¿Por qué las mujeres hondureñas queremos una nueva Constituyente?

 

Anarella Vélez Osejo

La primera Asamblea Nacional Constituyente de la historia de nuestro región data de 1824. El 5 de mayo del año antes señalado, se decretó que las provincias centroamericanas debían convocar a sus respectivos Congresos para emitir la Constitución de la República Federal de Centro América. En ella podía leerse en su preámbulo: “Congregados en Asamblea Nacional Constituyente, nosotros , los Representantes del Pueblo de Centro América cumpliendo con sus deseos y en uso de sus soberanos derechos, Decretamos la siguiente Constitución para promover su felicidad: sostenerla en el mayor goce posible de sus facultades: Afianzar los derechos del hombre y del ciudadano sobre los principios inalterables de igualdad, seguridad, y propiedad: Establecer el orden público y formar una perfecta Federación”.

Como es evidente, aquí se menciona a los hombres y se desconoce a las mujeres ya que para entonces ellas no habían logrado que se reconociese su derecho a participar en la vida política de la nueva Federación, a pesar de su contribución en el proceso que puso fin a la colonia.

En 1825, tras una nueva constituyente, es jurada la primera Constitución del Estado de Honduras, el 11 de diciembre, en la Ciudad de Comayagua, en ella se reconocen  los derechos de “todo ciudadano, y principalmente los que ejercen jurisdicción” (ARTÍCULO 7), entiéndase por ejercer jurisdicción ser hombre, propietario y alfabetizado. La mujer no es mencionada en ninguno de sus artículos. Esta Constituyente estuvo conformada por 7 hombres y fue refrendada por Dionisio de Herrera y Francisco Morazán. Nuevamente las mujeres eran invisibilizadas.

En 1831 se llamó a una Constituyente que emitió un nuevo texto constitucional que no llegó a entrar en vigencia debido a que las guerras civiles lo impidieron.

Una vez derogada la Federación Centroamericana, 1838, se llama a una nueva Constituyente, que emite la Constitución Política del Estado de Honduras de 1839, la cual entraría en vigor el 11 de enero. La primera del Estado de Honduras. En ella no se mencionó ni una sola vez a las mujeres.

Tras una larga lucha, que data de fines del siglo XIX,  las mujeres hondureñas, finalmente logran que se les reconozca su derecho al sufragio, en 1955. Participan en el   proceso electoral de 1956 y salen electas,  por la primera vez en nuestra historia,  tres diputadas: Erlinda Landa Blanco de Bonilla, Carmen Meléndez de Cálix Oliva y Carmen Griffin de Lefevbre. Este gobierno, de Julio Lozano Díaz, fue derrocado por lo que sería el primer golpe de Estado militar de nuestra historia, y fue sustituido por un triunvirato militar de triste memoria.  Estos llamaron a elecciones de diputados a una Asamblea Nacional Constituyente en los primeros meses de 1957 a fin de  emitir un nuevo texto Constitucional y reorganizar los poderes del Estado.

Esta Asamblea fue presidida por Modesto Rodas Alvarado, quienes eligieron presidente Constitucional de la República al Ramón Villeda Morales. En la Constitución de 1957, que derogaba la de 1936, por primera vez se reconocen constitucionalmente los derechos políticos de las mujeres.

En Honduras se han elegido 16 Asambleas Nacionales Constituyentes y han emitido  16 constituciones. En ninguna de ellas se aborda los derechos de las mujeres tal como nosotras, mujeres del siglo XXI desearíamos. Ninguno de estos documentos llega a reconocernos como haría la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, redactada en 1789,  por Olimpe de Gouges,  para ser decretada por la Asamblea Nacional Francesa, que en su Artículo Primero se declara que “la mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos, las distinciones sociales solo pueden estar fundadas en la utilidad común”.

La décimo sexta Constitución de la República de Honduras, emitida por decreto No 131 de 11 de enero de 1982,  nos menciona en cuatro ocasiones: para reconocer nuestros derechos en el contexto de la familia y nuestros derechos laborales. Jamás se nos visibiliza explícitamente y mucho menos se reconocen nuestros derechos sexuales y reproductivos.

En el panorama político actual vemos  gentes que derrochan  todo y no consiguen que les  creamos; ricos tan pobres y burgueses tan vulgares  que la desconfianza que suscitan acaba por hacerlos groseros y les crea una actitud sospechosa.
De igual modo, vemos en el escenario muchas mujeres que inspiran nuestra  confianza. Iris Xiomara pertenece a esa estirpe de mujeres. Se le cree. No necesita ampararse en falsas cautelas, ni hacer ningún cálculo, nunca tiene el rostro preocupado, turbado ni ceñudo, podemos mirarla a los ojos y saber que no miente. Las mujeres tenemos la convicción de que con ella estaremos mejor representadas y que una nueva Constituyente nos reconocerá de una vez por todas.

Contacto: gloriaavelos@gmail.com

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