Marcos Carías Zapata, amigo y maestro.

abril 28, 2019 at 12:22 pm (Uncategorized)

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ANARELLA VÉLEZ


                             Hay un cúmulo de verdades esenciales

                                que caben en el ala de un colibrí.

                                                 José Martí

 

Marcos Caríaz Zapata (Tegucigalpa, 15 de noviembre de 1938-Teguccigalpa, 22 de diciembre de 2018) narrador e historiador, fue el hijo de Marcos Carías Reyes y de Tulita Zapata.  Cultivó, como su padre (quien se suicida el 24 de octubre de 1949,  cuando solo contaba con 44 años de edad y cuando Marcos  tenía 11 años),  el género narrativo. Sin duda alguna, el modelo de su progenitor pesó sobre él, ya que Marcos Carías Reyes fue un autor de vocación precoz, publicó su primera obra cuando tenía 19 años, en 1934. Fue parte de la generación del 35, también conocida como la generación de la dictadura debido a que publicaron su obra durante la gestión de Tiburcio Carías Andino.  MCZ se graduó en Filosofía e Historia de América en la Universidad Central de Madrid y comenzó a enseñar en la UNAH en el año de 1966.

Conocí a  Marcos Caríaz Zapata en 1975, cuando el ya había publicado su primer libro de cuentos. La ternura que esperaba, en 1970, editado por la UNAH. Así confirmaba su pasión por la  creación literaria. El particular carácter de Marcos, enigmático y discreto,  siempre me asombró agradablemente, recuerdo que expresaba su visión de los diferentes tópicos con humor mordaz y certero.

1975 fue mi primer año en la UNAH, y desde entonces fuimos  convocadas/os a su hermosa y memorable casa ubicada en el  Barrio del Olvido, aquellas/os que,  de algún modo, reflejábamos un mayor interés por la Historia. Ahí continuamos asistiendo  varias y varios estudiantes de la clase que impartía Mario Felipe Martínez, Historia de la Cultura. Una de estas ocasiones inolvidables fue la fiesta organizada por la historiadora Marielos Chaverri, su esposa y compañera: se trataba de darle un homenaje  al cantante nicaragüense Carlos Mejía Godoy. Asi recuerdo  su casa. Aquel hogar en el que era habitual encontrarse con Ramón Oquelí y su esposa Rina, con Guillermo Durón, Roberto Castillo, Ezequiel Padilla Ayestas, a los dirigentes estudiantiles  Carlos Galvez, Memo Matute, entre otros y otras, también ahí correteaban sus hijas e hijos: Marielos, Marcela, Marquitos, Gabriela y Juan Carlos.

La creación de la carrera de Historia en 1977 me hizo regresar de La Argentina, en donde había iniciado mis estudios de Historia en la Universidad de La Plata.  Marcos, como le llamábamos familiarmente, se volcó apasionadamente a la elaboración del Plan de la Carrera de Historia (junto a Laura Gálvez, Mario Felipe Martínez y Marielos Chaverri) y ahí  refleja su concepción de la misma, la cual  adopté como propia desde entonces.

La buena amistad con Marcos  se fortaleció y se profundizó cuando él se convirtió en mi profesor, por entonces era un sonriente y generoso educador de mediana edad, con él aprendí entre otras materias,  Historia Universal Antigua E Historia De América Contemporánea. Escucharlo fue siempre placentero, un discurso preparado con esmero que hacía que viéramos nuestro pasado con otros ojos. Pero, sobre todo, con el ejemplo de mi maestro aprendí a distinguir, proteger y fomentar en cada ser la dignidad de la persona humana y la trascendencia de ésta para la educación de la humanidad.

También fue mi legendario director del Taller De Investigación,  el cual se realizó en la ciudad de Yuscarán en el año de 1979, para obtener nuestro grado de bachilleres en Historia. Ahí se puso a prueba el carácter del maestro, la amistad bien entendida culminó con una organización memorable del taller, de tal modo que cada una/o de nosotras/os venciera los obstáculos propios de nuestro carácter de intelectuales jóvenes  y nos sintiéramos felices realizando nuestras tareas. Nos enseño a considerar las metas del grupo. De ésta generación recuerdo con mucho cariño a Perla Mozzi, Sidalia Batres, Onix Ferrera, Víctor Cruz y Ricardo Urquía.

