisis: Desde las primeras décadas del siglo XVIII, la corona española había comenzado a desatender a sus colonias en américa, profundamente endeudada e involucrada en las guerras europeas, no solo se hallaba imposibilitada de abastecerlas de los profundos manufacturados que estas requerían, sino también de defenderlas ante las posibles agresiones extranjeras. Los principales indicadores de la crisis por las que atravesaba el orden colonial español fueron:-La imposibilidad del gobierno metropolitano para continuar controlando eficazmente su imperio, el crecimiento de la autonomía económica de las colonias americanas, la relativa autosuficiencia defensiva y la presión de otras potencias europeas.-Las reformas monárquicas frente a la crisis: Con el objeto de superar el estancamiento económico, modernizar la economía y las principales instituciones y ,a la vez, recuperar el control sobre las colonias, el rey Carlos III de la familia de los borbones aplico un conjunto de reformas políticas y económicas que se denominaron reformas borbónicas, varias fueron las medidas llevadas a cabo por el gobierno español en el territorio americano y que afectaron al orden colonial, entre ellas, las más importantes fueron:-Ampliación y reorganización de la fuerza militar, subdivisión del territorio, reorganización del comercio colonial, expulsión de los jesuitas del continente americano y descentralización del cobro de los impuestos.-La rebeliones indígenas lideradas por Túpac Amaru y Túpac Katari: La principal reacción de parte de los sectores subalternos de la sociedad colonial, frente a las reformas borbónicas, fueron las rebeliones indígenas cuyos líderes eran Túpac Amaru y Túpac Katari, que se extendieron a los actuales territorios de Colombia y el norte de argentina, el motivo principal que llevo a la rebelión fue el abuso de los corregidores y la negativa de las autoridades españolas de ofrecer igual trato a ambas partes, en las disputas judiciales que involucraban a indígenas y españoles, el movimiento liderado por el cacique Túpac Amaru, se inició en la zona de cuzco en 1780,con ataques a corregidores, saqueos de obrajes y la ocupación de varios pueblos, pronto se extendió al sur del Perú y el alto Perú de dónde provino el otro líder del movimiento Túpac Katari, sus objetivos eran lograr la supresión de los corregidores, de los impuestos a las ventas, de la mita de potosí, de las aduanas, del repartimiento y del trabajo forzoso. La ilustración: una nueva concepción sobre la sociedad y el poder, significo una dura crítica a las ideas, estas sostenían que tanto la sociedad como las desigualdades sociales eran producto de la creación divina y que, por lo tanto, era natural que la sociedad estuviera organizada en jerarquías que marcaran claramente esas diferencias. Para los pensadores de la ilustración, en cambio, las sociedades eran creaciones humanas ,por lo que las diferencia entre las personas eran producto de las acciones de los individuos, quienes decidían de un modo voluntario y libre integrar un espacio común relacionándose con otros individuos igualmente libres.-Revolución: proceso de cambio rápido y efectivo que transforma los aspectos centrales de un orden social, forma particular de movimiento social que se distingue de otras acciones colectivas como las revueltas o rebeliones, sectores subalternos intentan destruir los aspectos centrales del orden vigente al que consideran injusto y construir uno nuevo.-Crisis del sistema de dominación: las revoluciones se producen cuando los sectores dominantes tienen dificultades para continuar ejerciendo su poder,-Amplia participación de la población: el descontento o rechazo al orden vigente se manifiesta en la participación de un sector amplio de la población.-Violencia: en toda revolución se ejerce algún tipo de violencia.-Sustitución de las autoridades: las acciones culminan con la destitución de las autoridades del viejo orden.-Capacidad para ejercer el poder: los revolucionarios poseen los recursos para imponerse definitivamente sobre fuerzas que se les oponen.-Construcción de un nuevo orden: Los revolucionarios triunfantes emprenden la transformación de los aspectos centrales de la sociedad.- Características: Alguna conciencia de cuáles son sus intereses colectivos.-capacidad de transformar los objetivos.-integrar sectores interesados mediante el establecimiento de alianzas.-claridad en la planificación de las acciones.-disponibilidad de recursos suficientes para iniciar la lucha.-capacidad para aprovechar las oportunidades.-Revuelta: escasa organización, esporádica, espontánea y se extinguen cuando los reclamos puntuales de sus líderes son satisfechos o bien cuando las fuerzas del orden proceden a la represión violenta.-Rebelión: nivel mayor de organización, se prolonga en el tiempo pudiendo integrar las demandas y reclamos de diferentes sectores, el ejercicio de la violencia es más amplio y cuando logran triunfar obtienen algunas modificaciones en el orden social que satisfacen las demandas aunque no significan cambios en sus aspectos centrales.
fueron varias las causas de esa crisis, y una de ella la principal fue la política económica que tenían los españoles , pues se dedicaron solo a extraer la riqueza que había en América y nunca se preocuparon por organizar una prospera y prometedora economía nacional, solo traspasaban las riquezas de América a España ,todo era el afán de tener más riquezas y más riquezas que para lograrla, llegaron hasta el punto de cometer abusos contra los indios, haciéndolos trabajar hasta matarse, por parte de aventureros que más adelante la conquista convirtió en encomenderos. Lo anterior es todo lo contrario a lo que los monarcas españoles intentaban hacer mediante las leyes de India , que era evangelizar a los indios, mejorarle la vida y las condiciones de trabajo, pero el afán de las gentes y estados por obtener más poder sobre las riquezas, fueron perdiéndose las leyes que protegían a los aborígenes. Todo ese oro que España llevaba a Europa estimulo el crecimiento de las manufacturas de Francia, , los países bajos, Italia e Inglaterra, fueron creciendo cada vez más rápido, formándose así una integración económica. Los efectos de las deficiencias de la economía española, se vio reflejada , con el crecimiento de la población, en donde se crearon los virreinatos, y la agricultura tropical dio en otras regiones frutos de exportación como el cacao, el tabaco, el añil, café , y fue así que se empezaron a crear una gran demanda de mercancías que España no producía. Por esa razón fue que tuvo que reorganizar su economía permitiendo las importaciones de manufacturas extranjeras a América, en sus propios barcos y a través de la casa de contratación de Sevilla. Otro factor importante en la crisis del imperio español fue Inglaterra, quien al terminar su organización industrial, quería también adueñarse de la riqueza de América, y empezaron a invadir al imperio español por decirlo así, primero fue por medio de los piratas y de los bucaneros, a quienes Inglaterra les ofrecía, títulos nobles a cambio de que se apoderaran del oro americano , y segundo fue por medio de rutas de contrabando de manufacturas inglesas , es medio tuvo sus dificultades, pero luego llego a progresar mucho, tanto que ya lo colonos lo toleraban. Muchas de las guerras que surgieron en el imperio español se debieron también a la religión.
Durante la Conferencia de Berlín (1885) España fue invitada al reparto del continente africano, aunque mostró poco interés por dicho continente pues España todavía conservaba colonias en el Caribe (Cuba y Puerto Rico) entre ellas Cuba la principal exportadora mundial de azúcar y cacao, además contaba con otras colonias en el Pacífico como Filipinas y archipiélagos menores (Marianas, Palaos, Samoa…) que exportaban productos exóticos a la Península. Aunque a pesar de esto consiguió la concesión de un territorio de unos 200.000km² en el Sahara, el reconocimiento de los territorios de Fernando Poo actual Bioko y la posibilidad de poder realizar un protectorado sobre Marruecos.

