LA EXPANSION EUROPEA DEL SIGLO XV AL XVIII Y SU IMPACTO EN AMERICA LATINA: LA ECONOMIA, LA SOCIEDAD, LOS ESTADOS, LAS INSTITUCIONES POLITICAS

LA EXPANSION EUROPEA DEL SIGLO XV AL XVIII Y SU IMPACTO EN AMERICA LATINA: LA ECONOMIA, LA SOCIEDAD, LOS ESTADOS, LAS         INSTITUCIONES POLITICAS

 

Jaime Murillo Víquez  ([1])

 

1. Introducción

 

         El estudio de tan vasto período en la historia de la Europa Occidental, comprende las estructuras materiales e ideológicas que se desarrollaron a lo largo de varios siglos y que, de una u otra forma, ha afectado  el desarrollo,  o antidesarrollo, de América Latina  y, específicamente, de Costa Rica, desde la llegada de los españoles y portugueses a finales del siglo XV y principios del XVI. En este sentido, para algunos historiadores:

 

         “El mundo americano nace del choque de culturas. Las sociedades   indígenas, incapaces de resistir el impacto de la colonización,         comenzaron su desintegración, lenta pero inexorable. De esta miríada         de restos nació la sociedad colonial, sitio de encrucijadas, fusiones y         contactos, donde la violencia del blanco sobre el indio nunca está          ausente.” (Pérez y otros, 1973: 13).

 

         Otras hablan de “encuentro de culturas”, pero “con esta denominación se distorsionan los hechos históricos, pues los hombres y las culturas de esas épocas pasan a ser codificados, dejan de ser sujetos  de la historia para ser “descubiertos” por el hombre europeo, de la misma manera que el paisaje, la flora y la fauna latinoamericanos” (Quesada, J.R., l99l, p. 9), hasta el punto de que “con la conquista y la colonización, las culturas locales son desestructuradas, se desmoronan. Cada elemento de la sociedad pierde sentido como parte de una totalidad  estructurada y pasa a subordinarse a un sistema “ajeno”: lo foráneo priva sobre lo propio. El encuentro de dos mundos, “el encuentro de culturas”, significó para los vencidos la ruina de sus civilizaciones, el inicio de un doloroso terremoto cultural” (Quesada, 1991: 12).

 

         Trataremos de explicar entonces la influencia que, sobre las  sociedades latinoamericanas, en general,  tuvo Europa, antes y desde la desestructuración de nuestras sociedades indígenas hasta el siglo XVIII, cuando el capitalismo llegó a su  plena capacidad en el occidente europeo y dio lugar al dominio de conquistadores, colonialistas y neocolonialistas, proceso  que fue justificado con ideas, doctrinas, instituciones e ideologías, que estudiaremos, junto con los procesos materiales, a lo largo de varios siglos. Se estudiará el proceso ocurrido en Europa, y en el mundo, y su impacto sobre las sociedades americanas.

 

2. La expansión europea entre los siglos XV  y XVI: sus motores y su impacto general

        

         Durante el siglo XV bajo el impulso de portugueses y españoles se produjo un gran avance en la navegación, que los llevó a descubrir nuevas rutas marítimas y comerciales. Aquellos dándole la vuelta al continente africano, los españoles descubriendo América y navegando hacia el oeste, hacia el océano desconocido. Sin embargo, lo que algunos  llaman una gran “revolución comercial” iniciada en el siglo XV y continuada en los posteriores siglos, tenía ya sus antecedentes en los siglos XII y XIII, al tomar auge el comercio y la vida  urbana, tan débiles durante el medioevo. Eso sí, desde mediados del siglo XV y hasta mediados del XVIII “la economía europea se caracteriza por una gran expansión del comercio y de los mercados…auge mercantil (que) precede y prepara el advenimiento de la revolución industrial” (Cardoso y Pérez, 1977: 16).

        

         Si asumimos que la colonización de América constituye una consecuencia, de la mayor importancia y complejidad, de la expansión marítima y comercial europea, nos vemos tentados, y obligados, a tratar de explicar, por medio de líneas esquemáticas, este largo proceso que tuvo numerosos actores sociales e institucionales, que obedecieron a intereses privados y públicos, y en el cual algunos atacaron con arcabuses o con arcabuses-cruces e ideolologías, mientras otros se defendieron y atacaron  también, para defender lo suyo,  su vida, sus tierras  y sus ideas. Veamos qué ocurría en Europa occidental y, concretamente, en España, en la transición entre medioevo y Edad  Moderna; qué fuerzas sociales y económicas se peleaban un lugar en la historia de la humanidad.

 

2.1. El desarrollo de las fuerzas productivas y las necesidades estructurales de la economía ibérica (España y Portugal). Lo espiritual  y lo material, un solo objetivo: eliminar las “distorsiones” económicos

        

         Uno de los factores importantes de la nueva fase de expansión económica estuvo representado por los cambios tecnológicos que se  presentaron  durante toda la segunda parte del siglo XV. Hubo un desarrollo de la imprenta, de las técnicas de la minería y la metalurgia, de las armas de fuego y de la navegación, que tenía ya un relativo gran desarrollo desde principios del siglo.

 

         Empero, se produjo un estancamiento de la tecnología y de la productividad agrícolas,  “que impusieron a la nueva fase expansiva límites precisos, (que) también explican su  carácter principal: una expansión cuyos motores son la navegación  oceánica, el comercio oriental, la conquista  y la explotación de América, mientras que en Europa misma, el comercio y la producción manufacturera existen casi exclusivamente en función del mercado lucrativo, pero limitado,  constituido por las Cortes, la nobleza y la rica burguesía.” Ya había comenzado, estaba allí y continuaría en los siguientes siglos la pugna entre desarrollo de las nuevas fuerzas productivas (relaciones de producción capitalistas)  y las viejas relaciones (sociales) de producción feudales. Las instituciones también cambiarían conforme al desarrollo económico y a las diferentes posturas filosófico-políticas.

        

         El instrumento esencial del descubridor es su buque. La carabela  y, en menor medida, la nao, fueron los tipos utilizados para adentrarse en lo desconocido del Océano Atlántico, aunque resumen toda la experiencia náutica del Oriente y del Occidente medieval. “Son los primeros tipos de buque a la vez robusto, manejable y maniobrero de que dispuso Europa y que, desarrollados y perfeccionados, van a darle una supremacía indiscutible sobre  los de todo el mundo” (Céspedes, 1974: 144).

        

         Las necesidades de la estructura económica ibérica, tales como el fortalecimiento  del sector secundario de la economía , el logro de una balanza comercial favorable, la necesidad de metales precios y la apropiación de materias primas en las colonias y de las rutas comerciales, son la motivación suprema para el expansionismo de España y Portugal. A ese proceso o fijación  de metas, contribuyó el desarrollo de las fuerzas productivas: el progresivo perfeccionamiento de la carabela en el siglo XV hace posible los descubrimientos. De modo que esta embarcación es un símbolo de la expansión marítima ibérica, en primer lugar, y de la europea en general, posteriormente.El vencimiento del océano (Atlántico), “el Mar Tenebroso”, se debió, en alguna medida, al apreciable caudal de experiencia y técnica ya adquiridos y que permitió a los marinos orientarse más allá de la costa. Se utilizaron y desarrollaron “las cartas de marear”, la astronomía náutica, la brújula marina, que consistía en una aguja magnética, la sonda para navegar en aguas someras, la ampolleta o reloj de arena para medir el tiempo;  en tanto  que para estimar la velocidad del barco, se hacía “a ojo”, por la pura costumbre. Conocido el rumbo seguido y  la distancia recorrida, los pilotos podían marcar el punto a que habían llegado (echar el punto, cartear) sobre la carta de marear (Céspedes, 1974: 449).