Ese mismo año, de felices recuerdos para mí, Rigoberto Paredes y yo con convertimos en pareja,  de ahí en adelante asistí a varios encuentros entre ellos,todos fueron memorables y serán algún día objeto particular de mi escritura, pues la amistad entre el poeta y el narrador producía placenteros conversatorios.

Creo que Marcos Carías nos dio  siempre profundas lecciones,  tanto en el salón de la clase como en la calle. Nos enseñó con la actitud, el gesto, la palabra. Fue un fervoroso maestro y amigo, nos transmitió, a su modo, su pasión por la historia y el amor por la investigación y la búsqueda de respuestas.  Sus clases, inclusive sus consejos, reflejaban también su interés por inculcarnos generosamente y sin reservas, a partir de su conocimiento sus propias experiencias.

El maestro-amigo compartió con nosotras sus utopías, lograr un mundo mejor, una sociedad en la que de verdad funcionaran los principios de la ilustración, de libertad, de igualdad y de fraternidad. Así nos preparó para buscar por nosotros mismos el camino hacia una sociedad  justa y equilibrada. En los tiempos de la construcción de la Nicaragua Sandinista seguimos de cerca aquella revolución social, el esfuerzo por anular los estragos del somocismo,  nos fortaleció para siempre en contra del cansancio o el desaliento y a luchar contra todo tipo de dictadura.

1977 También fue el año en el que publicó la fascinante novela La memoria y sus consecuencias, bajo el sello editorial de Nuevo Continente, que dirigía la historiadora Leticia Silva de Oyuela, recuerdo que asistí a la presentación de esta obra que refleja por medio de la ficción su profundo conocimiento de la historia colonial de Honduras.

En 1980 fundan la Editorial Guaymuras los intelectuales hondureños Hernán Antonio Bermúdez, Roberto Castillo y Rigoberto Paredes, entre otros. Ellos sabían que la novela de Marcos estaba lista desde hacía un par de años en la Editorial Educa y no la publicaban, convencieron al director de Educa para editarla con el sello de Guaymuras. Imposible olvidar el entusiasmo que despertaba en todos ellos este suceso. Les permitiría poner en manos de los lectores la que consideraban la novela más significativa de nuestra tradición literaria. Esta novela confirmó a Marcos como el más importante narrador de nuestro país.

Recuerdo que leímos esta novela con mucha avidez y sobre todo con bastante concentración pues con su narrativa rompe con todos los esquemas de la escritura, ella carece de linealidad anecdótica lo que hace de esta novela la más enigmática y compleja de nuestra literatura. Experimentación, pluralidad de voces, diversos y ricos acontecimientos del país, humor y erotismo, todo se encuentra ahí, en nuestra Tegucigalpa narrada por Marcos. Esta es sin duda la novela más ambiciosa que se ha escrito en Honduras, tal como señala el crítico de literatura Hernán Bermúdez.

Ese año también publicaron bajo ese sello editorial su Antología de la obra de Ramón Rosa, este también se convirtió en un  suceso señero para la historia del pensamiento hondureño, labor a la que Marcos se dedicó con devoción y fue gratamente celebrado en nuestro ambiente.

 

La frontera entre el maestro y el amigo no existía. Nosotras disfrutábamos de sus conversaciones en las fiestas, como en su salón de clases, siempre su presencia convertía los espacios en un reino del conocimiento en el que nos impartía sus firmes convicciones acerca del sistema social y que desde su discurso cuestionaba por su falta de justicia, de igualdad. Marcos era muy consciente de que su paso por el ámbito de la pedagogía hondureña quedaría signado por su visión del universo y por su rico mundo interior. Al ser educador y artista sembró en nosotros su identificación con la  educación misma   y moldeó nuestra humanidad, sus conversaciones eran intensas y hermosas y el desarrollo de sus propuestas tienen hasta hoy total vigencia.

Tengo la convicción de que Marcos nos invitaba a seguirlo sin perder de vista que nos formaba para volar por nosotras mismas. Como amigo y como maestro nos enseñaba tanto la belleza como las miserias de la historia, sabía que el conocimiento nos llevaría a amar nuestro quehacer, que el oficio de historiar fuese amado por nosotras. Nos hizo ver el mundo y el pasado a través de citas exquisitas y eruditas, sus relatos en las clases nunca carecieron de movimiento y de arte.