A partir del desastre del 98 (que supuso la pérdida de las colonias americanas y pacíficas) España volcó su política exterior en África, en la cual impuso sus privilegios reconocidos en la Conferencia de Berlín y a partir de 1900 comenzó la colonización de estas tierras en las que creo las colonias de Guinea Española (1885-1968), el Protectorado español de Marruecos (1927-1958) y el Sahara Español (1958-1975) aunque este territorio pertenecía a España desde 1884 y posteriormente Ifni (1934-1969)

Estos territorios fueron anexionados por medio de la ocupación militar, en Guinea y el Sahara, España no encontró mayores dificultades para ocupar el territorio, pero en el caso de Marruecos el fin se desarrolló una guerra colonial, el primer antecedente fue la batalla de Cisneros (1860) y a partir de 1913 se organizó su organización y España envió 50.000 mil soldados a Marruecos, pero los conflictos prosiguieron y en 1921 se produjo el Desastre de Anual que destruyo casi por completo el proyecto colonial español en Marruecos. Por ello Primo de Rivera junto con la ayuda de Francia se vieron obligados a realizar el llamado Desembarco de Alhucemas en 1925, y la posterior guerra para reconquistar el territorio la llamada “Guerra del Rif” de 1921 a 1927 , a partir de este momento España reorganizo sus colonias africanas que obtuvieron la denominación de territorios ultramarinos (parecido a los territorios metropolitanos).

España exploto estos territorios económicamente en especial, Guinea que contaba con fábricas y explotaciones de cacao. Estos territorios tuvieron especial importancia durante la Segunda Guerra Mundial, pues debido a la “neutralidad” de España en el conflicto cobraron gran importancia en la escena africana y ante un posible desembarco de las tropas inglesas y estadounidenses.

En 1958 los marroquíes obtuvieron su independencia de España y otras potencias europeas comenzaron a abandonar sus posesiones africanas.

Durante la década de los 60 debido al crecimiento de los sentimientos nacionalistas de Guinea y la presión de las Naciones Unidas, Guinea obtuvo su independencia convirtiéndose oficialmente en Guinea Ecuatorial en 1968.

El último territorio colonial español fue cedido a Mauritania y Marruecos en 1975, en lo que estuvo precedido por una escala de tensiones entre Rabat y Madrid, los marroquíes aprovechando la debilidad de Francisco Franco, Caudillo de España, realizaron la “marcha verde” sobre el territorio español, dicha marcha consistía en la invasión por medio de civiles del territorio español, debido al vacío de poder que provoco la muerte del caudillo el 20 de noviembre de 1975, España no actuó ante el “ataque” marroquí y finalmente en 1976, España abandonó el territorio.

La 1ª guerra de Cuba.
Cuba, junto a Puerto Rico y Filipinas, eran los restos que le quedaban a España de su Imperio colonial, tras el proceso emancipador del primer cuarto del siglo XIX.
Cuba era una isla productora de azúcar y tabaco, café, cacao y otros cultivos tropicales. La mecanización de los cultivos, su intensificación y la permanencia de mano de obra esclava negra habían enriquecido a la isla. La mayoría de los negocios estuvo en manos de peninsulares pero, poco a poco, se fue formando una burguesía criolla, rica y culta. Esta burguesía pronto empezó a tener inquietudes independentistas o, al menos, de lograr una mayor autonomía, ya que se veía marginada de los cargos públicos y muy perjudicados económicamente por los fuertes aranceles que la metrópolis imponía al comercio con otros países, sobre todo con USA (que aspiraba a la independencia de la isla para dominar sus mercados).
La revolución comenzó coincidiendo con el estallido de la Revolución de 1868 en la península. El llamado Grito de Yara fue lanzado por Céspedes con el propósito de establecer una república cubana independiente. Su llamada fue seguida por otros líderes independentistas, que pronto contaron con el apoyo de los esclavos negros. El levantamiento de los esclavos negros asustó a la burguesía criolla que se puso de parte de España, eso sí, pidiendo mayor autonomía para la isla.
La guerra duró 10 años (1868-1878). Fue muy larga por: 1) Los problemas y cambios políticos en España apenas dejaron tiempo a los gobiernos de ocuparse de la guerra cubana. 2) Por la división y mala organización de los insurgentes, a pesar de la ayuda que recibieron de USA.
Al final, en 1878 se firma la Paz de Zanjón bajo las siguientes condiciones: 1) Abrir un proceso democrático en Cuba, cuyos representantes formarían parte de las Cortes en España. 2) La abolición de la esclavitud. 3) Amnistía política e indulto general a los insurgentes. 4) Dotar a la isla de la mayor autonomía posible