        

         De lo simple a lo complejo, de la de la bondad a la ferocidad, de Europa de blancos a América de indios de piel tostada y dueños de sí mismos y de todo el continente. El proceso fue duro y largo. Sigamos viendo qué instituciones   nos impusieron los blancos europeos y cómo se mezclaron con las instituciones americanas.  ¿Cuál era la importancia de  las especias y en qué medida influyeron en el progreso de la navegación?. A esa pregunta hay que contestar. Su importancia es trascendental en el proceso de conquista y colonización de América. Europa necesitaba de las especias de Asia (del Oriente), las cuales no podía cultivar. Eran utilizadas en la industria farmaceútica y se empleaban para condimentar carne. A cambio de las especias y demás productos, los orientales recibían dinero, metales, tejidos livianos de Inglaterra, alfombras, tejidos flamencos y plata. El comercio era valiosísimo y hasta finales del siglo XV los productos de oriente llegaban a Europa por el Mediterráneo. Independientemente de los problemas que los turcos produjeron en las tradicionales rutas en las que se trasladaban las especias, los lusitanos y los españoles buscaron afanosamente una ruta alternativa para llegar al oriente y competir con ciudades del Mediterráneo, sobre todo italianas, y con otras ciudades europeas,  en el riquísimo comercio de las especias. Fue así como, tras una larga tradición naútica, los portugueses arribaron a la India en l498 con Vasco Da Gama, luego de darle la vuelta al Africa. Los españoles con Colón descubrieron un nuevo continente cuando navegaron hacia el oeste en busca del extremo oriente, tierra de grandes riquezas y de especias y objetos de gran valor como la pimienta, el jenjibre, los clavos de olor, los purgantes, esenciales en medicina, el alcanfor, el azúcar, el palo brasil y otros colorantes, y variados objetos como la seda, tapetes, tejidos de algodón, la laca, porcelanas, piedras preciosas, madera de sándalo. (Cardoso y Pérez, 1977: 35)

        

         Alrededor y dentro de ese mundo de sedas, alcanfores, piedras preciosas, nobles y burgueses, campesinos y artesanos, curas y lucradores discurría un  pensamiento, el del hombre como tal, desligado de la Iglesia y del pecado, y el del hombre-dinero. Estamos en el siglo XV, en un proceso que viene desde y se va hasta; es una transición muy larga. Será por eso que a veces se destaca que en los orígenes de la empresa Indiana y, en consecuencia, de los grandes descubrimientos, “… se halla un  nuevo modo de pensar y de vivir que es típico del final de la Edad Media, y ya perceptible en todo el occidente europeo a principios del siglo XV: las gentes empiezan a aspirar a una vida menos agobiada, más cómoda y lujosa que la de sus antepasados. El dinero (es el) medio infalible para lograr todas estas cosas; máximo signo de bienestar y riqueza, es cada vez más deseado, … sobre todo en las residencias de la nobleza” (Céspedes, 1974: 433).

        

         Nos hallamos ante la “revolución” del espíritu que trata de salirse de la opresión en que vive bajo la Iglesia y el feudalismo. Es “la enorme curiosidad del’  hombre del Renacimiento por el descubrimiento de nuevos mundos… hubo una  verdadera pasión por los países de ultramar” (Chaunu, 1977: 189).

 

         El proceso, que tiene, con España, rumbo occidental, le permite a este país, con Cristóbal Colón, primero, “descubrir” el continente americano y, luego,  conquistarlo y someterlo. El punto de partida de la expansión castellana en América serían las islas del Mar Caribe, como La Española y Cuba, desde donde se dirigirían a México, Centroamérica y Sudamérica. La expansión se ampliaría, aún más, cuando Núñez de Balboa descubrió el Océano Pacífico (1513). En adelante y hasta hoy, Centroamérica y la cuenca del Caribe en general, tendrían una posición estratégica de enorme importancia.  Por lo tanto, apetecida por las grandes potencias, como España en la época de la conquista y la colonia y, posteriormente, en el siglo XIX, por Estados Unidos y Gran Bretaña, primero y, después, por la expansión estadounidense, que se prolonga a la actualidad. 

 

2.2. La situación de España en el siglo XV: ¿unificación política?     

 

         En España se producía la unión de los mayores reinos ibéricos (Aragón y Castilla) y, con ella, daba lugar a  la realización de la unidad de la mayor parte de la antigua Hispania. Esto dio a los habitantes de ambos reinos un gran sentimiento de solidaridad, a la vez que una considerable base territorial y humana. Y aunque la unidad no supuso la fusión política, pues cada reino conservó su personalidad nacional, y volvieron a separarse después de la muerte de Isabel, lo cierto es que fueron gobernados por una sola mano, la de Fernando. “Así fue posible tras una dura lucha de once años (l482-l492), poner fin a la empresa de la Reconquista con la incorporación del reino de Granada” (Sobrequés, 1974: 420).

 

         Así mismo, es básico tomar en cuenta que la rivalidad de España con Portugal “contribuyó a unir las tradiciones de Aragón (la España mediterrránea) y las de Castilla (la España del interior y Atlántica). En l492, fecha famosa, se produce la unión de Aragón y Castilla, la toma de Granada …” (Quesada, 1991: 11).

 

         Pero la “revolución del espíritu”, la carabela, la ideas, la religión, las ideologías, respondían a las necesidades estructurales de la economía ibérica, que necesitaba apuntalar su sector secundario, hallar materias primas, rutas comerciales, metales preciosos. En “este valle de lágrimas”, se acercaban  muchísimo las lágrimas terrenales con el poder de la Iglesia, aquí y más allá.

 

2.3. La Reconquista española: religión, fanatismo y traslado de sus métodos a América

        

         El pensamiento, el sentimiento, la moral, la religión, la economía, el fanatismo, se entrelazan en ese duro proceso  que fue la Reconquista española y el duro camino hacia la constitución de un Estado que, como los otros de la Europa occidental, vino a ser puntal importante en el desarrollo de las nuevas fuerzas económicas capitalistas y de las fuerzas sociales; para empezar: el surgimiento de una rica burguesía; todo ello a largo plazo.

 

         Refiriéndose a la Reconquista española un autor la destaca con caracteres epopéyicos de la siguiente manera:

     

         ¨Así, desde temprano, en la historia de la península ibérica,

         aún más que en la del resto de Europa occidental, los

         principales intereses fueron la guerra y la religión. Cinco

         siglos de lucha entre cristianos y musulmanes, en una casi   

          continua cruzada contra el infiel, engendraron un espíritu

          militar vigoroso y cierto gusto por un modo de vida irregular

          y aventurero, junto con algún menosprecio por las artes menos

          espectaculares de los tiempos de paz, que podían, con toda

          tranquilidad, dejarse en manos de moros y judíos. Así también,

          en la cruzada contra los musulmanes, el ideal de solidaridad

          religiosa se transformó fácilmente en intolerancia y fanatismo”

         (Haring, 1972: 37).

 

       La lucha contra el infiel continuó en América para someter al indio, económica, política y culturalmente La espada del soldado se alió con la cruz para someter y desestructurar a las sociedades indígenas, en beneficio de la Corona y de la religión (alianza Estado-Iglesia), y de la cultura occidental.

 

      Y los invasores se creyeron que tenían el derecho de aplastar a los que consideraban muy inferiores a ellos en todos los aspectos. El historiador citado, defiende esta posición de hace quinientos años:

 

“Así las cosas, América ofreció a los Reyes Católicos una oportunidad extraordinaria. Aquí estaba un continente virgen, ocupado solo por tribus de salvajes desnudos o por los estados semibárbaros de México y Perú, fácilmente dominados; un Nuevo Mundo, libre de las tradiciones e inhibiciones  de la sociedad europea…”  (Haring, 1972: 16).

 

         La obra del historiador C. Haring, en los dos párrafos precedentes, data en su primera versión, de l947. Pensamiento  similar,  sin embargo, prevalece entre muchos de los investigadores que defienden la masacre y la hecatombe indígenas, racionalizándolas con el mito de la superioridad de la “raza” europea y con el “barbarismo” de las sociedades indígenas.  Todo esto tiene relación con el carácter del “descubrimiento” y  la conquista. En l492, “fecha famosa”, se produce en España, no solo la unión de los reinos de de Aragón y Castilla, sino también la expulsión de los judíos, la Inquisición contra los “conversos” y la cristianización forzosa de los musulmanes.

        

         En l492 el descubrimiento de América por Colón significaría la conquista económica y la conquista “espiritual” e ideológica. La aparente contradicción entre los ideales místicos y religiosos del genovés, producto del pensamiento medieval, y los intereses económicos y la sed de oro de los nuevos tiempos, se desvanece con la realidad del descubrimiento y la conquista. El descubrimiento de Colón no es una coincidencia “extraeconómica” (imperialismo cultural”); “es la culminación de un proceso interno de la economía occidental en busca de oro y de especias” (Quesada, 1991: 11). La carabela  y otros inventos y técnicas, solo sirvieron para el desarrollo de la expansión ibérica. Porque el proceso, reiteramos, era una respuesta a las necesidades estructurales de la economía ibérica, que necesitaba de territorios, de donde saquear las riquezas, a fin de apuntalar la industria, el comercio de materias primas, la riqueza del comercio de las especias, el oro como medio de pago, internacionalmente aceptado … La carabela, la brújula, las cartas de marear, solo servían al propósito de solucionar las necesidades de las economías de los colonialista (España y Portugal ). A pesar de todo ello, España, por ejemplo, le tocaría ser un apéndice de otros países europeos. América sometida por la metrópoli (España); la metrópoli sometida y dependiente de otras países, como la industrial y capitalista Inglaterra.