Marcos  Carías Zapata, mi maestro y amigo,  en mas de una conversación trató el tema  particular de la educación pública y supo transmitirnos su apego por ella y por  el desarrollo de nuestros pueblos aún cuando le tocó vivir en los tiempos difíciles de la dictadura militar y los tiempos de feroz persecución de las ideas diferentes, humanistas y solidarias, él fue defensor de quienes lucharon por una sociedad  justa y libertaria, en su casa pernoctaron muchas y muchos dirigentes del movimiento social centroamericano de la década de los 80. Su pedagogía fue de acción y arte.

Como estudiante Debo reconocer que nuestra afinidad en los aspectos esenciales de la vida  facilitó el que yo fuese considerada con empatía ya que fui una discípula complicada,   cuestionaba permanentemente el origen, la evolución y el estado actual de los fenómenos, Marcos siempre nos respondió con respeto y hasta hoy aprecio su dedicación y esfuerzo para que nuestra formación fuera integral.

En los años más recientes Marcos,  visitaba a Rigoberto en Paradiso, de tarde en tarde llegaba a nuestra casa tras visitar las librerías del casco histórico, luego  pasaba a recogerlo fervorosamente, Katy, su esposa desde 1990.

La amistad de Marcos signó  nuestras vidas, nos cambió, a mí me volvió mejor ser humana, me ayudó a comprender la urgencia de renovar nuestro mundo. Por eso fue mi amigo y mi maestro, por eso me senté en su mesa y asistí a su hogar. Su memoria siempre será grata y su amistad ejemplar será inolvidable.

 

 

 

 

 

 

 

Obras

Novela

  • ”La memoria y sus consecuencias” (1977).
  • ”Una función con móviles y tentetiesos” (1980).

Cuento

  • ”La ternura que esperaba” (1970).
  • ”Nuevos cuentos de lobos” (1991).
  • ”Plaza mayor, circo menor” (1994).

Antologías

  • ”Ramón Rosa: obra escogida” (1980).

Ensayo

  • ”La Iglesia Católica en Honduras” (1991).
  • ”Crónicas y cronistas de la conquista de Honduras” (1998).
  • ”Vernon y james, Vidas paralelas” (1992).
  • “Vara de medir” (1999).

Premios

En honor a sus méritos literarios, la Escuela Nacional de Bellas Artes le concedió, en 1984, el Premio Itzamná. En 1993 la UNAH le entregó el premio José Trinidad Reyes por su obra publicada. También recibió el Premio Nacional de Literatura “Ramón Rosa” en 1996.

 

Trayectoria profesional

Desde 1970 a 1972 se desempeñó como secretario adjunto del Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA). En 1974 dirigió la Revista Aporte, que sólo alcanzó un número, dedicado a la escritora danlidense Lucila Gamero de Medina. Fue director del Centro de Estudios Generales y colaborador tanto de la Revista Tragaluz como del suplemento literario del diario Tiempo. Es miembro de la Academia Hondureña de la Lengua.

En 1991 formó parte del comité que celebró el primner centenario del nacimiento del gran polígrafo Rafael Heliodoro Valle. En 1999, dirigió la Revista Milenio.

 

 

 

 

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FRANCISCO MORAZÁN

abril 11, 2019 at 8:58 pm (Uncategorized)

Josefa Lastiri y Francisco Morazán por Rigoberto Andrés Paredes Vélez

 

 

FRANCISCO MORAZÁN

Anarella Vélez

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A la gente joven de mi matria

 

“Me llama la atención el hecho de que en nuestra sociedad el arte se haya convertido en algo que atañe a los objetos y no a la vida ni a los individuos. ¿Por qué una determinada lámpara o una casa pueden ser obras de arte y no puede serlo mi vida?”

Michel Foucault

 

Las figuras de la Historia Contemporánea de Centro América más gloriosas y poéticas, por su rebeldía simbolizada en la espada alzada contra el opresor son, sin duda alguna, las de Francisco Morazán y Josefa Lastiri, su compañera y esposa. Cuando conocí sus vidas las pensé como si se tratara, ni más ni menos,  de una obra de arte,  con la forma de un árbol que emite luz propia, que nos ilumina, nos abriga y nos da sombra, todo a la vez.