2ª guerra de Cuba. La pérdida del imperio colonial.
Tras la Paz de Zanjón, la situación en Cuba fue empeorando poco a poco:
1) La abolición de la esclavitud arruinó a los pequeños propietarios, que se vieron privados de la mano de obra para trabajar en sus plantaciones al no poder pagar los sueldos, por lo que su descontento con la metrópolis creció. No mejoró, tampoco, la situación de los antiguos esclavos que quedaron en el paro o tuvieron que trabajar por sueldos muy bajos, por lo que su descontento fue a mayor. Tenemos, así, un fuerte descontento entre las clases bajas.
2) Por otra parte, entre la clase criolla también creció el descontento por: a) No se cumplió la promesa de dar autonomía a la isla. Así, poco a poco, se fue desarrollando el sentimiento independentista entre la clase criolla, alimentado por los intelectuales cuyo máximo representante fue José Martí, cantor de su patria y creador de una filosofía nacionalista cuyo último objetivo era crear una Cuba libre e independiente. b) En los años 90 hubo un giro en todos los países en su política económica imponiéndose un férreo proteccionismo. España también lo impuso en Cuba. La nueva ley arancelaria perjudicó mucho los intereses de los criollos, puesto que se les obligaba a comprar productos peninsulares y se les prohibía el comercio con otros países, sobre todo con USA, que era una gran fuente de riquezas para los criollos.

Algo parecido ocurría en Filipinas. Tras la apertura del Canal de Suez, Filipinas conoce un importante desarrollo que trae consigo el nacimiento de una clase criolla, que pronto aspiró a la independencia basándose en las ideas del líder criollo José Rizal, que fue acusado de conspiración y fusilado. Sin embargo, su bandera fue recogida por otro intelectual, Emilio Aguinaldo, que formó la sociedad secreta de Katipunán con el objetivo de luchar por la independencia.

En Cuba, el descontento de la clase criolla y de las clases bajas se une y provocan el definitivo levantamiento por la independencia en febrero de 1895 con el llamado Grito de Baire. Al frente de la insurrección estaban los líderes independentistas Máximo Gómez, Calixto García, el mulato Antonio Maceo y José Martí, cuya pronta muerte en una emboscada lo convertirá en mártir de la independencia, dándole alas al movimiento. La insurrección, que comenzó en las sierras, se extenderá rápidamente por toda la isla.
El gobierno envió al general Martínez Campos, que comprendió que la situación no era la misma que en 1878. La rebeldía era mucho más fuerte y los insurgentes estaban mucho más unidos. Martínez Campos creyó posible aplastar la resistencia por medio de una guerra convencional, en un terreno muy accidentado y frente a un enemigo dividido en multitud de destacamentos y partidas. Se equivocó. El ejército español cruzó la isla de oeste a este encontrando poca resistencia, pero cuando Martínez Campos creyó reducir el último foco, se dio cuenta que las bandas enemigas seguían actuando en la retaguardia. Había, pues, que actuar con mano dura y con fuertes represalias contra toda la población, no queriendo hacer esto y ante su fracaso Martínez Campos pidió su relevo.
España tuvo que decidir entre abandonar la isla o ejercer una dura represión sobre la isla. Ni Cánovas, ni Sagasta eran partidarios de la dureza, pero no podían resignarse a perder Cuba por razones económicas y de prestigio. Además, la mayoría de la opinión pública española consideraba a Cuba como una parte más de España y no estaba dispuesta a perderla, estando a favor de la guerra. Sólo una minoría compuesta por los socialistas, anarquistas, republicanos y nacionalistas eran contrarios a la guerra.
La mayoría de políticos y militares creían posible ganar la guerra, ya que los cubanos no tenían ejército regular, ni armas pesadas, por lo que en una guerra de desgaste acabarían por ser vencidos siempre que no recibieran ayuda del exterior y aquí estaba el máximo peligro, ya que los USA estaban cada vez más dispuestos a apoyar a los rebeldes.
En estas circunstancias, Cánovas envió a el general Weyler, un militar enérgico, buen conocedor de la isla y de mano dura. Su plan fue combatir a los focos rebeldes (los mambises) en sus propias guaridas, aislándolos y aniquilándolos. Así, ordenó la concentración de la población civil en zonas especiales bien controladas de las que no podían salir. Luego, dividió la isla en una serie de compartimientos separados por trochas o líneas fortificadas que iban de costa a costa, que incomunican a los grupos rebeldes y permiten ir reduciéndolos uno a uno.
Comenzó así la nueva ofensiva. Una ofensiva desigual porque el ejército español era muy superior en número y tenía mejores mandos, organización y armamento que el cubano. Además controlaban las ciudades y las vías de comunicación. Por el contrario, los cubanos tenían a su favor el conocimiento del terreno, estaban habituados al clima y eran aprovisionados de armas y municiones por los USA.
A finales de 1896, tras una dura campaña, Weyler dominaba la mitad de la isla y calculaba que en el año siguiente dominaría la otra mitad. Además, el más peligroso de los líderes independentistas, Antonio Maceo, moría en una emboscada a finales de este año.
Sin embargo, la guerra se alargaba, lo que era contrario a los intereses españoles. En USA, el presidente Cleveland había anunciado que USA se mantendría neutral en la guerra, sin embargo, a finales de este año pierde las elecciones a favor del partido republicano, siendo nombrado presidente Mac Kinley. Con él, la actitud de USA cambió. Un cambio provocado por la labor de la prensa norteamericana que fue inclinando a la opinión pública a favor de la guerra y con ella a los republicanos. Las poderosas cadenas de prensa Pulitzer y Hearst, subvencionadas por las compañías azucareras, se afanaron en publicar noticias, muchas de ellas falsas, sobre las atrocidades que los españoles cometían en Cuba y, sobre todo, el daño que se hacía a los residentes norteamericanos.
Comenzaron, así, las tensiones diplomáticas: USA protestó porque la duración del conflicto estaba perjudicando a sus empresas, España respondió que la guerra habría terminado antes si los USA no hubieran suministrado armas a los rebeldes. USA consideró inhumanos los campos de concentración establecidos por Weyler, España les recordó que la invención de estos campos era de USA en su guerra de secesión….etc.
Cánovas comprendió entonces que había que solucionar el conflicto lo más rápidamente posible para evitar la intervención directa de USA, pero, de pronto, se quedó sin el apoyo de los liberales de Sagasta, que se declararon contrarios a la mano dura de Weyler y a favor de dar plena autonomía a Cuba. Para colmo de males, Cánovas será asesinado por un anarquista en Madrid.
La muerte de Cánovas dio un giro completo a la situación. Sagasta subió al poder y destituyó a Weyler, de manera que en pocas semanas se perdió el control sobre los territorios que había dominado Weyler. Por otra parte, se aprobó un estatuto de autonomía para Cuba, que tendría parlamento y gobierno propio, pero siempre bajo la soberanía de España. Esto, más que calmar los ánimos independentistas, los avivó y la insurrección se hizo general en la isla.
Por su parte, los USA, con el pretexto de proteger a sus ciudadanos, enviaron a un buque acorazado, el Maine, que fondeó en la bahía de La Habana. Semanas después, el Maine explotó y se hundió con la mayor parte de la tripulación. Entonces, los hechos se precipitan: USA mandó una comisión investigadora para esclarecer las causas del hundimiento. Los españoles propusieron formar una comisión conjunta que no fue aceptada por USA y formaron otra. La de USA llegó a la conclusión de que el hundimiento había sido provocado por una mina o un torpedo. La española que se había producido por una explosión interna (hecho reconocido por el Pentágono en 1974).
La opinión pública norteamericana se volcó a favor de la guerra. En España ocurre lo mismo. La guerra parecía inevitable. Mac Kinley intentó una solución pacífica y propuso al gobierno español la compra de Cuba por cien millones de dólares. Sagasta se negó en redondo. Fue, entonces, cuando se echó en falta una activa política exterior. Como sabemos, España no había participado en el juego de alianzas europeo y se encontraba sola, sin aliados. Los intentos de que mediaran otros países en el conflicto fueron un fracaso.
Así, en abril de 1898, los USA enviaron un ultimátum a España en el que exigían la independencia de Cuba. España se niega y el 25 de Abril, USA declara la guerra a España.
Fue una guerra rápida y desigual, pues el ejército y la flota de USA, mucho más modernizados, eran muy superiores al español.
Los americanos atacaron primero en Filipinas, donde vencen fácilmente en la batalla de Cavite. Manila se rinde días después, aunque en el interior la guerra se mantiene hasta final del conflicto. En Cuba, la flota española al mando de Cervera fue bloqueada por la de USA en la Bahía de Santiago. Tras un largo debate parlamentario, en el que se puso en tela de juicio el valor de la flota española, se ordenó a Cervera que atacase a la flota de USA. La diferencia técnica y en número era muy grande a favor de USA. Además, la estrechez de la boca de la Bahía de Santiago obligó a los barcos españoles a salir uno a uno. Y, prácticamente, uno a uno, en un plazo de cuatro horas, los buques españoles fueron hundidos por los norteamericanos, con mayor distancia de tiro. Tras la derrota y la pérdida de la flota, la resistencia en tierra no tenía sentido, por lo que España pedía la paz el 26 de Julio.
La paz se firmó en Paris en diciembre de 1898. Por ella, España perdía Cuba, Filipinas y Puerto Rico, es decir, los últimos restos de los que había sido su gran imperio colonial.
LA CRISIS DEL 98. LA ESPAÑA DE LOS PROBLEMAS.