        

         El sometimiento ideológico-religioso servía al sometimiento económico. La faceta mística, religiosa y evangelizadora de Colón no estaba desligada de su avidez por las riquezas. La distinción entre lo espiritual y lo temporal no era sentida por los hombres de la época de Colón. Una cosa sirvió  a la otra y viceversa.

 

2.4. El reparto del “nuevo” continente. El poder de aquí (y de más allá) de la Santa Sede

        

         Y, una vez descubierta América, los españoles y los portugueses trataron de legalizar, o hacer ver ante los ojos del mundo, que tenían, no solo bases jurídicas, sino, también, morales y religiosas, para ser dueños de los territorios ubicadas, “viajando hacia occidente”, entre Europa y las Indias Orientales. Cuando los ibéricos (españoles y portugueses) entraban en contacto con pueblos  desconocidos y de diferente cultura, respecto a la europea, superior y cristiana, alegaban para legitimar su conquista, derechos jurídicos y morales, sobre los territorios y sobre las “almas” (evangelización). Bulas papales legitimaron, tanto las conquistas portuguesas, por ejemplo Africa, como las tierras “descubiertas” por Colón, “pues aunque este navegante había tomado posesión de las Indias (Occidentales) en nombre de los reyes, requería la aprobación del papa, al igual que los portugueses la habían tenido para sus dominios en la costa del Africa Occidental: (Marín,1985: 5). Los papas se sentían con el derecho de orientar sus ovejas cristianas, sino, también, sobre los infieles, pues la facultad recibida de Cristo era plenaria, sobre los temporal y sobre lo espiritual en este “valle de lágrimas”.

 

         Las disputas entre las dos naciones ibéricas se solucionaron “santamente” por medio del Tratado de Tordesillas de 1494, el cual estableció los límites jurisdiccionales correspondientes a España y a Portugal. Para ello, se dividió el Océano Atlántico por un meridiano a las trescientas setenta millas naúticas del oeste de las islas del Cabo Verde (en Africa), de donde resultaron dos áreas para la exploración, la española y la portuguesa. Con la firma de ese tratado, Portugal se aseguraba sus pretensiones sobre una parte del Nuevo Mundo (Marín , 1985: 5).

 

         Ese “nuevo” mundo sería sometido por los castellanos, lanzando empresas conquistadoras en América, a partir del Mar Caribe (La Española, Cuba), y hacia México, Centroamérica y Sudamérica. La cuenca del Caribe ha tenido y sigue teniendo una importancia estratégica fenomenal, que ha sido peleada, a lo largo de la historia y hasta hoy, por las potencias. Primero España, después  (siglo XIX) Gran Bretaña y Estados Unidos. Desde entonces a la actualidad, el dominio, indiscutido, de la potencia estadounidense.

        

         Visto el panorama general de la Europa occidental del siglo XV y, en parte del siglo XVI, nos adentramos ahora en los procesos que, a lo largo del período moderno proveyeron la base material (infraestructura) y los ingredientes del pensamiento, la ideología, la filosofía, en síntesis la superestructura del sistema o modo de producción capitalista. El capitalismo se convertiría, en su “versión” latinoamericana (subalterno y atrasado), en la única opción para nuestros pueblos. Y como las revoluciones burguesas (Inglaterra, Francia…) suministraron su contenido ideológico, el liberalismo, éste  se trasladó a América y, por eso, se habla insistentemente en la actualidad de democracia como necesidad para América Latina. Se refieren, con ello, a la democracia capitalista o democracia liberal (burguesa). El liberalismo, en sus vertientes económica y política es históricamente básico para comprender el desarrollo de las sociedades de la Europa occidental y su gran influencia en la América Latina.

 

3. El paso de la Edad Media a la Edad Moderna: del feudalismo al capitalismo.

 

         La Edad Media se extiende, convencionalmente, del siglo V al siglo XV, y la Edad o período moderno, del XV al XVIII. El feudalismo es un  modo de producción característico de la Edad Media  pero continuó predominando  durante el período moderno en la Europa occidental. ¿En qué consiste el modo de producción feudal? Este modo de producción se origina en aquellas relaciones de producción, donde el productor directo (el campesino) posee en parte y tiene en parte  el usufructo de los medios de producción fundamentales,  como la tierra, las herramientas y el ganado, pero, por una presión extraeconómica, se ve obligado a retribuir al señor feudal (nobleza terrateniente) por medio de servicios, tributos, impuestos, etc. En este modo de producción se establecen  relaciones de servidumbre. Es esencialmente agrícola; hay desarrollo comercial pero esto no es lo primordial en él.

        

         El capitalismo, que surge de las propias entrañas del feudalismo, toma auge a partir de los siglos XV y XVI. El capitalismo es el modo de producción en el cual la  clase capitalista (la burguesía) posee el capital y los medios de producción y explota la fuerza de trabajo  del obrero o proletario, desprovisto de medios de producción. El proletario solamente posee su fuerza de trabajo que vende, como si fuese una mercancía, a cambio de un salario.

        

         El capitalismo moderno en el occidente europeo coexiste con el feudalismo y la producción mercantil simple, modo de producción, generalmente secundario, en el cual el productor directo (el artesano en la industria) es, a la vez, el dueño del medio de producción fundamental, como el caso de un taller. ¿Y  a qué nos lleva la presencia de una producción agrícola en este sentido?  A la existencia de lo que algunos investigadores llaman modo de producción parcelario o pequeño campesino, en el cual el campesino, propietario de la parcela, trabaja, él y su familia, para la producción de subsistencias e, incluso, excedentes para el mercado. En relación con esta producción, muy restringida a través de la historia, se habla del  modo de producción doméstico, que es precapitalista y que emplea mano de obra femenina para la subsistencia y la reproducción de la fuerza de trabajo. El modo de producción mercantil simple se adapta a situaciones muy diferentes (en el feudalismo, los gremios medievales; en el capitalismo, los pequeños talleres subsidiarios de las grandes industrias

 

3.1. El gran desarrollo de las fuerzas productivas  y del capitalismo a partir del siglo XV

 

         Hemos visto como el desarrollo comercial específicamente y, en general, el desarrollo económico tomaron gran dinamismo a partir de los siglos XV y XVI. Con la “revolución” comercial  toman mayor fuerza las nuevas relaciones sociales de producción, que tratan de adaptarse al gran desarrollo de las fuerzas productivas. Un nuevo modo de producción, con sus propias relaciones de producción,  se ha gestado y toma impulso y procura imponerse al feudalismo a lo largo del período moderno. Ahora bien, ¿qué acontecimientos y factores dan lugar a ese gran desarrollo de las fuerzas productivas? Hagamos un resumen de lo  acontecido en esa dirección:

 

a.-      La conquista del mar. Con el descubrimiento de América y los descubrimientos portugueses, se fortalece el comercio, cuyo eje se desplaza del Mediterráneo al Atlántico.

b.-      La competencia por el mercado mundial entre portugueses y españoles primeramente, y luego entre ingleses, holandeses y franceses, da lugar al saqueo de las riquezas de América y a la explotación de la fuerza de trabajo de las colonias.

 c.-     La gran acumulación de capital, basada fundamentalmente en los metales preciosos saqueados en América, y en la absorción de tierras y  de las formas de producción artesanales en Europa, originan la formación de una masa de capital importantísima en los comienzos del capitalismo, llamada acumulación primitiva u originaria de capital.

 d.-     Los inventos y el progreso técnico alcanzado en la navegación, la utilización de la  la pólvora, las nuevas técnicas empleadas en la extracción de minerales, la imprenta, empujan la máquina económica.

        

         Durante el siglo XVI se produce en Europa una gran afluencia de metales preciosos y un alza de los precios  sin precedentes. Con la inflación ganaron los que tenían el poder económico (nobles, burgueses y clérigos); perdieron los asalariados, puesto que sus salarios nominales subían lentamente y bajaban, apresuradamente, sus salarios reales (Cardoso y Pérez, 1977: 37).