Francisco Morazán nació en las yermas tierras de Honduras el 3 de octubre de 1792, en la Villa de San Miguel de Tegucigalpa. Su vida está signada por el profuso entretejido histórico de su tiempo, en su existencia se enlazan las historias del mundo, de Latinoamérica y de la misma Honduras.

Morazán no pudo realizar estudios formales pues en la menesterosa villa de Tegucigalpa apenas se podía tomar las clases de Religión, Ciencia, Moral y Gramática Latina en el Convento de San Francisco. Ahí adquirió estos conocimientos aquel el niño extraordinario, y fueron suficientes para que en él anidara la sed de comprensión, la elemental educación que recibió fue el motor con el cual aprendió a medir, equilibrar y a llevar a la practica sus ideas.

Francisco fue un ambicioso y paciente lector,  su temprano aprendizaje del francés le permitió conocer por propio esfuerzo el pensamiento revolucionario ilustrado de la modernidad, abrevó sabiduría en la biblioteca de Dionisio de Herrera. Leyó apasionadamente a Rousseau, Voltaire, Montesquieu y los escritos militares de Napoleón. Estas lecturas le dotaron de una sólida cultura política y un amplio conocimiento de la Revolución Francesa, bases consistentes para transformarse en un férreo anticolonialista y en el faro que ha alumbrado nuestra historia.

Visionario político, extraordinario militar, brillante orador, Morazán hizo de la disciplina personal –con la que creció—un instrumento para forjar el temple que le condujo a dominar el panorama político y militar de la región por más de un decenio y le confirmó en el General demócrata y republicano que fue. Su pensamiento, coherente con sus acciones, le enfrentó con los sectores conservadores, quienes no abandonan el proyecto de volver a ser colonia de la monarquía española. Incansable, batalló fervientemente en contra de todo intento de volver a ser un estado dependiente de ninguna potencia extranjera. A la par se ganó el respeto, el aprecio, el reconocimiento y el apoyo de los sectores republicanos de la América Central. Combatió, a lo largo de su existencia, por mantener las provincias unidas de Centroamérica, sostuvo el proyecto de la República Federal de Centroamérica a pesar de las fuerzas más oscuras de su tiempo.

Amalgama de valentía y lucidez, Morazán inicia su carrera militar con la defensa de la ciudad de Comayagua en 1827 y La batalla de la Trinidad, 11 de noviembre de ese mismo año.  Irrumpe en el escenario político militar, derrota a los perros guardianes de la permanencia del pasado liderados por Manuel José Arce y desde entonces hasta el día de su sacrificio heroico, defiende con pasión el proyecto de unidad centroamericana. Por ello su nombre figura al lado de quienes forjaron las patrias-matrias libres de Nuestra América y asegura un lugar en nuestra historia  como par de José Martí, Simón Bolívar, Manuelita Sáenz y Dolores Bedoya de Molina.

Urge rescatar su nombre centelleante, asumir como ejemplo la memorable vida de Morazán, sentirlo como nuestro sagrado árbol de’ Ceiba, posesionarse de su vida-poema como un rayo de luz, revulsivo para vivificar nuestra historia contra el invasor e incitar a la lucha contra toda opresión y toda tiranía que profane la libertad de Nuestra América, de Nuestra Honduras.

 

 

Para Morazán

 

          bájate
descabalga esas alturas
dale historia y quehaceres a tu espada.

           Rigoberto Paredes

 

tu espada

latido del bosque

para armar

nuestras certezas

valles montañas cabalgas

a tu lado

Huitzilopochtli

el águila y Josefa

medida de tu vida son

y es verdad

cimentaste

nuestro camino hacia el futuro

patria-matria benigna

para anular opresiones

y obedecer para siempre

al dulce deseo

de libertad

ejemplar

nos legaste los hilos de la historia

Si avanzo sígueme,

si me detengo empújame,

si retrocedo mátame

el cascabel de tu voz

golpea las puertas de esta ciudad

tu rostro espiga dorada

tu sonrisa lluvia de agosto

tu mirada fuego invernal

tu espada

latido en los bosques

entre nosotros está.

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