Con la derrota en Cuba se inicia una profunda crisis en España puesta de manifiesto por la llamada Generación del 98. A partir del 98 y durante los primeros años del Siglo XX comienza a hablarse y escribirse con gran profusión de los problemas de España: del problema político, del social, del militar, del religioso, del económico, del regionalista y, por encima de todos ellos e integrándolos a todos, del problema del ser de España. Hay, pues, una profunda crisis en la conciencia española, crisis que denuncia todos estos problemas y que conduce a revisar y a querer transformarlo todo, para mejorarlo. Entre los problemas más destacados están:

a.- El problema del ser de España. Puesto de manifiesto por los escritores de la Generación del 98, un grupo de intelectuales entre los que se encuentran figuras como Unamuno, Valle Inclán, Baroja, Azorín, Maeztú, Ganivet o Antonio Machado.
Todos ellos coinciden en su espíritu crítico, su inconformismo y la conciencia de que era necesario cambiar lo presente, relacionándose con el giro intelectual y mental que se da en el resto de Europa y que supone el paso del positivismo al existencialismo. Además, hay que reseñar que el espíritu crítico y el deseo de cambiar las cosas se extiende a la mayoría de la sociedad española: políticos, militares, clases medias y bajas.
Uno de los ejes que une a los integrantes de la generación del 98 es el tema de lo que es y lo que debe ser España, del que surge la cuestión sobre cual es el verdadero ser de España, tema que va a generar una abundante literatura y continuas polémicas a lo largo de todo el Siglo XX.
En su búsqueda del verdadero ser de España, lo primero que encontramos en los integrantes de la generación del 98 es una profunda crítica a la España en la que viven. Se critica, en primer lugar, a lo gobernantes, al sistema político de la Restauración, denunciándose todos sus defectos: los amaños electorales, el caciquismo o el régimen oligárquico que, según Baroja, “miraba al Estado como si fuera una finca de su propiedad”. En segundo lugar, se critica a los gobernados, al resto de los españoles. Azorín critica su desidia, Machado la ignorancia, Baroja la vulgaridad, Unamuno la ramplonería.
De la crítica a los gobernantes y gobernados se pasa a la crítica de España en general, que resulta ser un país atrasado, inculto, sin educación, sin espíritu de trabajo, anclado en sus viejas costumbres y supersticiones. También se critica el pasado de España, su historia, por ser inmovilista, decadente. La idea de decadencia surge así de manera espontánea, hasta el punto de que poco después Ortega afirmará que la historia de España es “la historia de una continua decadencia”.
De estas críticas, surgen mitos como el del Africanismo: la España atrasada, vulgar, pobre, es un país más africano que europeo. A veces, se llega a la caricatura: “España es una sociedad de mequetrefes y botarates gobernada por beatos” (Baroja), “España es una deformación grotesca de la civilización europea” (Valle Inclán).