 

         Pero el alza de los precios no se debió sencillamente a la abundancia de metales preciosos, cuyo valor -según la ley de la oferta y la demanda- declinó frente a las demás mercancías. Los precios subieron también porque los costos de producción de los metales preciosos bajaron, gracias a que su extracción en América se dio en forma de saqueo puro y sencillo al principio y posteriormente a través de la explotación de una mano de obra servil y semiservil en las minas. En este sentido: “… vemos que la expansión europea reposaba en gran parte sobre la explotación de los esclavos y las comunidades indígenas de  América. Ello se aplica  no solo en cuanto a los metales, sino también al azúcar de Brasil y demás cultivos coloniales…” (Cardoso y Pérez,’ 1977: 43).

        

         El auge del siglo XVI para Europa, costó muy caro a  América; las epidemias introducidas por los europeos, los trabajos forzados, la mala alimentación, la quiebra brutal del orden social precolombino, causaron una catástrofe demográfica que, a la larga, se volverá uno de los factores de la crisis del siglo XVII. Socialmente en Europa el progreso del capital comercial y la inflación contribuyeron a disminuir la distancia entre nobles y burgueses, pero también a aumentar el abismo entre tales grupos y las masas populares, mayoría absoluta de la población.

 

         En el siglo XVI con el gran comercio se desarrollan las empresas aún no especializadas, pues el mismo empresario practica el comercio, la industria (manufactura), la actividad bancaria,  las primeras sociedades económicas eran patrimoniales y familiares, como por ejemplo la poderosa organización   de los Fugger en Alemania. El crédito sufrió una fuerte expansión, en cuanto a préstamos e  interés, obligaciones del Estado y arrendamiento de los impuestos civiles y eclesiásticos. El gran comercio exigía mecanismos de transferencia y compensación; se desarrollaron entonces los medios de pago, las letras de cambio, los pagarés… La industria capitalista (manufactura) adquiere gran desarrollo y produce muchos asalariados, anteriormente artesanos. El impacto de este proceso sobre las áreas rurales es significativo, desde el punto de vista económico (el cercado de tierras, activación del mercado ante las demandas de las ciudades que crecían), y social. Aumenta sensiblemente la población, aumenta la mano de obra y el consumo; pero las técnicas agrícolas son insuficientes, frecuentes las hambrunas y epidemias; ocurren a veces catástrofes demográficas (Cardoso y Pérez, 1977: 36-42).                    

        

         Pero la expansión económica del siglo XVI se encontró con sus propios límites. El desarrollo de las fuerzas productivas, que tendían hacia las relaciones capitalistas de producción, se daba en una Europa predominantemente feudal. La ley de la  correspondencia podría aplicarse para esos tiempos; no había  correspondencia entre el desarrollo económico (relaciones capitalistas de producción) y relaciones (sociales) de producción. Las relaciones de producción feudales eran aún  poderosas como para frenar el nuevo modo de producción. El freno significaba el comienzo de una grave depresión económica que marcaría, prácticamente, todo el siglo XVII.

 

4. Formación de los grandes Estados y de las monarquías autoritarias o absolutas: el Estado moderno.

        

         ¿Cómo era políticamente la Europa occidental bajo el feudalismo?

Predominaba la descentralización política, no existía unidad política, Los señores feudales y reyes y reyesuelos, dueños de las tierras, más pequeñas o más grandes, ejercían su  dominio en cada uno de estos feudos.

        

         Pero el desarrollo capitalista dio lugar a la necesidad de un Estado fuerte, con órganos de administración  que dirigieran desde un centro político las actividades del país, que guiara su política económica con el exterior, que organizara la seguridad y pusiera orden en los asuntos internos. Se establece  una vinculación entre Estado (monárquico absoluto) y la nueva economía capitalista. Aparece el Estado moderno. El nuevo sistema económico o empresa capitalista necesita de un Estado fuerte, encarnado en un monarca absoluto, que ostenta el poder, el dominio sobre un determinado territorio, es decir, que ejerce soberanía en él  y sobre un conjunto de personas con determinadas características (Estado-nación). El nuevo Estado necesita, a la vez, de los empresarios particulares, quienes le suministran préstamos para sus gastos y para hacer la guerra.

        

         Al principio las naciones son, en gran medida, creaciones artificiales, puesto que el rey unifica bajo su mando los territorios que puede dominar, sometiendo a la nobleza rebelde (Juliá Díaz, 1978: 140-141).

        

         Los grandes Estados que van a dirigir la vida de Europa durante los siglos XVI, XVII y XVIII, por ejemplo  España, Francia e Inglaterra, son ya naciones gobernadas por monarquías autoritarias o monarquías absolutas. Son pues,los primeros Estados “modernos”.

        

         Surge a la par del Estado moderno toda una justificación teórica y se desarrolla el concepto de “política” para el período moderno. Dos posiciones fundamentales hay en relación con la esencia del Estado. Para el marxismo el Estado es, desde sus orígenes, un Estado opresor, un instrumento de dominación, un mecanismo de la clase o clases dominantes para continuar apropiándose de los medios de producción y sometiendo, de esta manera , a las otras clases sociales.  Esta corriente de pensamiento destaca que el Estado es la expresión política de la clase  dominante; es el encargado de asegurar la permanencia de la estructura económica en  el marco de una delimitación territorial dada. El Estado, en consecuencia, es la expresión superestructural más clara de la división de la sociedad en clases; es el instrumento político de las clases opresoras, cuya función básica  consiste en mantener los sistemas de explotación imperantes (Bartra, 1973: 71).

        

         Otra concepción de Estado nos sugiere que éste y su conjunto de instituciones surgen como consecuencia de la necesidad de organizar y mantener la sociedad y la lógica de su funcionamiento. De esta forma, el Estado es un conciliador, un árbitro, un mediador, entre las clases sociales y entra éstas y el propio Estado. Así se evita el  desorden y la anarquía en una sociedad.

        

         Todo Estado debe contar los siguientes elementos básicos: a.- un territorio o espacio geográfico en el cual ejerce soberanía, o sea, dominio, poder sobre su territorio (soberanía interna) y respecto a otros estados (soberanía externa); b.-una población que, con el desarrollo histórico, se torna en una comunidad con  determinadas características (la nación) y c.- una estructura política organizada (el gobierno). El Estado posee, por lo demás, un aparato jurídico-administrativo y, en general, institucional. El Estado moderno aparece controlado por la nobleza feudal que se halla alrededor  del monarca absoluto.                     

 

4.1 Teóricos del absolutismo

 

         El período moderno ve aparecer los Estados nacionales y el fortalecimiento de la monarquía absoluta, forma de gobierno en la que hay un rey o monarca, cuyos poderes son ilimitados, absolutos. La aparición del Estado moderno va aparejada con el fortalecimiento de las relaciones de producción capitalistas. El capitalismo no podía tomar gran impulso en los estrechos marcos de la estructura feudal que, con determinadas relaciones sociales de producción y con una gran disgregación política, no podía dar aliento a las nuevas empresas capitalistas  (recuérdese la “ley de la correspondencia”).

        

         A pesar de que al “inicio” hubo una simbiosis entre empresa (capitalista) privada y monarquía autoritaria, ésta estuvo dominada por una nobleza feudal terrateniente. La burguesía, clase dominante en el capitalismo, no llegaría a tomar el poder político sino con las “revoluciones burguesas”, como la inglesa, desde el siglo XVII, y la Revolución Francesa, una “revolución burguesa” del siglo XVIII.

        

         El absolutismo tuvo sus teóricos a partir, fundamentalmente, de Nicolás Maquiavelo (l469-l527), quien vivió en una Italia dividida, desunificada y bajo la “nefasta” presencia de la “Santa Sede”. Su obra “El Príncipe” es una especie de manual para los monarcas absolutos. En él se da la secularización de la política y del Estado. La política es independiente de la moral y de la religión. El Estado es laico, la religión debe estar subordinada al Estado. La expresión “el fin justifica los medios’ sintetiza, en gran medida el pensamiento de Maquiavelo y el ascenso de la unificación nacional bajo un Estado fuerte, poderoso, absoluto, que se convertiría, al mismo tiempo, en base de apoyo para la empresa capitalista. Y es que, precisamente, “Maquiavelo nace con el desarrollo del estado capitalista. Sus enseñanzas políticas tienen plena vigencia en este contexto capitalista…” (Formoso, 1985: 36).