Sin embargo, estas duras críticas no significan desamor hacia España. Los hombres del 98 sienten asco de la España que contemplan pero, a la vez, dolor porque aman a España: “me duele España” decía Unamuno. Por eso, junto a la crítica, los hombres del 98 aportan el deseo de regenerar España, de cambiarla para llegar a la España nueva y deseada.
El deseo de cambiar a España da lugar, en un primer momento, al nacimiento del mito de Europa. Para los hombres del 98 España es el problema y Europa la solución. Así, Unamuno decía que “tenemos que europeizar España” y Costa afirmaba que la regeneración de España pasaba por cambiar nuestros modos africanos por los europeos.
Sin embargo, junto a esta solución de europeización coexiste otra totalmente distinta. Es lo que se ha llamado la “conversión del 98”, por la que se van a defender los valores y los rasgos de España, acuñados a lo largo de su historia. Así, se afirma que nuestro legado cultural es distinto, pero no inferior al de otros pueblos europeos y se defienden a las tradiciones como lo más profundo y lo más auténtico de España. Esta conversión se da en muchos autores que defendieron, en principio, el mito europeo. Así, Unamuno afirmaba que “había que españolizar Europa”.

Surge, así, desde estos momentos, el mito de las dos Españas: El de la España tradicional con sus valores históricos y el de la España moderna, progresista y más tolerante, a la europea. En principio se prefiere a la última, luego se redescubre la calidad de la primera. En consecuencia, en muchos casos se defiende una síntesis armoniosa de las dos Españas para solucionar su crisis: “yo quisiera una España muy antigua y muy moderna a la vez”, escribía Baroja.
Posteriormente, se hablará de la España oficial y la España real (Costa) o España vital (Ortega). En este caso, no hay más que una auténtica España, la de los españoles, la real o vital. La otra, la España oficial, la de las clases dirigentes, la de los políticos, la de los oligarcas, la de los caciques, es una fortaleza a derribar. Basta acabar con ella para que reluzca la España auténtica. En este pensamiento se apoyará, básicamente, el Regeneracionismo.

b.- El problema político. Presenta una doble vertiente:
1) Por una parte, está la falsedad del sistema. España, en 1900, era en teoría una de los países más democráticos del mundo: disfrutaba del sufragio universal, de una Constitución flexible y abierta y se habían proclamado todos los derechos y libertades individuales.
Todo era falso. Los políticos se habían fabricado un sistema para ellos mismos, a espaldas del pueblo, en el que los resultados de las elecciones respondían a lo acordado previamente por los partidos y no a la voluntad del pueblo.
Así, a partir del 98 comienza a denunciarse y criticarse al régimen político, poniéndose de relieve todos sus fallos: el fraude electoral, el encasillado, el caciquismo y la tendencia a la oligarquía del régimen, en la que sólo dos partidos se turnan en el poder no admitiéndose a los demás partidos. De ahí, el desarrollo del nepotismo, el amiguismo y el clientelismo y de que, por ejemplo, en la nómina de gobernantes se repita los mismos nombres o de que la mayoría de los diputados sean pariente de los altos jefes políticos. Como consecuencia de estas críticas y denuncias, desde principios de siglo, se desarrollarán una serie de movimientos y partidos que van a intentar regenerar el sistema y que, al final, serán los que terminen con el régimen de la Restauración.

2) Por otra parte, está la pérdida de contenidos, la falta de programa de los dos partidos políticos en el poder. Así, daba igual votar a un partido que a otro, pues ambos carecían de nuevas ideas, de un programa concreto.
A ello, se une la resistencia de los dos partidos a dejar el poder en manos de los nuevos partidos o movimientos que desde principios del siglo se van desarrollando: los republicanos, socialistas, anarquistas y nacionalistas o regionalistas. De manera que no les va a quedar otro camino que la revolución para alcanzar el poder.

c.- El problema social. Responde a la existencia de una organización social atrasada y desigual. De los 19 millones que tenía España en 1900, sólo 1 millón pertenecía a la clase alta formada por la fusión de la nobleza y la alta burguesía. Esta clase alta, la oligarquía, tiene todo el poder político y económico del país. Unos 4-5 millones forman la clase media-baja burguesa, donde existen condiciones muy distintas.
Mientras tanto, la gran mayoría de la población, unos 13 millones, forman parte de la clase baja, son los obreros y campesinos. En ambos grupos se había producido un proceso de proletarización, de manera que no son dueños de nada, sólo de su trabajo por el que cobran un sueldo muy bajo. Esto genera una serie de graves problemas que afectan sólo a esta clase: el paro, la extrema miseria, el analfabetismo, las malas condiciones de trabajo y de su vivienda, la explotación de las mujeres y niños…etc. Para solucionar estos problemas, obreros y campesinos iniciaron la lucha conocida como el movimiento obrero o la cuestión social, amparándose en las ideas del socialismo y anarquismo.
A partir del 98, si algo caracteriza a lo que se ha llamado “el 98 de los obreros” fue la tendencia a organizarse, a formar un frente unido, a sindicarse, como consecuencia del crecimiento de la conciencia de clase entre los proletarios y de la certeza de que con actos espontáneos y esporádicos no se llegaba a ninguna parte.
Así, el partido socialista y su sindicato, la UGT, vieron multiplicarse el número de sus afiliados, mientras que el anarquismo abandona parte de sus ideas y comienza a crear sindicatos, la CNT, que dieron al movimiento mayor organización y gran número de afiliados.
A partir de aquí, tanto partidos como sindicatos iniciaron la lucha por resolver los problemas del proletariado español y por hacerse con el poder para cambiar radicalmente la organización del estado burgués. Ello trae consigo la multiplicación de las revueltas y los incidentes entre los que destacan los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona o la huelga general de 1917.
En conclusión, si hasta finales del Siglo XIX puede hacerse una historia de España recurriendo casi exclusivamente a los hechos políticos, desde el 98 es imposible hacerla sin tener en cuenta las luchas sociales que van a desencadenar los partidos sindicatos obreros.

d.- El problema económico. A comienzos del Siglo XX, España, pese a su tímida industrialización, seguía siendo un país subdesarrollado donde el sector agrícola englobaba al 60-70% de la población.
El subdesarrollo será un problema que se tratará de superar, sin conseguirlo. Un subdesarrollo que se debe a la convergencia de una serie de factores estructurales, que serán puestos de manifiesto por los hombres de la generación del 98. Entre ellos, podemos destacar:
1.- En el mundo rural, el principal problema es el mal reparto de la tierra. Predominan los grandes latifundios en el sur y los minifundios en el norte, de manera que las propiedades de tipo medio son una minoría. Este tipo de propiedad es, sin embargo, el más adecuado para introducir las nuevas técnicas (maquinaria, abonos, fertilizantes, regadíos, nuevos cultivos…etc) para modernizar el sector agrícola y que son las que predominaban en los países europeos. En España, por el contrario, predominan los latifundios o los minifundios, propiedades que por su extensión no son las más aptas para introducir estas nuevas técnicas. De ahí, que el sector primario español está muy anticuado, con una muy baja producción y productividad.
2.- Buena parte de los recursos de España, sobre todo los mineros, están en manos de capitales y compañías extranjeras, ayudando a la industrialización de otros países y no del nuestro.
3.- Lo mismo ocurre con el naciente sector servicios: Las compañías eléctricas, los transportes, el teléfono…etc están controladas por capitales extranjeros.
4.- La falta de capitales internos y de iniciativa de la clase burguesa española, que prefirió invertir en la compra de tierras.
5.- La falta de inversiones y de una verdadera política económica por parte del Estado.

e.- El problema regionalista. Comienza a cobrar importancia a partir de principios del Siglo XX. Los rasgos esenciales de estos movimientos regionalistas-nacionalistas son: 1) Se desarrollan en la periferia del país, siendo los más importantes los de Cataluña y el País Vasco. 2) Su ideología es una mezcla entre tradición y modernidad. 3) Aspiran a una gran autonomía dentro de España y algunos de ellos, como el vasco, a la independencia total.
Poco a poco, irán surgiendo partidos nacionalistas o regionalistas que iniciaran la lucha por la autonomía de su región.
REFORMAS BORBÓNICAS

Las Reformas borbónicas fueron los cambios introducidos a partir del siglo XVIII (desde Felipe V y especialmente Carlos III) por la Corona española, en lo referente a la forma de administrar sus amplias posesiones en América, con el claro objetivo de retomar el poder, de manera particular, en el territorio de Nueva España.

Estas reformas de la dinastía borbónica tienen su base en la Ilustración. Dichas reformas se fueron aplicando dentro del margen del gobierno ilustrado, bajo todo el poder de un monarca absoluto. Entre 1760 y 1808 se fueron implementado cambios en materia fiscal, en la producción de bienes, en el ámbito del comercio y en cuestiones militares. Estos cambios, de alguna manera también se reflejaron en un mejoramiento, aunque mínimo, de la condición del indígena, a la vez, que una cierta merma de los privilegios de los peninsulares. Todo ello se vio reflejado en un crecimiento económico de la Colonia. Se denomina así al conjunto de grandes cambios económicos, políticos y administrativos que impulsaron los reyes borbones de España, durante el siglo XVIII, para la metrópoli y sus colonias.

Estas reformas fueron iniciadas por Felipe V (1700-1746), continuadas por Fernando VI (1746-1759) y desarrolladas principalmente por Carlos III (1759-1788). Los objetivos fueron, básicamente, recuperar la hegemonía comercial y militar de España, y explotar y defender mejor los ingentes recursos coloniales.

Las Reformas Borbónicas y las colonias en América

El fuerte incremento de la población colonial durante el siglo XVII creó nuevas necesidades y problemas que los monarcas habsburgos no pudieron resolver. La lentitud y la corrupción administrativa caracterizaban la administración colonial. Las potencias rivales, Inglaterra y Portugal, se expandían impunemente e inundaban Sudamérica con mercancías de contrabando.
A todo esto hay que añadir el excesivo poder que habían adquirido la aristocracia criolla y el clero, quienes se atrevían a desafiar las disposiciones reales que llegaban al Virreinato del Perú.

Los reyes borbones, principalmente Felipe V y Carlos III, emprendieron la colosal tarea de renovar la vieja estructural colonial que habían dejado los habsburgos. Apoyados por ministros y asesores ilustrados llevaron adelante las famosas Reformas Borbónicas.

Los borbones implementaron nuevas unidades administrativas en América. Crearon virreinatos, como Nueva Granada y Río de la Plata; capitanías, como Venezuela y Chile; y comandancias como Maynas. En 1784 se suprimieron los corregimientos y se implantó el sistema de intendencias, buscando mayor eficiencia en los gobiernos locales. De esta manera se consiguió mejorar la explotación de las riquezas coloniales y la recaudación tributaria.