        

         Thomas Hobbes (l588-l679) fue un defensor del absolutismo pero negó siempre la “doctrina del derecho divino de los reyes”, según  la cual el poder del monarca proviene de Dios. Su pensamiento se estructura a lo largo del siglo XVII, definido, por un lado, por una crisis general que permitió, empero, la eliminación de trabas que hasta entonces obstaculizaban el triunfo del capitalismo; y por otra parte, por los efectos que producían ya el Humanismo, el Renacimiento y la Reforma. El mundo universalista medieval dio paso a otra concepción, a la concepción de que el mundo es “mundano” y la razón, situada en un nuevo plano, se convirtió en su instrumento (Formoso, 1985: 37-38).

        

         Hobbes enuncia la doctrina del “contrato social” que parte del concepto de que los  hombres en el Estado de naturaleza, previo a la vida en comunidad líticamente organizada, no obedecen a ninguna ley y luchan con ferocidad por los  mismos bienes. En ese estado, cada hombre, dice Hobbes, tiene la libertad de usar su poder como quiera para conservar su propia vida, y como las posibilidades en este sentido son pocas, el conjunto de los hombres adoptan un contrato social, mediante el cual enajenan  o entregan sus derechos al Estado poderoso, al “Leviatán”, donde el soberano no encuentra límites a su poder, excepto cuando el Leviatán no sea capaz de defender a los ciudadanos, cuando no sea capaz de asegurar la paz. En el momento en que produzca ese incumplimiento, se  interrumpe toda  lealtad al poder político y el ciudadano puede buscar protección en otro Estado o volver al estado de naturaleza (Formoso, 1985: 37-38).

 

5. El mercantilismo: una doctrina económica

        

         El dinámico desarrollo mercantil que comienza en los siglos XV y XVI produjo la doctrina de su propia racionalización o justificación, la doctrina mercantil.El  mercantilismo fue puesto en práctica por los países europeos, dentro de los cuales estuvo España, tratando de explicar y servir de base al desarrollo económico de entonces. Se “creía” que la riqueza de las naciones se hallaba en el comercio, en las relaciones mercantiles.

        

         El mercantilismo designa “… en su acepción más amplia, la fase de la historia económica de Europa occidental situada entre los grandes descubrimientos y la Revolución Industrial” (segunda parte del siglo XVIII). (Acuña, 1979: 53-91).

        

         El primer aspecto sobresaliente del mercantilismo es el rol dominante del Estado; de esta forma, es una política para alcanzar el poderío a través del fortalecimiento del poder estatal. El Estado debe seguir una política exterior que apunte al eje central de sus prácticas y  doctrinas: la balanza comercial.En otros términos, el comercio exterior es  el instrumento que permite la  acumulación interna de capitales. La gran tarea de los poderes públicos es garantizar un saldo positivo de las exportaciones sobre las importaciones; lograr una balanza comercial positiva o excedentaria. A  partir de esta regla general se derivan todas las prácticas de intervención económica del Estado mercantilista:

a.-      Protección y apoyo a la producción nacional por medio, por ejemplo, de derechos de aduana que protejan el mercado interno contra  la competencia extranjera,      de la concesión de monopolios a los nacionales, de la participación del Estado como empresario, etc.  He aquí un antecedente importantísimo de la política económica llamada proteccionismo.

b.-      Control de los intercambios exteriores (estímulo a las exportaciones por medio de exenciones fiscales, y limitación selectiva de las importaciones aplicando tarifas proteccionistas).

c.-      Apoyo a la marina y el comercio nacionales (monopolio del comercio para comerciantes y navíos nacionales).

d.-      Obtención e incremento de las especies monetarias y de las reservas de metales preciosos. Sin embargo, para los mercantilistas “lo que hace la  fortuna del Estado no es la abundancia de oro y plata, ni la cantidad de  perlas y diamantes , sino la provisión de artículos necesarios para la vida y adecuados para la vestimenta … ” Para ellos, dichos metales “… son indispensables para financiar las guerras y el único medio de pago internacionalmente aceptado” (Acuña, 1979: 57).

 

         La política colonial fue otro aspecto esencial del mercantilismo que tuvo fuerte impacto sobre el mundo americano. La posesión de colonias posibilitaba la obtención de excedentes y, de esta manera, contribuía al logro de una balanza comercial favorable. El mundo colonial debía estar al servicio de las metrópolis. Las colonias servían de mercado a las exportaciones de la metrópoli y, por otra parte, suministraban todos aquellos artículos que la metrópoli requería, especialmente metales preciosos y materias primas. Las relaciones metrópoli-colonia se basaban en una situación de monopolio; la metrópoli era el único abastecedor de productos importados y  el único comprador de las exportaciones de la economía colonial, lo cual daba lugar a un evidente intercambio desigual que se ha perpetuado hasta la actualidad. A los condicionantes de esa relación es lo que ha llamado, por darle algún nombre, “pacto colonial”.

 

         La finalidad del sistema colonial fue la de contribuir al proceso de acumulación primitiva u originaria  de capital en el polo metropolitano por medio  de la explotación de de la periferia colonial. Un autor destaca que: “Es en esta perspectiva que el principio del pacto colonial adquiere toda su significación histórica: por un lado, por ser uno de los pilares de la acumulación primitiva es uno de los factores  que contribuyó a la constitución del modo  de producción capitalista y, por otro lado, fue gracias a él que las economías coloniales fueron sumidas en una situación de dependencia, cuya expresión es la especialización de su aparato productivo en función de las exigencias de la metrópoli” (Acuña, 1979).                           

 

         El “pacto colonial” fue superado al finalizar el siglo XVIII pero la división internacional del trabajo que él introdujo y la desigualdad al interior de la economía mundial que él contribuyó a forjar han pervivido hasta nuestros días.  

 

6. El desarrollo capitalista y el liberalismo; el sentido de las revoluciones burguesas

 

         En la Edad Moderna (siglos XV al XVIII) siguió predominando en la Europa occidental  el feudalismo; sin embargo, el capitalismo había tomado gran auge y ya en el siglo XVII tenía un gran desarrollo, sobre todo en Inglaterra. En otros países, como España, distaba mucho de ser el modo de producción dominante, pues las relaciones de producción feudales y sus instituciones serían aún las dominantes bien entrado el siglo XVIII.   

        

         El desarrollo económico capitalista (desarrollo de la base económico o infraestructura) fue justificado o racionalizado por una ideología, la liberal. Las ideologías forman parte de lo que se denomina superestructura, y que está compuesta, además,  por el conjunto de las ideas, leyes, creencias, mitos,  instituciones políticas, jurídicas, educacionales, religiosas y el Estado mismo. La ideología presenta una visión del mundo y de la sociedad, es como la conciencia colectiva.

        

         Generalmente se hace una división del liberalismo: liberalismo económico y liberalismo político. Cuando se tenía al comercio como el eje de la riqueza de las naciones, se justificó esa situación con la aplicación de la doctrina del mercantilismo, pero con el avance industrial y la consolidación del capitalismo, surge otra doctrina económica, el liberalismo económico, contraria al mercantilismo. La doctrina liberal tuvo su gran antecedente en la fisiocracia.

        

         Para los fisiócratas la riqueza no reside en las relaciones comerciales, puesto que ellas reflejan básicamente un traslado de mercancías; la riqueza reside, según ellos, en la tierra, que suministra materia prima para la industria.

        

6.1.     La fisiocracia y el liberalismo económico

        

         Ambos propugnan por la libertad en el campo económico, en el campo de los negocios. Esto significa que el Estado no   debe intervenir en las cuestiones económicas y, por extensión, en las sociales.

        

         Rige así la ley de la oferta y la demanda en los precios y en los salarios, en la actividad económica en general. El Estado debe limitarse a velar por el orden y la seguridad de los ciudadanos; es el Estado policía. Quesnay, un fisiócrata, acuñó la famosa expresión que define el carácter de la economía liberal (capitalista), sobre todo en el siglo XVIII: “laissez faire et laissez passer, le monde va de lui-mème” (“dejad hacer y dejad pasar, el mundo marcha por sí solo”).        

        

         La doctrina liberal propugna por un Estado no intervencionista y no proteccionista. Su papel se reduce a velar por la seguridad de los ciudadanos y de la propiedad privada (capitalista). Estamos ahora, especialmente en el siglo XVIII con la Revolución Industrial, ante un violento desarrollo de la producción industrial capitalista. La empresa capitalista se ha desarrollado lo suficientemente, como para proponer que su antiguo “aliado”, el Estado, no intervenga en los asuntos económicos, para que siga siendo aliado en la defensa de los intereses generales de la burguesía.           