Los borbones hicieron grandes esfuerzos por contrarrestar la hegemonía comercial y marítima de potencias rivales como Inglaterra y Holanda, prósperos países impulsados por la Primera Revolución Industrial. El proyecto borbón contempló la renovación del sistema mercantil para que sus colonias sean proveedoras eficientes de materias primas y consumidoras de las manufacturas españolas. La Corona apoyó a la burguesía peninsular favoreciendo la industria y protegiendo sus mercados. En este contexto se fue liberalizando el comercio entre los puertos españoles y americanos, lo que se consagró cuando Carlos III dio el decreto de Libre Comercio en 1778.

Esta política debía complementarse combatiendo el contrabando y mejorando la recaudación fiscal a favor de la metrópoli española. Esto provocó fuertes tensiones y guerras principalmente contra los poderosos ingleses y lusitanos.

Los conflictos contra los contrabandistas y corsarios británicos, holandeses y portugueses hizo necesario un mayor presupuesto para la armada, el ejército y las milicias. También se construyeron poderosas fortalezas y murallas para defender los principales puertos y ciudades de las colonias. El más importante ejemplo fue la construcción de los castillos del Real Felipe en el Callao.

El reformismo borbónico privilegió a los españoles europeos, “los chapetones”, en el acceso a los principales puestos de confianza en el aparato burocrático. Esto fue un duro golpe para la aristocracia criolla, pero el despotismo de los borbones reprimió duramente todo intento de resistencia.

Una de las instituciones afectadas por el despotismo ilustrado español fue la Iglesia Católica. La Corona pretendió afirmar el poder secular sobre el religioso. Esto incluía la restricción de los privilegios y exoneraciones fiscales que gozaban las ordenes católicas. Fueron los jesuitas los que más se opusieron al proyecto centralizador de los borbones, es por ello que fueron expulsados de España y sus colonias en 1767.

ANTES DE SEGUIR con el hilo de la historia de la gobernación de Sinaloa y Sonora es necesario referirnos, aunque sea brevemente, a los acontecimientos que sacudieron al imperio español entre 1767 y 1821, que tuvieron una relación muy estrecha con lo que sucedió en la metrópoli. La sociedad del noroeste ya estaba integrada al imperio español, y lo que ocurría en el imperio afectaba a nuestra región.

Desde el siglo XVI, la casa reinante en España era de la familia Habsburgo, de origen austriaco, pero en 1700 falleció el último rey de la dinastía, Carlos II, sin dejar descendencia directa.
Después de no pocos conflictos, la sucesión recayó en el príncipe francés Felipe de Anjou, sobrino nieto del difunto rey, quien asumió el trono de España con el nombre de Felipe V e inició una nueva dinastía, la de los Borbón, por el apellido de la familia a la que pertenecía, y que era la misma que reinaba en Francia. Los reyes de la casa de Borbón comenzaron una profunda reforma en España porque consideraban que el país estaba muy atrasado en comparación con los demás países europeos. Efectivamente, los cambios modernizadores que transformaban a Europa no habían tenido cabida en España, y en el siglo XVIII estaba en desventaja económica y tecnológica respecto del mundo occidental. Cuando las reformas borbónicas quedaron consolidadas en la península ibérica, los monarcas decidieron extenderlas también a las colonias del imperio, lo que ocurrió en la segunda mitad del siglo XVIII por iniciativa del rey Carlos III quien gobernó el imperio español de 1759 a 1788. En este capítulo nos ocuparemos de las reformas borbónicas que afectaron a la Nueva España, y en especial de las consecuencias que tuvieron en las provincias del noroeste.

Las reformas aplicadas en la Nueva España y en otras colonias del imperio tenían por principal objetivo recuperar para la corona el poder que los reyes de la familia Habsburgo habían ido delegando en algunas corporaciones de las colonias, como la iglesia católica y los consulados de comerciantes, así como al menos moderar la creciente corrupción de todas las esferas del gobierno. Ejercer el poder sin la interferencia de estas corporaciones también significaba canalizar hacia la corona los beneficios económicos que éstas acaparaban. La batalla fue muy reñida porque se afectaron muchos y muy fuertes intereses creados desde tiempo atrás.

Para ejemplificar la situación que Carlos III quería reformar, examinemos lo que ocurría en el noroeste novohispano, según lo hemos descrito. Las funciones de gobierno que debían ejercer el gobernador y los alcaldes mayores estaban orientadas a proteger intereses que no eran los del rey. Así, los alcaldes mayores, que al mismo tiempo eran mercaderes, estaban muy comprometidos con los comerciantes almaceneros de la ciudad de México, de modo que dichos alcaldes anteponían los intereses de los almaceneros —que también coincidían con sus propios intereses— al provecho del rey y de sus súbditos. Con su fuerza política, la Compañía de Jesús intervenía en los asuntos de gobierno y en defensa de sus propias ventajas. La riqueza producida en el noroeste beneficiaba a los comerciantes, a los locales, pero sobre todo a los almaceneros, y la Compañía de Jesús se llevaba también una buena porción. La Real Hacienda era la menos beneficiada por las riquezas del noroeste, pues sólo recibía lo recaudado en impuestos. Para el gobierno imperial, pues, era muy conveniente eliminar a quienes interferían en los asuntos de gobierno y se llevaban la mayor parte de los rendimientos económicos.

Para llevar a cabo las reformas en la Nueva España, Carlos III envió a un funcionario de la más alta burocracia de la corte de Madrid, José Bernardo de Gálvez Gallardo, con el nombramiento de visitador general del reino de la Nueva España y con atribuciones superiores a la autoridad del virrey. Desembarcó en Veracruz el 18 de julio de 1765 y allí mismo empezó a ejercer sus funciones interviniendo en todos los asuntos, lo mismo militares que de gobierno, fiscales, de comercio e incluso mineros. El virrey en funciones, el marqués de Cruillas, no aceptó la injerencia del visitador, pero el rey respaldó la autoridad de Gálvez y el virrey tuvo que someterse. Al año siguiente, el marqués de Cruillas fue remplazado por el nuevo virrey Carlos Francisco, marqués de Croix, un enérgico militar cuya virtud era la adhesión sin reservas a su rey Carlos III. El marqués de Croix fue el mejor colaborador de José de Gálvez en la difícil tarea de reformar la Nueva España.
En general, las profundas reformas impuestas en las provincias del noroeste afectaron a la iglesia católica, a la organización política y militar, a la economía y al fisco. Empezaremos por la expulsión de los jesuitas, porque fue la primera manifestación del reformismo borbónico en el noroeste novohispano.

Algunas consecuencias de estas reformas

Como se ha dicho anteriormente, antes de los cambios Borbónicos, jurídicamente las provincias y el virreinato estaban situados en la misma categoría que cualquier provincia de España; las desigualdades se debían a grupos con derechos particulares, los cuales existían tanto en la península como en América, aunque aquí, debido a que había grupos distintos a los del viejo continente, también se les dio una legislación especial (indios, mestizos y castas). Sólo hasta el momento de las reformas la Nueva España pasó a tener la categoría de Colonia en todos sentidos: jurídico, económico y político.
El auge económico propiciado por estos monarcas ocasionó una serie de contrastes socioeconómicos. Humboldt visitó a México en esta época y se quedó impresionado por los grandes desequilibrios existentes, por lo cual llegó a definir al país no sólo como un cuerno de la abundancia, sino también como el lugar de la pobreza, que en ninguna parte había visto igual.
Los impactos sociales de las nuevas políticas económicas que se implantaron fueron, quizá, los más graves, por las repercusiones posteriores que tuvieron. Se alteró toda la estructura social que había sido construida lentamente a lo largo de doscientos años. Baje la administración de los “austrias” la jerarquía social era estamental, como se aclaró anteriormente; es decir, los distintos grupos sociales tenían derechos y obligaciones especiales. Los Borbones, con el interés de crear un gobierno económico, destruyeron las bases estamentales y generaron un sistema social basado en la competencia económica. A partir de este momento las leyes y los privilegios que se otorgaron estuvieron fundamentados en las diferentes actividades productivas o comerciales; algunas de estas actividades se estimularon, otras se combatieron y algunas más quedaron olvidadas por el Estado. Aparecieron clases sociales en el sentido económico del concepto.
En el nivel del estamento superior, o de la élite novohispana, los conflictos y desajustes fueron dramáticos. En el interior del estamento apareció una división de clases económicas y políticas, que eran antagónicas; los favorecidos por el régimen borbónico eran grandes mineros, comerciantes y militares, y los no favorecidos fueron sobre todo hacendados productores del sector primario, comerciantes que tenían sus mercados en la Colonia, dueños de obrajes y modestos productores, ya fueran rancheros o artesanos. Estos intereses encontrados se vieron reforzados por la llegada de nuevos españoles peninsulares, traídos por Gálvez para desempeñar cargos públicos. Más tarde esto derivaría en las luchas entre “gachupines” y “criollos” en la guerra de Independencia. Luchas que llegaron ser verdaderamente sangrientas y con un marcado carácter fratricida (L. Villoro, 1975; p. 309).
Empezaron a aparecer las clases medias, constituidas por algunos criollos y españoles. que, atraídos por el auge económico del país, emigraron en mucha mayor cantidad que en los dos siglos anteriores. Sus actividades principales estuvieron favorecidas por el relativo crecimiento del mercado interno, a pesar de las restricciones existentes, ya que el incipiente desarrollo urbano industrial y el aumento de la burocracia propiciaron la aparición de rancheros, pequeños comerciantes, administradores, abogados, escribanos y gran parte del personal eclesiástico. Todos ellos liberados del trabajo manual, sin propiedades ni capital, pero con mejor preparación que muchos de la clase alta. Formados en las ideas de la ilustración, con clara conciencia de su situación desigual, por estar fundamentalmente relegados a las ciudades de provincia. Guardaban grandes resentimientos frente al sistema que los excluía. Por eso fueron ellos los que más y primero apoyaron los vientos del cambio y las ideas de Independencia (Ibid., pp. 310-311).
Otro de los aspectos importantes, respecto a las funciones económicas del Estado, fue la cesión de mercedes de tierras. Con esos derechos la Corona “premiaba” a sus súbditos notables dándoles derechos patrimoniales. Estos derechos fueron evolucionando y al final de la época de los Austrias empezaron a esbozar títulos de propiedad, y durante los Borbones fueron la base de la gran propiedad rural.
El pueblo trabajador, constituido por indios y “castas”, era la base de la pirámide social y lo que más tenía en común era su extrema miseria. Los peones rurales estaban sujetos a las haciendas por deudas, la plebe de las ciudades tenía hambre y se amotinaba, los obreros de los obrajes vivían en calidad de prisioneros en el interior de las fábricas, sin ningún derecho laboral que los protegiera, y aunque los trabajadores de las minas estaban un poco mejor que los otros, en términos reales, las reformas borbónicas y la crisis minera de 1.808 empeoraron más la situación, y, como dice Villoro, poco a poco su miseria y su dolor callado se convertiría en exasperación… (Ibid., pp. 311- 313).
En síntesis, la proclama de Hidalgo en Guadalajara expresó los sentimientos sociales de estos desajustes acusando, a quienes los llevaron a cabo, de ser “. … hombres desnaturalizados, que han roto los más estrechos vínculos de la sangre, ya que abandonando a sus padres, a sus hermanos, a sus mujeres y a sus propios hijos… al atravesar inmensos mares, exponerse al hambre, a la desnudez, a los peligros de la vida… el móvil de todas esas fatigas no es sino su sórdida avaricia… ellos no son católicos sino por política; su Dios es el dinero” (D. A. Brading, Op. Cit. apud. L. Alamán, p. 458)

 

Fuentes consultadas

  1. http://www.kalipedia.com/historia-colombia/tema/conquista-colonia/otras-reformas.html?x=20080730klphishco_14.Kes&ap=5
  2. http://www.kalipedia.com/historia-colombia/tema/conquista-colonia/crisis-sistema-imperial-reformas.html?x=20080730klphishco_14.Kes
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