        

         Durante el siglo XVIII la población de Europa no cesó de crecer, los capitales de acumularse, los medios de pago de multiplicarse; los precios, ganancias y salarios tendieron al alza. Los metales preciosos volvieron a ser abundantes; el oro y la plata afluyeron en grandes cantidades a la Europa Atlántica. Se dio el apogeo de las minas de oro de Brasil, hasta l760, y un nuevo auge de la plata mexicana. Sin embargo, para entonces España y  Portugal hacían demasiadas importaciones, debido a la debilidad de su producción interna y perdían así sus reservas de metales preciosos. Eran ahora, con su apego a las instituciones feudales, países dependientes de las potencias europeas.

        

         La historia económica nos muestra que en el siglo XVIII era ya conocida la totalidad de la técnica bancaria moderna gracias, en parte,  a los impulsos holandeses del siglo XVII. Los bancos estatales (Londres, Amsterdam), los banqueros privados, los notarios, los corresponsales comerciales, recibían depósitos de metales preciosos, efectuaban pagos por transferencias de fondos y compensación, emitían billetes de banco que anunciaban la circulación fiduciaria contemporánea. Circulaban constantemente las letras de cambio y los préstamos bancarios y los hipotecarios se practicaban en forma corriente, sobre títulos, acciones, obligaciones, plantaciones coloniales, casas, etc. Aparecieron verdaderas sociedades anónimas por acciones, con sus asambleas  de accionistas, y las acciones se negociaban en la bolsa de valores. (Cardoso y Pérez, 1977: 49).

        

         Si bien es cierto que el Estado liberal reduce su intervención al mínimo, a efecto de no entorpecer la producción de bienes y servicios, ese mínimo nunca llegó a cero, pues la no intervención jamás fue absoluta. El liberalismo dio lugar al desarrollo de la economía política clásica.

        

6.2. La economía política burguesa (economía clásica)

 

         La economía política burguesa alcanzó su madurez con las obras de Adam Smith (l723-l790) y David Ricardo (l772-l823), fundadores de la escuela clásica inglesa. “Con la aparición de la obra capital de Adam Smith “Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones” (…), la economía política burguesa de Inglaterra se manifiesta como una rama científica completamente articulada” (Karatiev y Rindina, 1965: 156).

        

         Como los fisiócratas, Smith es defensor del “orden natural”, que para él significa “orden capitalista”. El orden natural para él se va abriendo paso, incluso contra la voluntad de las personas y la legislación estatal, si ésta le ofrece resistencia. Por eso afirmaba la necesidad de una ciencia especial, la economía política, encargada de estudiar las fuerzas económicas que rigen el desarrollo de la sociedad, para él eternas e invariables.

        

         Para Smith la división del trabajo eleva la productividad del mismo, y el aumento de ésta incrementa el volumen de la producción. Por consiguiente, crece la riqueza como conjunto de los medios materiales de producción, y del consumo de cada país.    

        

         “Considerada en su conjunto, la doctrina de Adam Smith sobre la división del trabajo constituye un gran paso en el desarrollo de la economía política. Colocó el trabajo y la división del mismo en primer lugar, cosa que no hicieron  los mercantilistas ni los fisiócratas”.

        

         En cuanto a la mercancía y el valor, Smith trató de poner en claro las leyes que determinan el valor de cambio de la mercancías y aunque tocó la cuestión de la diferencia entre el valor de uso y el de cambio, no vio la unidad existente entre ambos. Por eso no pudo descubrir el doble carácter de la mercancía, sus contradicciones internas, “ni comprendió el carácter histórico de la mercancía, el valor y el valor de uso” (Karatiev y Rindina, 1965: 169).

        

         Smith limita la función del dinero a su papel como medio de circulación de las mercancías y se adhiere a la tesis de que no es la cantidad dinero la que determina el precio de las mercancías, por el contrario, el precio de éstas es el que establece la cantidad de dinero necesaria para la circulación. Y establece la diferencia entre precio real y  precio nominal (de mercado) de los artículos. Para él, el precio real es el precio de los productos, resultante de la división del trabajo, y está determinado por el trabajo; definía al nominal como el precio de los productos en dinero. Semejante distinción implica la comprensión de la teoría del valor-trabajo; así, es clara su idea de que el trabajo es la medida única y real del valor de las mercancías.

        

         En su obra Smith trata sobre la teoría de las rentas y la doctrina del capital. Algunos lo llaman “el padre de la economía clásica”.

 

6.3. El liberalismo político y la democracia liberal (burguesa)

        

         El liberalismo político está, por así decirlo, formado por las ideas políticas, las que se refieren a la democracia liberal (burguesa), o sea, a las que  sirvieron de base  ideológica a las revoluciones burguesas, como la revolución inglesa del siglo XVII, la Revolución Francesa de  la segunda parte del siglo XVIII y la independencia de los Estados Unidos.

        

         Si simplificamos, para efectos didácticos, el proceso, podemos decir que la burguesía en Inglaterra, Francia, etc, llegó a contar con un gran poder económico como consecuencia del gran desarrollo del capitalismo, en el cual es su clase dominante; pero no tenía aún el poder político que estaba, en el caso de la Europa occidental, en manos de la nobleza feudal, bajo un régimen monárquico absoluto. La burguesía buscó, entonces, el dominio del poder político o gobierno. Esta ansia de poder por parte de la burguesía, dio como resultado el desarrollo de las revoluciones burguesas. En América, fundamentalmente los criollos (especie de burguesía americana),  impulsaron los movimientos de independencia, teniendo como base ideológica el liberalismo.

        

         La ideología liberal , cuya presencia es tan marcada en la historia de América, es parte de una corriente de pensamiento más amplia, característica, especialmente, del siglo XVIII en Europa. Se trata de la Ilustración, que  opone  la razón al dogma y a la religión, que se pronuncia por un Estado secular, sin la presencia de la Iglesia; que exalta la libertad política y económica; que le da importancia a la educación como medio para lograr el progreso. Se trata de un movimiento político, económico, filosófico; contrario al dogma y a la fe; favorable a la razón y a la ciencia. Es toda una concepción de la sociedad y del mundo.

        

         Dentro del pensamiento liberal nos encontramos con los teóricos de la  de la democracia  liberal. El pensamiento de John Locke (l632-l704) “… corresponde a un momento de asentamiento del poder burgués en Inglaterra y, posteriormente, sirve para expresar los reclamos políticos de  la burguesía europea, luego americana, en la búsqueda de las instituciones que le permitan  entrar a compartir, y dominar más tarde, el poder en el Estado moderno.”

        

         Locke fue el teórico que explicó los acontecimientos de la revolución de l688 en Inglaterra. Defensor de la monarquía constitucional, Locke proponía  un gobierno y una teoría que serviría a la burguesía para escalar el  poder político en un país donde el capitalismo adquirió un fuerte desarrollo    en el siglo XVII. Con la instauración de la monarquía constitucional el rey perdió atribuciones muy importantes, como las de emitir moneda, reclutar un ejército o legislar sin control. Estas atribuciones pasaron a ser tomadas por el parlamento, que pasó a ser la institución política principal y en la cual participarían los burgueses.

        

         Al igual que Hobbes, habla del Estado de naturaleza, anterior a la sociedad civil, y en al cual todos los hombres son iguales y son libres. En ese estado se adquiere, así mismo, el derecho de propiedad como parte fundamental del derecho natural. En el Estado de naturaleza los hombres tienen dos poderes. El primero es el de hacer todo aquello que consideren conveniente para su conservación, según las leyes naturales. El otro es el de juzgar y castigar a quienes infringen las leyes naturales. La comunidad civil, producto de un pacto social, nace cuando los hombres renuncian a estos dos poderes del Estado de Naturaleza. ¿Por qué renuncian a ellos? Renuncian a esos poderes para que sean ejercidos por un grupo de hombres que representan a toda la comunidad. Introduce Locke el concepto de representación y, también, el de gobierno de la mayoría. Los representantes toman decisiones cuando una mayoría lo decida. El pacto se hace para vivir mejor, para mejorar la vida, relativamente buena, que tenían en el Estado de naturaleza. 

        

         Locke configura su teoría para enfrentarla al poder absoluto del monarca, en la que el poder no se comparte y no hay freno a los abusos (de poder) del monarca. Es necesaria entonces la división de poderes. El parlamento es el de mayor rango; el ejecutivo aparece ante la necesidad de ejecutar las normas que dicta el parlamento. Locke habla de un tercer poder, el federativo, que generalmente está adscrito al Ejecutivo. “Será Montesquieu quien en el siglo siguiente tomará estas ideas de Locke y las perfeccionará al incluir el Poder Judicial y hablarnos de los tres poderes que son característicos de la democracia representativa” (Formoso, 1985: 57).

        

         “La Revolución Francesa es una revolución burguesa. Locke contribuye a racionalizarla en favor de la burguesía. La Declaración de los Derechos del hombre y del Ciudadano de l789 es la declaración de los derechos del hombre burgués, que esconde su dominación en el sistema que Locke construyó y que fue perfeccionado por los pensadores franceses del siglo  XVIII. Manuel Formoso  nos dice al respecto: “Si dudamos de lo anterior, pensemos en un momento en el estado costarricense, muy determinado por Locke y por la revolución burguesa, y veamos a quién sirve y cuán maravillosamente oculta su carácter de dominación de clase.” (Formoso, 1985: 58).

        

         Contra el absolutismo y el abuso de poder, surgió el movimiento constitucionalista en Europa occidental. Con el constitucionalismo vendría también, a la par, la defensa de los derechos fundamentales del hombre y los medios o garantías (constitucionales) para hacerlos valer o para reivindicarlos, como al protección a la libertad y a la integridad personales, garantizado por el recurso de hábeas corpus. Este recurso tiene sus antecedentes en Roma, pero solo para los ciudadanos,  luego en los Fueros de Aragón y, posteriormente, la Carta de Juan Sin Tierra (1215) lo introduce en Inglaterra, no generalizado aún, y en el siglo XVII, en ese mismo país, se establece, tal y como lo conocemos actualmente. La protección a los derechos fundamentales de libertad e integridad personales, de libre circulación, de libre expresión de las ideas y del pensamiento; los derechos sociales y políticos, y otros derechos consignados en las Constituciones Políticas, irían introduciéndose en las Cartas Políticas en la Europa occidental, en los Estados Unidos y en América Latina, a lo largo de muchos años, con las diferencias del caso según las distintas sociedades.

 

         En ese desarrollo del constitucionalismo, aparecerían, posteriormente, con mayor nitidez y sistematicidad en el siglo XX, los conceptos de jerarquía de las normas y de control constitucional, que nos señalan que la Constitución Política es la norma que está por encima de todas las demás y que toda norma antepuesta a ella, es inconstitucional. El concepto de la supremacía constitucional encuentra, para el caso de las excolonias españolas en América, su punto de arranque, inmediato,  en la Constitución de Cádiz de 1812, influida por los principios de la Revolución Francesa, aunque no es una copia de la Constitución Francesa de 1791.

        

         Juan Jacobo Rousseau (l7l2-l778), pensamiento universal, defensor de la libertad y la democracia, no solo se destacó en la política, sino también  en la literatura y en la educación. Como Hobbes y Locke, Rousseau plantea la existencia de un Estado de Naturaleza previo a la sociedad civil. Un contrato social le da origen a la comunidad política. En el Estado de naturaleza los hombres son libres e iguales; las diferencias se ahondan con el desarrollo social, dando lugar a que unos hombres posean tierras y otros no, unos serán propietarios y otros no tendrán propiedad y deberán trabajar, no para sí mismos sino para otros hombres para poder comer y vivir. Los ricos, dice Rousseau, descubrirán el placer de explotar a otros hombres “y como lobos cebados con carne humana, ya no querrán otro  alimento.”

        

         El contrato social en Rousseau conduce a la fundación de la autoridad política, mediante el consentimiento. En la comunidad política hay dos instituciones fundamentales: a.-la Asamblea, formado por todos los ciudadanos, es el órgano supremo, encargado de dictar las leyes, y b.- el gobierno, órgano secundario, formado por pocas personas, encargado de ejecutar lo que la Asamblea dispone. Pero la representación, que en Locke es muy clara, en Rousseau no se da. Todos los ciudadanos se reunen en la Asamblea. La voluntad es algo que no se puede representar; no se trata de una democracia representativa sino de una democracia directa; la voluntad es la voluntad de la Asamblea, no es una voluntad individual, es una voluntad general.

        

         La fuerza para ejecutar la voluntad general está en el Poder Ejecutivo o Gobierno. Este se establece como una cuestión práctica; pocos son los que ejecutan las leyes  que son dictadas por la Asamblea. Por eso, para Rousseau, la única forma legítima de Estado es el Estado democrático. El Gobierno o Poder Ejecutivo no es democrático, es aristocrático.

        

         Un concepto de gran valor en Rousseau es el de soberanía popular, según el cual el poder que tiene el Estado de imponer dominio dentro en su territorio y en relación con los otros Estados (soberanía), reside en el pueblo, no en una persona, o en pocas personas, o en el monarca.

 

7. España y el Despotismo Ilustrado

 

         En aquellos países donde el capitalismo avanzó lentamente, como en el caso de España, la burguesía no contó con suficiente poder como para impulsar una revolución y llegar al poder. Mientras que en Francia estalló la revolución burguesa en la segunda parte del siglo XVIII, España continuaba en ese tiempo regida aún, no totalmente  como es obvio, por instituciones feudales muy arraigadas, asunto que frenaba el desarrollo de la relaciones capitalistas de producción y el fortalecimiento de la burguesía local.

        

         Esto es real en la medida que las transformaciones económicas y políticas del siglo XVIII no alcanzaron a todos los países europeos. España quedó casi al margen de esa gran corriente, estancada en su tradicional forma de producción y sus correspondientes relaciones sociales, derivadas de la permanencia de instituciones feudales muy arraigadas. Esto se nota en el dominio o posesión de la tierra, que impedía, tanto la introducción de nuevas técnicas de producción como la formación de un campesinado medio y de una burguesía industrial.

        

         Pensadores como Feijóo denunciaban el atraso de España y el desdén que sentían muchos españoles por el trabajo manual y la ciencia. El cura Feijóo criticó constantemente el absolutismo y, desde este punto de vista, es un auténtico espíritu del siglo XVIII. Se oponía al absolutismo y criticaba duramente a la nobleza.

        

         Durante la segunda mitad del siglo XVIII surgió en España una generación de ilustres pensadores, escritores y ensayistas, nutridos de las ideas del siglo de las luces. Ellos no solamente hicieron un análisis de la sociedad española, sino que propusieron reformarla. Entre las más destacadas figuras citamos a Campomanes y a Jovellanos.     

        

         Los espíritus más adelantados de la Ilustración española servían altos cargos en la administración. De ahí que, desde el gobierno, propusiesen reformas para lograr el progreso de su nación y, además, consideraban conveniente para España que existiese una minoría ilustrada que propusiese  los cambios necesarios para hacer avanzar la sociedad española. Pero tales propuestas se le hacían al rey, el pueblo no debía conocer de las mismas. Por tal motivo, los ilustrados españoles defendían la existencia de la monarquía autoritaria, o sea, la autoridad real, cosa que parece contradictoria con sus ansias de libertad. La figura más notable de este movimiento contradictorio que exalta la soberanía regia fue Campomanes. “Nadie como Campomanes llevó adelante su idea y empresa de acerar y afinar el poder omnímodo del monarca como instrumento de la reforma. De esta manera la reforma se va a hacer desde arriba, con el monarca a la cabeza. Por eso se le llama Despotismo Ilustrado” (Cátedra de Historia de las Instituciones de Costa Rica, 1972: 25).

        

         En España, entonces, las ideas de la Ilustración y, específicamente del liberalismo, llegaron paulatinamente, lo que dio lugar a un cambio “de  arriba hacia abajo”, con el monarca a la cabeza. La expresión “todo para el pueblo pero sin el pueblo” evidencia que las reformas fueron eso, reformas, y que las luces procedían de un grupo que se hallaba alrededor del rey. Sin embargo, las ideas liberales   penetraron poco a poco en España. La nobleza tuvo que ceder. En l808 los franceses, con Napoleón,  invaden España y esta acción hace que el pueblo español forme juntas (movimiento juntista) para luchar, en nombre del rey destronado, Fernando VII. El movimiento juntista provoca la convocatoria a Cortes; en ellas hay diputados de España y de sus colonias en América. El diputado a Cortes por Costa Rica fue el Presbítero Florencio del Castillo, quien tuvo allí una notable participación.

        

         En l8l2 las Cortes, reunidas en Cádiz emiten la primera Constitución Política que iba a regir en España y en América.  La monarquía constitucional sustituía a la monarquía autoritaria. La Carta Fundamental tenía un carácter liberal, pero fue invalidada por Fernando VII al volver éste a España en l8l4. Sin embargo, un movimiento encabezado por Rafael de Riego hizo que la Constitución de Cádiz volviese a tener vigencia a partir de l820. Su influencia liberal, en cuanto a la libertad de imprenta, la educación, los gobiernos locales o ayuntamientos, etc, fue un factor importante en los movimientos de independencia de las colonias españolas en América.

 

         Así, la celebración de las Cortes de Cádiz y la elaboración de la Constitución de 1.812, “van a producir en la evolución política interna de las colonias, el fenómeno de aceleración del movimiento independista, así como la formación de una conciencia latinoamericana o hispanoamericana común, frente al mundo exterior, y el fortalecimiento de lo nacional, de la noción de la patria, en cada una de las provincias de Ultramar” (Volio, 1980: 67).

        

         Como dijimos, la Constitución de Cádiz tuvo influencia de la Revolución Francesa, aunque no es copia de la Carta de 1791. Así mismo, no existe en la Constitución española de 1812 una “Declaración” expresa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, al modo de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Tampoco contiene la constitución gaditana un capítulo o sección, destinados, exclusivamente,  a consagrar o regular los derechos y libertades esenciales del hombre. Estos, por el contrario, se encuentran diseminados en diversos capítulos del texto constitucional. Los constituyentes gaditanos reconocen la existencia de dos grandes grupos de derechos del individuo: los derechos naturales (llamados por ellos “libertad civil”) y los derechos propiamente políticos. Y estipulan que los derechos del hombre son sagrados (inherentes, inalienables e imprescriptibles), y son universales. Los derechos del ciudadano o derechos políticos se refieren a la fórmula del poder elegir y ser electos. Los derechos políticos son, por excelencia, los derechos del ciudadano, según la fórmula que se usa en Cádiz (Volio, 1980: 72-76).

 

         La Constitución de 1812 (Constitución Gaditana) fue para España y para América Hispana. Estableció la igualdad entre peninsulares y criollos y, así , alentó los movimientos de independencia de las colonias españolas en América. La Carta de 1812 establecía no solo la igualdad entre peninsulares y criollos, sino, también, la libertad de imprenta, la necesidad del progreso por medio de la educación (ideas de la Ilustración), las ideas liberales en el campo económico, y la necesidad de fundar cabildos o ayuntamientos, y Diputaciones Provinciales, que tendrían un papel muy importante en el proceso de independencia y, en el caso de los cabildos, en el posterior proceso de formación de los nuevos estados en América Latina.

        

         A la par del avance de las instituciones políticas con la Constitución de l8l2, las ideas liberales en el campo económico penetraban en España y en América.

 

El Pacto Social, Fundamental, Interino de Costa Rica o Pacto de Concordia (de 1º de diciembre de 1821) es  una prolongación, hacia Costa Rica, de la Constitución de Cádiz. Allí se encuentra  el nacimiento de nuestro desarrollo constitucional.

 

 

                                          CONCLUSIONES

 

 

 1.- La expansión de la Europa occidental en general y, en particular, de España y Portugal, a partir del siglo XV, obedeció a diversos factores, como los siguientes: la búsqueda y dominio de nuevas rutas comerciales; las crisis económicas internas y fuertes intereses económicos, bajo la égida del nuevo Estado y en beneficio, también, del interés  particular; el desarrollo de las fuerzas productivas, con el consecuente  progreso técnico y de la navegación; el interés evangelizador, pretexto, muchas veces, del saqueo de los recursos americanos y de la explotación del indio.

2.- La búsqueda de nuevas rutas hacia las tierras de la especiería (en Oriente) y la “revolución” comercial que se desarrolló a partir, sobre todo, del siglo XV hicieron que el eje del comercio virara del Mediterráneo  hacia el Atlántico.

3.- El nacimiento  del Estado moderno y el expansionismo europeo dieron lugar al nacimiento de una ideología racionalizadora del régimen político (absolutismo monárquico) en la Europa occidental, y a la desestructuración de las sociedades indígenas por parte de los invasores, respectivamente.

4.- La unificación española (fines del siglo XV) contribuyó a la expansión de España y al traslado del espíritu de reconquista, en el sometimiento y colonización de América.

5.- La conquista y colonización de América se caracterizaron por un insaciable lucro, lo cual fue avalado por la Iglesia de Roma, en su “afán” de salvar almas: ¿vinculación interés económico-religión (Renacimiento-espíritu medieval), en la aparente contradicción que representa Colón?

6.- Inicialmente el Estado (moderno) estableció una relación simbiótica con las empresas (capitalistas), en la pugna que se dio, en el período moderno, entre capitalismo y feudalismo. El Estado intervenía y apoyaba la empresa económica (privada y depredadora), a la vez que se beneficiaba con los recursos que ésta le proveía. En el período de la revolución comercial, la doctrina económica que justifica esa relación económica es el mercantilismo, cuyos pilares básicos son la intervención y protección del Estado (proteccionismo), el interés nacional, una balanza comercial favorable, la función de los metales preciosos como medio de pago, y el colonialismo, absorvente y saqueador, conductor directo hacia la dependencia y el subdesarrollo de la América Latina.

7.- Tras la conquista se implantaron en América instituciones económicas, sociales, religiosas, política y, en general, culturales, que se enderezaron contra los intereses vernáculos (desestructuración económica, política, social e ideológica), o sea, en detrimento de las sociedades indígenas y favorables a la máquina económica de los invasores.

8.- El desarrollo de las relaciones capitalistas de producción en la Europa del oeste condujeron a las revoluciones burguesas, que darían lugar a la construcción del camino capitalista y burgués hasta el dominio del poder político. Esas revoluciones, primero en Inglaterra (siglo XVII), luego en Francia (siglo XVIII), etc, fueron racionalizadas por medio de la ideología liberal, ubicada dentro del gran movimiento de la Ilustración, ideología que algunos dividen en dos corrientes:  a.- el liberalismo económico, doctrina que propone que el Estado no tiene por que intervenir en la cuestión  económica, que deben privar  las leyes de mercado, de la libre empresa capitalista (“la mano invisible” de la economía). En esos “momentos”, el capitalismo había alcanzado un gran desarrollo, por lo que los capitalistas abogaban por un Estado que les cuidara sus medios de producción (“dejad hacer, ¿explotar?, dejad pasar); b.- el liberalismo político, base ideológica de la democracia liberal o democracia liberal burguesa, con su defensa a los derechos y libertades individuales, el constitucionalismo, las monarquías constitucionales, los derechos políticos, el régimen republicano).

9.- La influencia de las ideas liberales, procedentes de las revoluciones burguesas (Inglaterra, Francia), de la independencia de los  Estados Unidos), del Despotismo Ilustrado español y de las Cortes y Constitución de Cádiz, de 1812, se dio en América. Esa ideología contribuiría a la independencia americana y sobre ella se orientarían los nacientes estados y sus estructuras capitalistas.

10.- En el largo proceso histórico del llamado período moderno (siglos XV al XVIII) la Europa occidental se vio sometida al impacto del oro saqueado de América, y fueron los metales preciosos puntal de la acumulación originaria o primitiva de capital, y productores de efectos económicos importantes, como la inflación. Así mismo, en ese período se dieron, en Europa,  mermas en la producción agrícola, hambrunas, un gran desarrollo del capitalismo y de sus mecanismos económicos y financieros  (bancos, cheques, bolsa de valores, modernización del sistema financiera  nacional e internacional, etc). Toda esa modernización, bancaria y financiera, sería la base de la instituciones económicas de las excolonias americanas, principalmente para trasladar sus riquezas hacia allá, en el neocolonialismo. A raíz de la independencia económica, se dio una ruptura del “pacto colonial”, fue creado una nueva división internacional  del trabajo, un nuevo orden económico mundial.

 

 

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         Costa Rica en las Cortes de Cádiz. San José, Editorial Juricentro, 1980. bb

 


[1] El profesor Jaime Murillo fue un destacado docente de la cátedra de Historia de las Instituciones.  Su muerte significó un duro golpe para todos sus compañeros.  Este artículo juntó con DEPORTE, RECREACION Y RELACIONES SOCIALES EN LA COMUNIDAD DE SAN JOAQUIN DE FLORES (1928-1994): EL CASO DEL “CLUB SPORT FLOREÑO fueron rescatados por el Dr. Guillermo Carvajal, el cual nos lo entregó a nuestra revista digital.  Por otra parte, el disquete fue milagrosamente recuperado por nuestro colega Tobías Meza.  Sirva este artículo como tributo a un docente e investigador que contribuyó al desarrollo de la historiografía nacional.

3 comentarios

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